Béisbol cubano, lenguaje al bate

En Cuba, es el béisbol el deporte que extrapola mayor número de frases a la variante cubana del español. Acércate al argot beisbolero con «Tengo la palabra».  

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De vez en cuando, la fiebre beisbolera rompe los termómetros en Cuba. Incluso yo, que sé tanto de pelota como de astronomía, salgo contagiada a tal punto que resuelvo dedicarle pensamiento al deporte nacional.

Ilustración de Martirena
(Ilustración: Martirena)

Tanto es así, que me parece justo comparar la vida del cubano con un gran juego de pelota, como de las Grandes Ligas; y afirmar que el argot beisbolero nos venga en sangre naturalmente, por supervivencia. Explico:

Si algún visitante «cae de fly» en casa, ¡a la hora de la comida!, se nos complica el inning en un abrir y cerrar de ojos, sobre todo por estos días en que el cubano promedio está «más atrás que el ampaya».

Si, por casualidad, conocemos el nimio detalle de que el susodicho es «cuarto bate», la familia completa se «cuadra en home». ¿Qué estrategia seguir cuando, de un momento a otro, sin previo aviso, están las «bases llenas»? Siempre hay alguien que se empeña en «dar curvas»: «¿Más agua a la sopa? Ni pensarlo».

Por su parte, es clásico que otro comensal «meta tremendas líneas» y esconda la comida en el refrigerador: «Aquí estamos a dieta». Mientras el juego en la cocina se pone «al duro y sin guante», el autoinvitado continúa la cháchara porque confía en que esa noche tampoco se «irá en blanco». «Esta vez sí partió el bate», comenta ofendido el menor de los hermanos. «Tres días consecutivos cayendo del cielo. Si no es un récord, es un buen average», agrega.

Julio, que está «arriba de la bola», se acomoda en el sofá para esperar que algún «bateador emergente» saque la cara por él. «Si la bola pica y se extiende, no habrá otro remedio que sumar un plato a la mesa», grita la cocinera de turno y vuelve a exponer los calderos. «No entiendo por qué nadie se atreve a cantarle out por regla». Sentencia que la culpa es de la Serie del Caribe, de los traguitos de alcohol y de los hombres, por convertir la casa en un estadio multitudinario.

A pesar de «estar en tres y dos», las mujeres, rabiosas, aceptan a Julio y este gana una victoria rotunda. Sin embargo, ni él ni los culpables de la pifi a probarán esta vez la panetela; como diría Mederos, mi vecino, imitando a un comentarista de la televisión nacional: «Y a esa... ¡olvídenla!».

Seguramente, casi todos hemos usado alguna vez el lenguaje «pelotero» para referirnos a situaciones de la vida cotidiana. Pero, ¿nos hemos puesto a pensar por qué es el béisbol y no otro deporte el que extrapola mayor número de frases a la variante cubana del español? Si eso sucede, es porque constituye el más grande espectáculo sociocultural de esta isla; sintetiza nuestra identidad y cubanía.

Y en tu barrio, centro laboral o educativo, ¿qué otros dicharachos del deporte nacional están de moda? En espera de respuestas, para alabar la lengua que hablamos los cubanos, nos despedimos. ¡Hasta aquí las clases! ¡Chirrín, chirrán!

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