El Che nos guía con su ejemplo

Diálogo con Aleida Guevara March, hija del Che, en el Mausoleo que contiene los restos de su padre en Santa Clara.

Aleida Guevara, hija del Che.
Aleida Guevara March. (Foto: Ramón Barreras).
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Aleidita, como todos los cubanos conocen a la hija mayor del Che, en su segundo matrimonio con la santaclareña Aleida March, heredó la sonrisa de su padre, la misma picardía en la mirada y la fina ironía al hablar.

Como su progenitor escogió la carrera de Medicina, y tal y como él hubiese deseado, Aliusha, como la llamaba, da muestras de un altruismo solidario que la ha convertido en embajadora de las ideas guevarianas por el mundo.

También acá en Cuba, pues ejerce su profesión de médica alergóloga en lugares intrincados de la geografía insular. Su más reciente estancia fue en el municipio espirituano de Fomento y antes estuvo en Río Cauto, lugar apartado en el oriente del país.

Mientras, para el próximo año, la doctora Guevara March tiene en proyecto trabajar un tiempo en Caimanera, la primera trinchera antiimperialista de Cuba, poblado situado al lado de la Base Naval de Guantánamo, un territorio de 117,6 kilómetros cuadrados, ocupado ilegalmente por el Gobierno de los Estados Unidos.

Aprovechando una corta estancia en Santa Clara, ciudad de sus ancestros maternos, pues acá nació su madre, y exactamente en el Memorial donde reposan los restos de su padre, la prensa villaclareña conversó con Aleidita, quien habló sobre el Che y lo que representa su ejemplo para el mundo, cuando se cumplen 50 años de su caída en Bolivia y 20 de la llegada de sus restos a esta ciudad.

La agradable interlocutora desgranó recuerdos sobre los orígenes del amor de sus padres, de su infancia y  de la influencia materna en la formación suya y la de sus hermanos. Sobre todo, enfatizó en el legado ideológico y moral del Guerrillero Heroico y  en la necesidad de profundizar en su pensamiento.

En la entrevista colectiva participaron los periodistas Gricelys Moreno, de TeleCubanacán, Bolivia Tamara Cruz, de Radio Progreso, y Dalia Reyes Perera y Enrique Moreno Gimeranez, de la emisora radial CMHW. Además, la colega de Vanguardia, Osmaira González Consuegra.

- ¿Se parecen los jóvenes de hoy, a los que soñó el Che?

-«No son un producto acabado. El Che aclaró que el hombre nuevo nunca sería un producto acabado, porque tenemos, en todo caso, que seguir perfeccionando a los jóvenes para que en un futuro puedan hacer una sociedad diferente. Entonces, son parte de ese proceso, son jóvenes en crecimiento que van marcando, por supuesto, una etapa, un momento histórico, y lo van demostrando con su vida».

-¿Cómo valora la relación tan especial que se establece entre los villaclareños y su padre?

-«Hace mucho tiempo recibí una carta de una joven, en la me decía: “Yo he vivido en varias partes de Cuba, pero ahora estoy viviendo en Santa Clara y nadie me va sacar de ahí porque están los restos de tu papa. Eternamente estaré yo también”. Una cosa muy linda, pues ni nos conocíamos ni nada, pero ella escribió sus sentimientos, lo que sentía. Si esa es la media, entonces es una ciudad donde el Che es parte de la familia».

-Se acerca el 8 octubre, y aunque usted era muy niña cuando su padre murió, tiene recuerdos de él. ¿Cómo cree hubiera envejecido el Che, si no hubiera muerto en Bolivia?

-«Es una pregunta muy difícil de contestar, porque si no hubiese muerto en Bolivia estuviera en la selva argentina, en el norte. Y si no hubiera muerto en esa selva, hoy Argentina no tendría un Macri, tendría un Che Guevara, y entonces sería muy diferente nuestra historia.

«Yo pienso que cumplió lo que siempre dijo, pues muy jovencito afirmó que cuando sintiera el olor de la pólvora y la sangre estaría al lado de los trabajadores, de los humildes, y así lo hizo. De alguna manera, el Che seguiría hoy al lado de nuestros pueblos. Participando, y llamándonos la atención. Rectificando nuestros errores».

(Foto: Ramón Barreras Valdés),

-¿Cómo vería al Che en este nuevo contexto para el mundo? ¿Cómo lo vería en la  lucha diaria de nuestro país?

-«Estaría presente siempre en los momentos más importantes para nuestro pueblo y, por supuesto, nos guiaría con su ejemplo, lo fundamental en él siempre. Su vida se basó en eso. Nunca le exigió a nadie algo que no fuera capaz de hacer él primero. Por eso, todavía hoy, a cincuenta años de su desaparición física, sigue siendo un modelo de revolucionario para muchos. Continúa mostrándonos el camino, quizás también porque todavía no hemos podido alcanzarlo, porque estamos en el camino».

-Somos hijos del Che, somos hijos de Fidel, afirmó Chávez acá en Santa Clara, en su Aló Presidente del 14 de octubre de 2007, cuando se conmemoraron 40 años de su asesinato en Bolivia. ¿Hasta qué punto las generaciones de hoy, y del mañana, seguiremos siendo hijos del Che? ¿Dónde está nuestra deuda?

-«Nuestra deuda es inmensa. Todavía él nos marca, nos reta, nos enseña a ser mejores seres humanos, pero debemos aprender más del Che. Ser capaces no solamente de leerlo, sino de practicarlo, eso es fundamental.

«Che hablaba, por ejemplo de la planificación como algo vivo en los obreros, y eso no lo hemos cumplido todavía. Muchas veces hacemos planificaciones desde arriba y se aprueban en la dirección de la fábrica, pero los obreros no la discuten de verdad, no la sienten como propia, y mientras no las sientan suya, no se sentirán dueños de lo que producen, no se sentirán propietarios, y sencillamente se nos van.

«Y esto lo debemos lograr, era lo que el Che deseaba: el obrero dueño de su máquina, de su fábrica, de su producción. Si no logramos sentir eso en nuestra gente, no avanzamos entonces lo suficiente».

-¿Hasta qué punto su madre, Aleida March de la Torre, influyó en ustedes para mantener viva la imagen del Che?

-«Si hoy nosotros somos hombres y mujeres socialmente útiles es porque ella se quedó con nosotros, estuvo a nuestro lado y nos forjó. Simplemente es eso. Nos enseñó a respetarlo, a admirarlo, y nos inculcó algo muy importante, que siempre digo, a pararnos firmemente sobre la tierra. A recibir muchas cosas que íbamos a recibir por ser hijos de un hombre que el pueblo ama, respeta, admira, pero a la misma vez nos dijo: dejen pasar todo aquello que ustedes no se hayan ganado como seres humanos.

«Y eso ha sido fantástico para todos nosotros. Somos simplemente hombres y mujeres del pueblo cubano».

-Santa Clara es una ciudad de muchos afectos para su familia, para el propio Che, pues ayudó a liberarla. ¿Qué significa para Aleida Guevara, esta ciudad y en específico este lugar donde reposan y se custodian los restos de tu padre?

-«Mira, yo soy una mujer sin creencia religiosa alguna. No creo más allá de la vida. Después de la muerte solo se puede llegar a través de la Historia y a través de tus hijos, que te sobreviven, pues de alguna manera, genéticamente, sigues viviendo un poco en ese sentido.

«Pero lo más importante, es lo dicho por una mujer argentina cuando recogió los restos de su hija desaparecida, que al fin la encontró, le dio sepultura y sobre su tumba puso una cosa muy hermosa: “Si yo muero, no llores por mí, haz lo que yo hacía y seguiré viviendo en ti” Eso es lo fundamental. Agradecer a estos hombres por todo lo que nos dieron y siguen dando. Tratar de hacer mejor la obra por ellos comenzaron.

«Entonces, yo no me fijo mucho en los lugares. Ahora he trabajado más en Fomento, que pertenece a Sancti Spíritus, y no a Villa Clara. Estuve en Río Cauto, Granma, también ejerciendo como alergóloga pediatra y para el año próximo, pienso irme para Caimanera, a trabajar con ellos unas semanitas. No puedo mucho más, pero bueno, hacer algo en ese sentido como profesional de la salud cubana. Eso es lo que importa, y vamos tratando de hacer en cada lugar.

«Más que Santa Clara, más que Villa Clara, es el Escambray. Allí se encontraron ellos, allí se enamoraron y comenzó, de alguna manera ese romance, hecho realidad después en La Cabaña, en La Habana. Pero aquí comenzó todo. Los primeros momentos, quizás, de lo que después sería mi vida. De alguna manera le estoy muy agradecida al Escambray, porque le debo la vida.

-Aleida, le vimos solicitar una flor y depositarla ante los restos de Tania, cuando recién se han cumplido 50 años de su muerte …

-«Realmente tenía que haberle puesto una flor a cada uno de los compañeros. Tania es la única mujer, y bueno, como mujer, traté de hacer algo en ese sentido. También le puse otra a Tavo Machín (Gustavo Machín Hoed de Beche), el abuelo de mis hijos, una cosa más íntima, más familiar.

«Pero en general debía hacerlo ante el nicho de todos. Realmente, al único de ellos que recuerdo de verdad, además de algunas cosas de mi papá, es a Coello, Tuma, (Carlos Coello, Tuma o Tumaine, escolta del Che). Con él, aprendí a bailar charlestón y twist. Me enseñaba esos movimientos, cuando yo era así de pequeñita. Es la única imagen mía de esos compañeros. No tengo otras, aunque los demás estuvieron relacionados con mi vida de una u otra manera.

-¿Conservas el león que te regaló tu papá?

-«Si, ¡claro! Está todo “entizao”, pero lo tengo. Hace mucho tiempo perdí el miedo a la oscuridad gracias al león del cuento de mi mamá, pues fue mi mamá quien me leyó el cuento. Ella le escribió a mi papá, y entonces él, me mandó de regalo al león.

-¿Has conversado alguna vez con tu padre? ¿Te queda algo por decirle?

-«No, no padezco de esos males. Yo hablo con los jóvenes y trato de traer a mi papá al presente. Aunque da mucho sentimiento cuando ves las fotos de ellos jóvenes, no solo de mi papá, también de Fidel, otro padre para mí. Verlos jóvenes, eso duele. Es la vida.»

-En el mundo entero se habla del Che, y por los 50 años de su muerte se van a reunir miles de personas del mundo, incluso en la Higuera, habrá no menos de 20 mil bolivianos y latinoamericanos, acá también en Santa Clara ¿Es esa una manera de multiplicarlo?

-«Mira, yo pienso que el Che, o el argentino, como a veces le decimos bromeando, ha roto fronteras. Cuando fui a la India, no esperaba ver ese amor por un hombre de una cultura tan diferente a la de ellos. He pasado, incluso hasta vergüenza. En el Líbano, por ejemplo, pueblos enteros han salido a la calle a recibirme solo porque soy la hija del Che, y en ese momento, uno dice ¿qué hago? y es como si quisieras encogerte. Es realmente penoso, pues, uno dice, si fuera mi papá, está bien, pero yo no. Esas cosas son bien difíciles.

«En Sudáfrica, nos recibieron a mi hermano y a mí, con un ejército popular marchando delante, y Camilo, que es mucho más grande que yo, casi que se escondía detrás de mí porque le daba una vergüenza extraordinaria. Eso no es normal para nosotros, pero son cosas muy hermosas, pues hablan del amor a un hombre, a una idea.

«José Martí decía que cuando un hombre reconoce las virtudes de otro es porque las lleva en sí mismo. Y eso es importantísimo, si hay tantos hombres en cualquier parte del planeta  reconociendo las virtudes del Che, es porque las llevan también ellos. Eso te da una esperanza extraordinaria. Imagínate a ese hombre multiplicado de verdad en muchos otros».

-Aleidita, ¿algún mensaje para el pueblo villaclareño?

-Trabajar mucho, y esto no es solo para Villa Clara. Tenemos un enemigo muy cerca y muy poderoso que una vez más ha demostrado lo que de verdad piensa. No es el barniz del presidente anterior, este vuelve a ser el crudo presidente estadounidense típico, reaccionario, pero todavía provoca más temor en el sentido de que no es predecible lo que pueda hacer ese señor.

«Nos corresponde trabajar más, mejorar nuestra economía para poder seguir viviendo, aunque sigamos bloqueados. Seguir luchando. Es nuestro derecho y nuestro deber intentar que todos entiendan la necesidad de unirse para lograr cambiar el mundo».

  • mariam

una entrevista muy bella , tal como dijo es sincera igual a su padre y el mejor homenaje que se le hace al Che es ser mejores cada día, hacer por está revolución que tantas cosas hace por su pueblo y de seguir adelante , con nuestro patriotismo, mantener está revolución que fue echa para los humildes y por los humildes