Che Guevara, algunos recuerdos en la distancia

El ministro de Industrias recorrió en diferentes momentos zonas villareñas de extracción de sal y de exploración de petróleo.

Ernesto Che Guevara en recorrido por los cayos Fragoso y Francés.
El Ministro de Industrias durante un amplio recorrido por zonas de los cayos Francés y Fragoso, al norte de Caibarién, en análisis de prospecciones geológicas para localizar petróleo en esa región. (Cortesía: José Raúl Sordo Pérez)
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Una visión determinante, en apariencias intrascendente, dirigió el Che hacia el rescate de las reservas del subsuelo nacional y la búsqueda de metales de alto valor estratégico. El hecho lo convirtió en un explorador costero y de las entrañas de la tierra.

Son criterios que tiene antes de asumir en febrero de 1961 la orientación del Ministerio de Industrias, convertido en adelante en «gobierno, dirección, supervisión y ejecución de la política de desarrollo del país». Eso lo llevaría a recorridos constantes para conocer parajes no vistos en otras ocasiones, y trazar estrategias en la diversificación e independencia económicas.

En el programa Telemundo Pregunta —reporta Noticias de Hoy del jueves 30 de abril de 1959—, el Che advierte que «Cuba puede trabajar en el desarrollo de su industria minera y en el establecimiento de cierta industria pesada», y habló de reservas petroleras, explotadas por compañías privadas. Era el camino para examinar yacimientos, hacer prospecciones geológicas, y explotar con mayor intensidad nuestro oro negro, no refinado.

El ministro de Industrias en su presentación pública de la Unidad Popular, dice el rotativo Noticias de Hoy del domingo 30 de abril de 1961, sustentó la importancia de las labores de planificación, y llamó a «superar dos problemas en la minería: falta de conocimiento de nuestro territorio nacional y de técnicos». Es el concepto de perfeccionar «lo que hicimos el día anterior», como planteó en Che en una asamblea de portuarios habaneros.

En abril del siguiente año el Comandante Guevara recorre industrias villareñas y encamina sus pasos hasta la salinera 10 de Abril, en Rancho Veloz, y las minas de Motembo, en Corralillo. Un mes después, en reunión con estudiantes de la Facultad de Tecnología de la Universidad de La Habana, el ministro de Industrias resaltó que «[...] hay un plan de búsqueda de petróleo bastante ambicioso [...] Probablemente la zona rica está en el centro y norte de Cuba, digamos, pero se empieza a trabajar en ella a fines de año o principios del que viene, los técnicos soviéticos nos han comunicado que hay buenas posibilidades de conseguir petróleo».

En los cayos Fragoso y Francés, al norte de Caibarién, hacen estudios gravimétricos en zonas bajas y arenosas. El área, según los especialistas, tenía perspectivas productoras de petróleo en unos 50 000 km2 entre Oriente, Centro y Pinar del Río. Apuntan los especialistas: cuando salga el chorro hay petróleo, y de no ocurrir es solo posibilidades de perforación y estudios.

El sábado 17 de agosto de 1963 Vanguardia reportó que desde el miércoles anterior el Che inspecciona investigaciones petrolíferas en Cayo Francés, y aprecia los desbroces de manglares en Fragoso para facilitar las comunicaciones con Caibarién. El ministro de Industrias dialoga con técnicos cubanos y extranjeros, y lo acompaña el capitán Jesús Suárez Gayol, director del Instituto Cubano de Recursos Minerales. Ese día duermen en zonas de Francés en viviendas improvisadas para las prospecciones geológicas. 

Corralillo en la mira 

El colega Nicasio Vázquez González habla con satisfacción de aquel encuentro del Che con trabajadores de la nacionalizada Empresa Petrolera Saint Jonh, de procedencia norteamericana, ubicada en Motembo, y de la exposición que hizo Manuel Morales Bengoa de los historiales, planes de producción y estadísticas de gas y combustible. Comenta, incluso, del recorrido por Vesubio para apreciar faenas de extracción en pozos. Allí todavía quedan huellas del esplendor económico de la región, una de las más prósperas entonces.

A Vázquez González mostré con exactitud ―según Noticias de Hoy, la fechade la estancia del ministro de Industrias por esa zona. Ocurrió el jueves 12 de abril de 1962. El cronista de Corralillo es más puntual y desprendido, pues nos facilitó un documento ológrafo del economista Wilfredo Morales Ribot, trabajador de la salinera 10 de Abril, en Rancho Veloz, invitado especial del Che en un periplo por entidades homólogas en Bidos, Martí, así como en Sagua la Grande y una fábrica en construcción en Santa Clara.

Morales Ribot cuenta: «Me encontraba trabajando en las oficinas [...] en lo que fue la casa vivienda del señor Fernando de la Riva, propietario de esa industria [...] Serían alrededor de las 10 de la mañana cuando escuché voces procedentes de la cocina que anunciaban: “¡Ahí viene el Che!” Salí de la casa en compañía de Ángel Manuel Sosa, en esos momentos administrador del centro, y en efecto, de inmediato divisamos a un grupo de personas que venían procedentes de la planta de elaboración.

«El grupo llegó hasta el lugar donde nos encontrábamos y el Che saludó parcamente. Comenzamos a conversar a unos 20 metros de la casa, pero como el sol estaba bastante fuerte en esos momentos, Sosa propuso entrar a la oficina, a lo cual accedió el Che.

«[...] El ministro comenzó a hacernos preguntas sobre la salina: capacidad, producción, cantidad de trabajadores, productividad, tipos de sal [...] Pienso que se sintió complacido del dominio que tanto el administrador como yo demostramos tener de la actividad, lo cual nos manifestó sin sombra de halago alguno.

«Un rato más tarde el Che solicitó pasar al baño; le indicamos a los escoltas que se encontraba en el piso superior y estos acompañaron al ministro. Pasado ya suficiente tiempo sin que regresara a la oficina, vino un escolta, el entonces primer teniente Israel Reyes Zayas y nos informó que al Che le había causado admiración una cama de enormes proporciones que había en la planta alta y se había acostado a descansar un rato porque se sentía algo fatigado.

«Al poco tiempo bajaron y el Che nos solicitó que le acompañásemos en un recorrido por la instalación. A esa hora el sol realmente era insoportable y cuando ya habíamos caminado un buen rato, se abrió la camisa y después se la quitó; todo el tiempo estuvo preguntando sobre lo que le interesó del lugar. De pronto quiso indagar sobre el tamaño de la cama y fue el viejo Francisco Corzo, el único del grupo que había trabajado con el antiguo propietario, quien le contó sobre la costumbre que tenía este de llevar más de una mujer a la casona y dicha cama fue mudo testigo de aquellas orgías.

«Durante el recorrido [...] nos encontramos varios envases de puré de tomate vacíos y el Che le pidió al escolta Israel Reyes [...] que las colocara a unos 20 metros de distancia; sacó su pistola y comenzó a dispararles sin fallar un solo tiro. Las laticas volaban por el aire, lo que corroboraba la endiablada puntería.

«De la salina 10 de Abril nos invitó a que le acompañásemos hasta Bidos, ubicada hacia el Oeste [...], distante unos 50 kilómetros, donde hicimos un recorrido similar, primero por la sala de máquinas, mayor y más moderna [...] El Che dialogó bastante con los trabajadores, cosió sacos de sal y carretilló [...], y el Che me invitó a que lo acompañara en dicha faena.

Ernesto Che Guevara en la fábrica de sacos, en Santa Clara, 1963.
En la fábrica de sacos, en Santa Clara, el Che anota en agosto de 1963: «Yo nunca he podido escuchar tres opiniones coincidentes en una semana en relación con fibras duras, específicamente del kenaf», al vincularse con la baja productividad del trabajo. (Cortesía José Raúl Sordo Pérez).

«Ya en horas avanzadas de la tarde partimos hacia Sagua la Grande, donde cenamos y dormimos en la Casa de Visitas que tenía la Jucei en las afueras de esta ciudad [...] A la mañana siguiente [...] salimos con rumbo a la salina 9 de Abril de Isabela de Sagua, más pequeña que las dos anteriores [...]; el recorrido se limitó a las áreas de evaporación. Allí también el Che realizó sus habituales prácticas de tiro con su pistola y laticas colocadas por los escoltas [...] Sin embargo, pude comprobar el poco caso que hacía a aquellos que intentaban halagarle esta habilidad. Durante los tres días que estuve a su lado apenas le vi sonreír y sus conversaciones siempre fueron en voz baja.

«Al terminar el recorrido por la industria salinera quiso visitar el puerto de Isabela de Sagua, donde departió con un grupo de obreros, en su mayoría estibadores [...] Momentos después partíamos hacia la capital provincial.

«Ya en Santa Clara, el único lugar que visité en compañía del Comandante Ernesto Guevara fue la Inpud. En esta fábrica nos demoramos un buen rato pues el Che quiso pasar por todas las líneas de producción. Recuerdo que cuando ya habíamos caminado por las distintas áreas, el funcionario que le estaba mostrando la instalación, que por su autoridad debió ser el administrador o director, le preguntó: “¿Comandante, qué le parece nuestra fábrica?”. A lo que el Che, dejando pasmados a todos los presentes le respondió: “Me parece que este es el orgullo de nuestros errores”. Al igual que muchos de los testigos de aquel diálogo, no supe realmente lo que había querido expresar el Che; con el tiempo pude conocer que la Inpud era una planta totalmente artesanal y que la República de Checoslovaquia se la había vendido a Cuba porque era altamente costosa y a ellos no les convenía. Claro que si hoy el Che viviese, entonces sí podría sentirse orgulloso del enorme cambio positivo que ha dado aquella industria que él fundó y que sigue siendo insignia en el centro del país, muy cerca del lugar donde ahora reposan sus restos.

«Algo que nos puede dar una idea de la grandeza de este hombre me lo contó uno de sus escoltas, cuando caminaba a mi lado en uno de aquellos recorridos. Se refirió a la amistad que unía al Che con Israel Reyes y aprovechando esta coyuntura le pregunté que cómo era posible que con la trayectoria combativa de Israel, solo había alcanzado el grado militar de primer teniente. Me contó que el Che había fundado una escuela en La Sierra y después del triunfo, otra en la Cabaña, para propiciar la superación a sus oficiales y que Israel era remiso a asistir a aquellas clases por lo que el Che sentenció: “Si no te superas no pasarás de teniente”, y eso lo mantuvo, pese a los sobresalientes méritos acumulados por este fiel combatiente, quien le acompañó hasta sus últimos momentos.

«Cuando concluyó esta visita, el Che se despidió de nosotros, no sin antes agradecernos por nuestra compañía con un gesto amable. Me estrechó la mano y me dijo: “Joven, siga así que va por buen camino”. Fue la última vez que lo vi en persona».

Del imprescindible documento de Morales Ribot, objeté al colega Vázquez González que en el momento del periplo todavía la Inpud no estaba inaugurada, y casi seguro lo hicieron en Moldes, Troqueles y Dispositivos, aledaño a la planta que ya se montaba.

La apreciación de Morales Ribot se vincula con datos que dio el ministro de Industrias en 1963 a un grupo de estudiantes latinoamericanos, cuando indicó que: «Empezamos a adquirir fábricas, pero no pensamos que la materia prima para las mismas tendríamos que importarlas [...] Esos errores los hemos corregidos».

Algo similar, apuntó el Che, sucedió en la fábrica de bicicletas Heriberto Mederos, en Caibarién, y alertó que «[...] tiene un defectico, un defectazo casi [...]. El problema es que es una fábrica que se ha hecho, nosotros la hicimos sin darnos cuenta de la gran cantidad de piezas de importación que había que hacer por nuestra poca base técnica. Entonces hay que traer mucho material importado». El modelo Cantilever 126, aunque muy ligero y resistente, requería, importaciones de la catalina y cadena, así como pedales y otras piezas terminadas, por lo que solo se producía en Cuba el 57% del equipo rodante, incluyendo la terminación.

Extraña partida

Un humor frío, a veces seco y cortante, de raspapolvos, caracterizó al Che en el trato con algunas personas, dijo Manuel Romero Escribá, mecánico automotriz vinculado al Ministerio de Industrias en calidad de jefe de taller. Al abordarlo en Sierra Morena contó que el Comandante Guevara en ocasiones no «era entendido por todos en el manejo filoso de la ironía». Cuando pregunté el porqué de su afirmación, prefirió ilustrar con una anécdota.

—Todos los trabajadores y dirigentes del organismo realizábamos guardias obreras. Por lo general eran de cuatro horas, y hasta se extendían en más tiempo. La vigilia nocturna se dirigía a posiciones estratégicas del edificio de la Plaza de la Revolución, con cuatro salidas diferentes en el sótano oficial de parqueo.

«El Che, contra toda norma, le gustaba escabullirse a los choferes y escoltas, y tomada su Chevrolet Impala especial y salía a cualquier parte de La Habana. Nunca informaba a dónde iba.

«Una noche vi al Che cuando abordó su carro. Los de Seguridad Personal, al poco rato, comienzan a averiguar, y yo a indicar un rumbo aproximado. Cuando el Comandante regresó dijo en tono jaranero: “¡Usted es un poco chismoso!”. Entendí cual era la razón de la amonestación, y precisé: ¡No, no, Comandante!, me preguntaron y señalé para dónde usted cogió. Sin dudas siempre tuvo a las escoltas corriendo de un lado a otro.

—Romero Escribá, usted precisó con anterioridad otras historias. Recuerdo la del automóvil que reconstruyó, y también el obsequio que recibió, y hasta del viaje de ¿trabajo? a las áreas forestales de la Península de Guanahacabibes para reparar motores estacionarios.

—¡Sí!, en eso fui explícito.

—Bueno, aunque transcurrieron los años, seguro usted tiene otros recuerdo. Unos más agradables, y otros menos. Fueron cinco años en los cuales se desempeño como mecánico del Minind, y atendió los transportes de directivos y el empleado de manera particular por el Che en sus recorridos por el país.

El hombre se alisa el cabello canoso y tose de manera insistente, y hasta se escuda en las secuelas que dejó el mal hábito de fumador de tabaco. Insisto:

¿Qué lo obligó a usted abandonar su trabajo y vincularse a las guerrillas agrícolas organizadas en territorios habaneros?

El hombre entra en ánimo y cree que conozco con detalles la anécdota. Nada más alejado de la verdad, y es un simple comentario que proceso en información previa:

—Mire, el hecho es sencillo, y tiene poca divulgación, pero se vincula con el Che y su regreso en marzo de 1965 de una larga gira por países africanos. A los pocos días el ministro se desapareció de su oficina, y algunos compañeros creyeron, como dijo, que se fue a los campos de Camagüey a cortar caña, y otros que disfrutaba de vacaciones merecidas. Realmente eran simples comentarios que llegaban difusos.

«Era extraño en el Che. Al trabajo voluntario llevaba a todos, y de vacaciones nada porque no tenía tiempo para descansos. En el Ministerio existían tres núcleos del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba, previo a la constitución después del PCC. Con 21 años, yo era uno de los militantes de allí. Un compañero se puso a divulgar: “Otra vez el Che de gira al extranjero en momentos de observancia de las fábricas inauguradas antes”, algo así recuerdo como frase general. Hasta la prensa extranjera, usted sabrá, con el paso de los días y las semanas, hizo sus rumores, de manera tergiversada, de la existencia de pugnas en la dirección política del país.

«A los pocos días se apareció un funcionario del Partido para entrevistar, de forma individual, a todos los militantes. El carné fue retirado de inmediato y decidieron “congelar” el núcleo.

—¿Cómo «congelar»?

—Sí, esa fue la palabra exacta, y hasta se dijo, como medida extrema, que ocurría por vez primera en el país.

—¡Ah, sí!, ahora recuerdo la partida del Che al Congo en lucha anticolonialista. También lo infiero de la lectura de aquellas palabras de Fidel en el acto por el aniversario IV del Ministerio del Interior, cuando explicó: «[...] Dicen que el compañero Ernesto Guevara no aparece en público, que no estuvo el Primero de Mayo, que no estuvo en la semana que se cortó caña. Y están realmente muy intrigados. Versiones que si está aquí, que si está allá, que si hay pugnas, que si hay problemas [...] ¿Cuándo sabrá el pueblo del Comandante Guevara? Cuando el Comandante Guevara quiera [...]. Si pensamos que el Comandante Guevara siempre ha hecho y siempre hará cosas revolucionarias».

—Sin embargo, ¿cuál fue su respuesta?

— ¿Dónde?...

— En la entrevista.

—Imagínese era joven, y dije entonces que nada opinaría de la actitud de un dirigente, y menos del Comandante Guevara. Si partió al extranjero fue por un problema de convicción política, o de una necesidad urgente del país. Preguntaron que si estaba de acuerdo con la decisión del Che. Respondí que eso nada tenía que ver.

—Después, ¿qué ocurrió?...

— Expuse mi criterio. El Che hizo lo correcto y no era quién para cuestionarlo. Ahora, al paso del tiempo resultará una opinión lógica, o contemplativa, pero en aquel momento no lo fue. Decidí no militar en el Partido, pues en definitiva entraba en el círculo de militante «congelado», y partí del Minind hacia las guerrillas agrícolas, allá en zonas de Rancho Boyeros, en La Habana. Éramos unos 2000 voluntarios, y luego pasé a la Cubanitro, la fábrica de fertilizantes de Matanzas. Cuando regresé a la capital del país, nuevamente ofrecieron plaza en el taller de Industrias. 

«Fue cuando llegué a Sierra Morena, a formar una familia, y desde 1968, a pesar de algunas salidas reiteradas a Alamar, este es mi lugar de permanencia. A partir de entonces vivo atado a aquellos ejemplos que impregnó el Che en el trabajo diario, y en no descansar un instante, como cuando integramos los Batallones Rojos para aportar resultados diarios a la sociedad. Eso fue lo que enseñó el Guevara», dijo Romero Escribá al término de la conversación y dirigió la vista al área campestre en un reencuentro permanente con los sueños del Comandante. 

  • luismo

Gracias por la opinión amigo Dr. Omar Hernández Rivero. Trato de reconstruir la historia a partir del contraste de fuentes orales y documentales, y enorme satisfacción sentí cuando, desde Alamar, en La Habana, Francisco Romero Escribá llamó por teléfono y me dijo, «mira el documental y las imágenes que aparecen en "14 verbos de junio por Guevara», la canción de ahora en homenaje al Comandante», texto protagonizado por Karel García, Vicente Feliú y Pepé Ordaz junto a otros músicos. Le respondí al mecánico Romero Escribá: «lo he visto», y de inmediato afirmó: «En la imagen del trabajo voluntario en en puerto de La Habana, detrás del Che, ahí estoy yo cargando sacos de harina junto a otros funcionarios y obreros del Ministerio de Industrias, y no teníamos hora para acabar hasta que la tarea del día era cumplida». A eso acostumbró el Che, a predicar siempre con el ejemplo en todos los frentes.

  • omar Hernández rivero

Gracias Luis. Esto es historia viva.