Aficionado al deporte desde temprana edad

El lugar que ocupaba el deporte en la vida de Ernesto Guevara de la Serna quedó bien definido desde sus días infantiles.

El Comandante Ernesto Che Guevara juega en el torneo de ajedrez del Ministerio de Industrias.
La pasión del Che por el ajedrez lo llevó a organizar un torneo en el Ministerio de Industrias. (Foto: Tomada de Internet)
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El lugar que ocupaba el deporte en la vida de Ernesto Guevara de la Serna quedó bien definido el día en que sufrió un ataque de asma en un partido de rugby y sus padres trataron de persuadirlo para que se alejara de su práctica.

—Mira, Ernesto —le explicó el padre—, el doctor nos dijo que estuviste a punto del infarto, y que no solo no puedes seguir jugando al rugby, sino que tienes que olvidarte de los deportes en general.

Celia, la madre, también intentó convencerlo:

—Hijo, yo creo que por lo menos debes dejar por un tiempo los que requieran de mucho esfuerzo.

Pero ambos recibieron una contundente respuesta:

—Quiero decirles a los dos que solo dejaré de practicar deportes cuando me muera, porque si no lo hago, sí me voy a morir de verdad.

Resultados del Torneo Universitario de 1949, en el que participó el Che.
(Foto: Tomada de Internet)

De una manera u otra, como lo refleja el general de brigada William Gálvez Rodríguez en su libro: Che deportista, Ernesto incursionó en la mayoría de las disciplinas deportivas. 

Pero quien se convertiría con el paso del tiempo en el Comandante Ernesto Che Guevara sobresalió mayormente en natación, fútbol, rugby y, de manera muy especial, en el ajedrez.

Sobre su afición por la natación, su padre, Ernesto Guevara Lynch, señala en Mi hijo el Che que el chico le caía en gracia al campeón argentino de estilo mariposa, Carlos Espejo, quien le impartió lecciones de natación gratis.

El propio Guevara confesó que le «gustaba jugar ajedrez desde la edad de 11 años». A consecuencia del asma debía permanecer mucho tiempo en casa. Durante esos prolongados encierros motivados por su padecimiento, el padre enseña al niño Ernesto a practicar el juego ciencia, disciplina que no dejó de practicar hasta sus últimos días.

La celebración de la VIII Olimpiada en Buenos Aires, en 1939, con la participación de los ajedrecistas más importantes del planeta, liderados por José Raúl Capablanca y Alexander Alekhine, seguramente contribuyó aún más a su devoción por el reino de Caissa.

El pequeño Ernesto estuvo al tanto de lo que ocurría en el certamen bonaerense. Varios años después recordaría: «Las primeras noticias que tuve de la existencia de Cuba fue a través del gran ajedrecista José Raúl Capablanca, cuando el campeón cubano visitó la Argentina».

En 1946 la familia se trasladó hacia un departamento de la abuela paterna, Ana Isabel, ubicado en la capital argentina. Al año siguiente matricula Medicina en la Universidad de Buenos Aires y en 1948 participó en la I Olimpiada Universitaria, donde intervino en ajedrez y atletismo. En este último deporte se elevó sobre 2,80 metros en la competencia de salto con garrocha.

Posteriormente, en 1949, toma parte en la simultánea que ofrece el destacado Gran Maestro Miguel Najdorf en Mar del Plata y vuelve a intervenir en el Torneo Universitario, en el cual compitieron equipos de cuatro facultades: Medicina, Ingeniería, Farmacia y Bioquímica.

Se ha podido conocer el resultado de dos de las partidas jugadas por Ernesto, en una, defendiendo el séptimo tablero de Medicina, Guevara venció con piezas blancas a un rival llamado Arola, para contribuir al triunfo frente a Farmacia, seis a uno. En el otro cotejo, con negras, derrotó a un adversario de apellido Blázquez. En cuanto a sus cualidades como jugador de rugby y fútbol, su gran amigo Alberto Granado expresó:

«Yo puedo afirmar que si Ernesto se hubiera dedicado a jugar rugby o fútbol hubiese sido un excelente jugador o entrenador. Él era muy respetado por los contrarios. Por donde él estaba, ni la gente ni la pelota pasaba».

Contó su papá, Ernesto Guevara Lynch, que: «Estando en el Sierras Hotel de Alta Gracia, cuando mis hijos Roberto y Ernesto aún eran niños (ocho y once años) un íntimo amigo mío les preguntó a modo de broma: “¿A que no saben los nombres de los jugadores de Boca?”. Cuál no sería la sorpresa de mi amigo cuando los dos al unísono le fueron dando a toda velocidad los nombres de los once jugadores… Además podían dar de memoria los jugadores de River, de Racing, de Tigre y de la mayoría de los cuadros de Primera División. Y es que realmente el fútbol los apasionaba».

El Che presencia una partida del Torneo Capablanca in Memoriam.
El Che presencia una partida del Torneo Capablanca in Memoriam. (Foto: Tomada de Internet)

Cuando a los 23 años decide realizar el conocido recorrido junto a Alberto Granado por varios países de América, en Leticia, pequeño pueblo al sur de Colombia, le proponen trabajar como entrenadores del equipo de fútbol, el Independiente Sporting.

Celebran un campeonato en el que concluyen en el segundo lugar. Acerca de este acontecimiento Ernesto escribe a su madre en 1952: «Al principio pensábamos entrenar para no hacer papelones, pero como eran muy malos nos decidimos también a jugar, con el brillante resultado de que el equipo considerado más débil llegó al campeonato relámpago organizado, fue finalista y perdió el desempate con penales.

«Alberto estaba inspirado con su figura parecida en cierto modo a Pedernera y sus pases milimétricos, se ganó el apodo Pedernerita. Precisamente, y yo me atajé un penal que va a quedar para la historia de Leticia».

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