Nostalgias de un Longina

Cada enero el Festival de Trovadores Longina llega a Santa Clara, y aunque este año la celebración no será como otras veces, en los trovadictos se despiertan las... nostalgias de siempre

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                                 «Es que soy un trovadicto en madrugada...»
 Yatsel Rodríguez

Si Santa Clara no tuviese el sello volcánico de sus trovadores, de sus hombres sagaces caminado la ciudad guitarra en mano. Si no hubiese en una que otra pared un verso descompuesto narrando la historia del ladrillo y una señora de nombre Longina no llorara sus amores al filo de estas calles, Santa Clara no tendría la vida cultural que ahora mismo uso para presumirla. 

Me pasó que cuando llegue a la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas me picó el bichito más popular de la ciudad. Desde aquel entonces, enferma de trovuntivitis y el resto de dolencias que eso conlleva, me han tocado largos años de tratamiento e ingreso obligatorio durante la semana a la que todos llaman Longina. 

Trovuntivitis en el Festival de Trovadores Longina canta a Corona.
(Foto: Melissa Maura Pérez)

El nombre se debe a la historia de amor de Longina O'Farril y el músico Manuel Corona, quien entregase sus versos a su musa «seductora cual flor primaveral».  Cuando el compositor caibarienense murió allá por los 50 en medio de olvidos y pobreza, no debió imaginar que su Longina se merecería durante tanto tiempo en los hilos de un festival que hoy toma su nombre para engrandecer la canción cubana.

Cada enero, llega la semana más esperada por trovadictos de toda Cuba. Y no importa si es en el suelo de un parque, en un café, en una esquina del Boulevard o en una sala teatro... la música se abre paso y absorbe todo a su alrededor.

Fue en Santa Clara y con Longina donde descubrí que la trova cubana era más que Silvio y Nicola, que aquellas letras tarareadas por mi madre eran la historia de su generación. Canté valientes versos, me enamoré aún más del Che y «a los que» lo  «utilizan como tema del sermón y hacen todo lo contrario» juré no permitirles  «más discursos en» su «honor ni que usen» su «retrato si van a predicar lo que no son».

Fue en Santa Clara y con Longina donde abracé a mis amigos con toda la fe del mundo consciente de que «nos estamos reponiendo de una guerra». Por primera vez alguien me explicó que las canciones más lindas tienen nombre de mujer y Ana, Gabriela, Caridad, María y Paula se sumaron a la cola de mi lista de reproducción. Fue allí donde todos los versos se apretujaron y su «encantada naturaleza» viralizó mi mundo, entendí aquello que dice Roly Berrío y ahora «solo salen de mí canciones». Por primera vez me enamoré de la cosa más sencilla del planeta, mientras un tal Ariel Barreiros que susurraba en el patio del Museo de Artes Decorativas, un año después, sin poder celebrar el Longina por culpa del coronavirus, sigue siendo «el guardavías de mi corazón».

Para los que como yo celebran el desvelo de una noche a capela, rimando con las palabras de siempre y la primera guitarra que aparezca. Para los que viajan y planifican su vida de tal forma que en enero puedan dejarse caer por la ciudad de Marta, para los pilongos de corazón, para los auténticos, para músicos y fanáticos, para los vivos, solo una ciudad en Cuba guarda el abrazo protector de la musa de Corona. ¡Gracias a Dios!

Se han publicado 2 comentarios

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  • Migue

    Muy buen trabajo, Dayana. Felicidades. Eso sí nes sentimiento. Trova

    • Dayana Darias

      Muchas gracias Migue!