Cuatro hombres, un Che

Argentina, Cuba y Bolivia, tres países que marcaron la vida de Ernesto Guevara y que también forman parte de la historia de cuatro jóvenes.

Aníbal (extremo izquierdo) le pone ritmo a la murga argentina que animó la caminata de los universitarios Por la ruta del Che, el pasado jueves.
Aníbal (extremo izquierdo) le pone ritmo a la murga argentina que animó la caminata de los universitarios Por la ruta del Che, el pasado jueves. (Foto: Ramón Barreras Valdés).
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Guevara merece un texto huérfano de lugares comunes. Merece reinventar el idioma solo para él. Encontrar un vocablo que lo defina y en una sola acepción reunir la grandeza de un ser como no ha nacido otro en los últimos 50 años.

Hoy, en una ruta imaginaria sobre sus pasos, llega el Ernesto Guevara que se han construido cuatro jóvenes que quizás caminaron por las mismas calles que él. Una visión personalísima de un Che que ellos se han erigido y que lleva acento cubano, boliviano y argentino.

 «Lo conocí un poco más en Cuba»

Rubén Reinaldo se encuentra haciendo su especialidad de cardiología en Villa Clara. (Foto: Ramón Barreras Valdés).

Rubén Reinaldo Quenta Tarqui pronto será cardiólogo. Pasará parte de su tiempo analizando la regularidad de los latidos, inspeccionando a ese motor que inyecta la vida.

Hace 11 años que vive en Cuba. Llegó en 2006 desde la Ciudad de El Alto, la Paz, Bolivia, por una beca de la ELAM. También cumplió misión en Haití, junto a la salud pública cubana.

Ganó su carrera a base de esfuerzo, una carrera que en su país le hubiera costado unos cuantos miles.

De la isla caribeña sabía muy poco antes de venir.

«Solo datos geográficos: la ubicación, la capital, el sistema social, el presidente, el idioma. No conocía mucho sobre la temperatura, la alimentación, la diversidad de color de piel o que el sistema de salud y educación eran gratuitos».

«Al llegar, comprobé que era mentira lo que se decía por los medios de comunicación. Supuestamente aquí se explotaba mucho a los trabajadores, había discriminación y todo era costoso. Pero pude ver que cualquier persona, teniendo la capacidad, puede llegar a ser profesional. He sentido la humanidad y la solidaridad que no encuentro a veces en mi propio país. Noto mucha unidad en todos los ámbitos. No hay niños en las calles pidiendo limosna. No hay pandillas, hay seguridad. El sistema es más estable que en otros lugares».

Además de una Cuba diferente, la estancia de Rubén en esta tierra de personas humildes le llevó a redescubrir al guerrillero que murió en la selva boliviana.

«Mis padres siempre me han hablado del Che. Lo ven como una guía, como una luz. Sin embargo, lo conocí un poco más en Cuba. El Diario del Che en Bolivia fue el primer libro que nos regalaron, me gustó mucho y ha cambiado mi forma de pensar y actuar.

«En la parte oriental de Bolivia, es muy querido entre los más humildes. Hay familias que lo veneran con estatuas y fotografías, que homenajean su natalicio o fallecimiento, y transmiten de generación en generación esa especie de culto», explicó.

Rubén Reinaldo es un hombre de baja estatura. Habla con parsimonia. Entre las manos lleva un libro. En la carátula, la imagen de Guevara.

Dicen que un solo hombre no hace la diferencia, pero, a veces, se necesita solo a uno para cambiar un país.

«Cuando vuelva a Bolivia quiero fomentar en las nuevas generaciones latinoamericanas ese peligroso oficio de revolucionario moderno del que hablaba el Che».

«Nuestra meta como latinoamericanos y por demás estudiantes de medicina es, parafraseándolo, ser capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo, que es la cualidad más linda de un revolucionario», sentenció.

Quizás Rubén Reinaldo nunca haga carrera política, pero pondrá el estetoscopio en sus oídos. Pasará parte de su tiempo analizando las ondas del electrocardiograma. Quizás Rubén Reinaldo no tomará un arma en sus manos, como lo hizo el Che, pero también hay mucho de revolucionario en poner el conocimiento al servicio del pueblo y hacer que se mantenga vivo, latiendo, un corazón.

De Santa Clara a Santa Fe

Alejandro Castro: «la cuestión más importante que hay con el Che, ahora mismo, es la necesidad que tiene el proyecto social cubano de revisitar su figura». (Foto: Ramón Barreras Valdés).

Aunque poco tienen de santas, ambas ciudades, una cubana y otra argentina, tienen algo en común: al Che.

Así fue para Alejandro Castro, un profesor de la carrera de Letras de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas que estuvo por un tiempo estudiando en Argentina y pudo conocer la tierra que parió a uno de los hombres más importantes de la historia reciente.

«Fui a Argentina gracias a la apertura de un convenio de colaboración con la Universidad Nacional del Litoral, en la provincia de Santa Fe.

«La acogida fue muy buena—cuenta—. Quizá había mucho desconocimiento con respecto a Cuba, pero nunca una actitud insidiosa para cuestionar nuestro sistema político.

«En Argentina hay de todo. Personas de izquierda y de derecha, que tienen un enfoque mediano burgués, un poco más conservador y que en algunas ocasiones diferirían de los criterios que expresaba de mi país.

—¿Cuál es la imagen del Che que viste en los jóvenes argentinos?

—Muchos partidos de izquierda incluyen en su política seguir su legado, que significa, para hablar en el contexto argentino, conseguir, lograr, reclamar políticas públicas de bienestar social. Y de alguna manera eso lo pude ver reflejado en su accionar. Muchas veces tenían proyectos socio-comunitarios, no remunerados.

«En algunos de los momentos les comentaba: ustedes son de Santa Fe y yo de Santa Clara, y aunque creamos que son ciudades sin una conexión fuerte, nos une, esencialmente, la figura del Che.

«En la sociedad argentina, en general, no existe un vínculo con el Che tan estrecho como lo tenemos nosotros.

«Lo que pasa es que ellos lo entienden desde un nivel nacional, muy estrecho. Yo lo veo en una visión latinoamericanista, continental, mucho más amplia.

«Era allí cuando las personas me decían: “bueno en ese punto sí pudiéramos decir entonces que la figura del Che en la historia argentina tiene un peso, porque Argentina, como parte de un proceso continental, de alguna manera marca ese nexo.

—¿Qué imagen prefieres del Che?

—Su figura está bastante mercantilizada, con lo que estoy en total desacuerdo. En mi opinión, la cuestión más importante que hay con el Che, ahora mismo, es la necesidad que tiene el proyecto social cubano de revisitar su figura.

El pecho detrás del pulóver

Exequiel (a la izquierda) cuenta que en Argentina, un estudiante de pocos recursos puede tardar hasta 10 años en terminar la carrera de Medicina, por la necesidad de alternarla con un trabajo. (Foto: Leslie Díaz Monserrat).

Exequiel Baeza y Aníbal Jeremías son dos estudiantes argentinos de medicina. Les quedan solo unos meses en Cuba y en su estancia aprendieron a vivir con poco.

«Allá uno está acostumbrado a “pelotudeces”, —asegura Exequiel — que no son necesarias y cuando llegas a acá te das cuenta que puedes vivir bien sin ellas, uno se vuelve más austero, solidario, humilde y tolerante.

«Cuando llegas —continúa Aníbal— termina la idealización de esta isla caribeña con playas paradisíacas, Cuba es más que eso».

Ellos mismo dicen que los argentinos son un poco orgullosos, prepotentes, pedantes, contestatarios. Sin embargo, aquí encanta su acento, y quizás la empatía llega por los lazos tan fuertes que unen a los cubanos con un argentino especial: Ernesto Guevara de la Serna.

Aunque Aníbal explica que este respeto por el guerrillero no se profesa en su tierra natal.

«La imagen del Che generalmente no es muy bien vista. Se le ve como un guerrillero, como una persona que tenía un arma y salió a matar gente. Lamentablemente eso es lo que transmite la educación en nuestro país, pero la realidad no la enseñan. Durante los últimos años se ha tratado de reivindicar la figura del Che, pero su perfil en Argentina es más comercial que ideológico».

«Tanto aquí como allá, —replica Exequiel— se ha comercializado mucho su imagen últimamente. Es común su estampa en una remera (pulóver), pero muchas veces no hay un pecho tras esa prenda que represente o defienda las ideas guevarianas. Entonces es imagen, pero no ideología o sentido de pertenencia, es, simplemente, un suvenir».

Para Aníbal el Che es otra cosa. «Tiene que ver más con el humanismo, la honestidad. Su ideario me motiva a trabajar por una sociedad mejor, más justa. Yo milité políticamente en una organización que se llama la Juventud Guevarista y desde pequeño mis viejos me hablaron sobre él.

«El Che es parte de la historia cubana, argentina y mundial. En Argentina, debemos reivindicarlo y trabajar en fomentar el orgullo nacional porque nació en suelo argentino, por más que hayan líderes políticos actuales que estén en contra de sus ideas».

Pronto estos coterráneos de Ernesto regresarán a su Patria. Todavía consideran que Cuba tiene que seguir trabajando para alcanzar el proyecto de nación al que aspiraba el Che.

«Me llevaré a Argentina —confiesa Exequiel— una imagen real de la isla, sin las manipulaciones de izquierda o derecha. Mi país está dividido políticamente y no duda en “bajarse los pantalones” para quedar bien con naciones de mayor poder. Envidiamos sanamente esa fuerza, ese orgullo y la dignidad nacional de los cubanos. Sé que pasan dificultades, que se empeñan al máximo cada día para seguir adelante, que es un país muy atacado y que como se dice acá, tienen unos cojo… tremendos para seguir manteniendo el proceso revolucionario y sus conquistas».