PIB por dentro

Mucho hemos oído y hablado sobre PIB en los últimos días. Pero, ¿cuánto sabemos, más allá de los datos porcentuales y los gráficos que ilustran los resultados económicos al cierre de cada año? Con la colaboración de Mario Carbonell Hernández, director de la Delegación Territorial de la Cámara de Comercio, nos adentraremos en el tema.

El Producto Interno Bruto (PIB) expresa toda la producción de bienes y servicios generada por un país en un período determinado. Tiene carácter acumulativo, por lo que al finalizar cada año se calcula cuánto creció o decreció con respecto a la etapa anterior, y ese saldo se suma al patrimonio nacional existente.

Tres variables fundamentales inciden en su comportamiento: consumo, inversión y relación entre exportaciones e importaciones. De acuerdo con Carbonell Hernández «la más importante es la inversión, no para el PIB del año, sino a largo plazo, porque permite ampliar la riqueza destinada al consumo —ya sea productivo o improductivo— y a la exportación.

Según reseña el cuarto Informe Nacional sobre Desarrollo Humano elaborado en Cuba, varios economistas estiman que para alcanzar un alto crecimiento anual la tasa de inversión debería rondar entre el 25 y el 30 % del PIB. Sin embargo, Carbonell asegura que esta se ha mantenido en el 10 % durante los últimos tres decenios.

Para un país fuertemente bloqueado, sin acceso a créditos blandos que concedan largos períodos para amortizarlos y bajas tasas de interés, resulta determinante el capital extranjero como fuente de financiamiento, a pesar de los riesgos que entraña.

Entre los beneficios, el representante territorial de la Cámara de Comercio señala: el incremento de la riqueza destinada a las inversiones, el acceso a tecnologías modernas, formas de gestión distintas y nuevos mercados, así como el aumento de la calidad de productos y servicios.

En cuanto al saldo de Comercio Exterior, el experto aclara que «si exportamos más de lo que importamos, tenemos un superávit, pero esa riqueza entra a la economía como dinero y no como recurso. En cambio, si importamos más de lo que exportamos, entran recursos y se amplía el PIB. A veces un saldo negativo es una adición al PIB del país».

Esta afirmación no implica, en absoluto, una palmada en el hombro a la mentalidad importadora. Aunque Cuba no puede producir una gran variedad de los productos que consume, necesita exportar para ingresar divisas a la economía y sustituir todas las importaciones posibles para evitar la salida de sus recursos monetarios.

No pocas críticas ha recibido el PIB como indicador económico, en tanto prioriza aspectos cuantitativos, excluye parámetros sociales y de calidad de vida, desestima el trabajo no remunerado y la economía informal, y no refleja la distribución de las riquezas entre todos los seres humanos. Por ello, han surgido otros métodos, como el Índice de Desarrollo Humano, en el cual nos adentraremos en próximas entregas. 

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