Después de tanta tempestad…

El artista de la plástica Leonardo Montiel, junto a los jóvenes de la AHS, donaron a la casa de la cultura el «mural del Che con restos de Irma». 

El Che de Isabela de Sagua
La figura del Che esbozada con mallas de pescar. (Foto: Cortesía del entrevistado).
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El Che de Isabela de Sagua. (Foto: Cortesía del entrevistado).

Después de tanta tempestad los isabelinos pidieron un Che. Y se les concedió un Che grande, sui generis, «un Che con restos de Irma». Eso cuentan los jóvenes de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), quienes decidieron «dejar un testimonio de aquellos días en la Isabela». Leonardo Montiel, autor principal de la obra, señala que «hicimos un internacionalismo nacional».

Sumar brazos fuertes a la construcción de viviendas y sosegar con arte la desdicha ajena fueron tareas de una de las expresiones humanitarias más hermosas que jamás haya llevado a cabo la asociación de jóvenes artistas.

«El mural es colectivo, porque participamos todos: los de la AHS y los niños de la comunidad», detalla Montiel. Cuenta, como reviviendo la experiencia, que uno de los niños utilizó su carriola para transportar los «materiales», que otro regaló la guitarra y uno más el payaso, y otros tantos la bota, el peluche, el caracol. Es una lástima no poder admirar la obra frente a frente. Ver la textura de los objetos carcomidos por las aguas, las fotos desteñidas, la estrella, la malla que define la figura guevariana.

—¿Por qué el Che?

—Porque lo pidió la comunidad. Nos lo pidió El Guajiro, uno de los isabelinos con quien hicimos mayor empatía. Nos dijo que antes que nos fuéramos le dejáramos una foto del Che. Queríamos representar una figura que se identificara con el pueblo… Y los niños también querían la imagen del Guerrillero. Teníamos otras propuestas, pero… uno se desprende de la obra personal, la esencia es que todo el mundo aporte.

—Se trata de un mural  diferente, con ¿residuos sólidos?

Pintura matérica, con «restos»de Irma. (Foto: Cortesía del entrevistado).

—Sí. Esa técnica se denomina pintura matérica. Utilizamos cualquier tipo de desechos sólidos en función de una instalación. El soporte del mural fueron tablas viejas que recogimos de los escombros… Le atribuye más vida a la obra. Es un Che matérico. Aquí hay todo tipo de desechos domésticos, que el agua arrastró de las casas: ollas, juntas, juguetes, discos, fotos, un pasaporte, hasta esa guitarra…

Leonardo Montiel aumenta la imagen para buscar, entre las redes, las fotos del niño y del payaso, y de «aquel caracol». Al parecer, los objetos que le han marcado. «Mira el rostro de ese niño—asegura— es muy expresivo».

No puede dejar de mirarlos. «Para mí, esos objetos dicen mucho de Fabá y Elizabeth, el payaso y la bruja de las noches». Cada objeto que los niños trajeron hablan por sí solos, más que suficiente. «De manera muy sutil, el mural tiene una forma muy gráfica de nosotros». 

(Foto: Cortesía del entrevistado).

—¿Cuál es la relación entre las elecciones de los objetos y el pueblo de Isabela?

—Desde el esbozo de la figura con las redes de pescar —y el caracol en el pelo— porque Isabela de Sagua es un pueblo de pescadores.

Es admirable visualizar cada detalle del mural por su significación infinita. Pero el pueblo de Isabela puede leer más profundo, porque son sus objetos, ahora recuerdos, ahora materia de arte, los que conforman la obra. Después de tanta tempestad… los isabelinos quisieron y tuvieron Che.