Che, por siempre en su ciudad más clara

Una crónica a los 20 años del regreso de los «guerrilleros huesos» a Santa Clara.

Desde Santa Clara, el Che sigue librando batallas por Cuba y América.
Desde 1958, el Che libra desde Santa Clara la gran batalla por el futuro de América. (Foto: Perfecto Romero)
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No ha vivido Santa Clara mayor silencio ni más grande solemnidad. Ni más dolor peregrino y alegre que el de la vuelta concluyente a su ciudad centrada, radial, con luz de estrella alta que lo puso aquí, hará dos décadas. 

Fila de pueblo para rendir tributo al Che en Santa Clara, octubre de 1997.
Osarios con los restos del Che y de compañeros de la guerrilla en Bolivia, durante homenaje en Santa Clara, en 1997.
Una fila de pueblo avanzó, incluso en la madrugada, para honrar al Guerrillero Heroico y sus compañeros, en la Sala Caturla de la Biblioteca Provincial Martí. (Fotos: Archivo de Vanguardia)

Regresó en octubre de otro siglo el héroe que la desfloró en un ya antaño diciembre de metralla, proyectiles, humo. Novio del amanecer, amante del alba, guerrero de la noche. Viento y nube bajados en agosto desde la Sierra rebelde. Paladín bruñido atravesando el llano rumbo al occidente. Voz y mando reconocidos, jefe de indiscutibles hazañas insurrectas. 

Hay quien dice que el Che le habla, que percibe su jadeo por las calles. Como en el poema de Cintio, «otra vez al fragor de la batalla / lleno de luz el pecho, grave el ojo / de gaucho que a la muerte pone a raya». Hay quien dice que le llora, pues «aunque llorar es de humanos, es su rifle el que suspira del «Oriente al altiplano», como el verso de Guillén. Hay quien dice que le canta. Y no es extraño que entone una zamba a Santa Clara, «con redoble libertario», como cantó Víctor Jara: «Selvas, pampas y montañas/ patria o muerte su destino». 

Ernesto Che Guevara durante la Batalla de Santa Clara, diciembre de 1958.
En diciembre de 1958, en Santa Clara, el guerrillero Ernesto Che Guevara y su columna rebelde libraron una batalla decisiva para sellar la libertad como destino definitivo de Cuba. (Foto: Perfecto Romero)

Destino guerrillero. Noticias preocupantes, contradictorias, dudosas. Circunstancias. ¿Una cicatriz en la mano, en el cuello, en  la pierna, en el rostro? Heridas de guerra. Fotos oscuras, borrosas. En una  camilla, de  cuerpo entero. Es el Che. Lo dijo Fidel. Lo musicalizó Silvio: «Se perdió el hombre de este siglo allí...» De mentiras lo incineraron. Para que no existieran dudas cercenaron sus manos. Le enterraron hondo para Guevara fantasma no saliera a recorrer el mundo. ¡Qué de miedos, caray! 

De Santa Clara, ya antes se había despedido por escrito, en ocasión de retirarse con destino al nuevo cargo que la Comandancia General del Ejército Rebelde le ordenara asumir en La Cabaña. Y lo hizo, «con el sentimiento de dejar un lugar querido y profundos afectos personales», invitando al pueblo «a mantener  el mismo espíritu revolucionario para que en la gigantesca tarea de la reconstrucción también fuera vanguardia y puntal de la Revolución». 

El Che en la Inpud de Santa Clara, 1964.

El Che en la tabaquería El Coloso, de Camajuaní.
El Che en la fábrica de calzado Dinamo, en Caibarién, 1963.
El Che en la inauguración de la fábrica de bujías, Sagua la Grande, 1964.
Y como ministro también luchó por trazar el camino para el desarrollo industrial del centro de Cuba. (Fotos: Archivo de Vanguardia, Cortesía de la Inpudy Archivo del periodista Luis Machado Ordetx)

Luego volvió. Volvió. Y volvió hasta aprendérsela de memoria, de amor, en los comienzos, caminándola junto con Aleida; o siguiéndole a otros con sus pasos largos, rápidos, de palabra que ejecuta el mando; o cortos, apresurados, de ministro que llega a inaugurarle fábricas. 

Y aquí lo tenemos. Desde hace 20 años definitivamente vuelto. No santo, no varón, no infante. No en el bronce y el mármol escultóricos. No en el silencio del nicho. Tal vez en las flores húmedas de rocío. En un himno. En una marcha inmanente de percusiones andinas adoquinadas en el Parque, tres veces asaltado; liberado, una, a finales del año luminoso que vendría. 

Desfile del Primero de Mayo en la Plaza Ernesto Che Guevara, de Santa Clara.
Y desde Santa Clara sigue vigilante, alerta. (Foto: Ramón Barreras Valdés) 

Entonces, aquí estás, Guevara americano; Guerrillero del hierro y de las balas. Fiel escolta de esta clara ciudad de muchos sitios, pregonero del valor, de los principios y el ejemplo. 

Es tiempo de trabajo, solidaridad y amor. Che, desde donde estés, vigila, alerta, critica, ¡cuídanos! 

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