Adela María Suárez: «No voy a dejar de pintar nunca»

La muestra personal Celebración de una trayectoria. Adela María Suárez en sus ochenta fue inaugurada en el Centro Provincial de Artes Visuales, en Santa Clara.

Adela María Suárez, pintora de Villa Clara.
Adela María Suárez. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
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Unos pocos meses antes de cumplir ochenta años, el Centro Provincial de Artes Visuales y otras instancias culturales, invitaron a Adela María Suárez a ocupar la Galería Provincial de Villa Clara como homenaje por su octogésimo cumpleaños. Entonces, Adela no quiso tomar los cuadros de las paredes de su hogar, ni los cuadros de las paredes de instituciones o los cuadros obsequiados, alguna vez, a sus amigos. Pidió unos meses para crear nuevas obras que se exponen, desde la noche de este jueves, en la ciudad de Santa Clara.

Así es que la muestra Celebración de una trayectoria. Adela María Suárez en sus ochenta reúne cerca de 60 obras generalmente originales, nunca antes exhibidas. La exposición también incluye 21 reproducciones de obras que, por diversos motivos, ya no existen o no están en manos de su creadora. 

Adela y Fidel

Luego de egresar de la Academia de Artes Plásticas de Las Villas «Leopoldo Romañach», en 1962, Adela siguió una convocatoria para trabajar como instructora de arte. «Después del curso preparatorio que recibí en La Habana —rememora la artista— me ubicaron en Cayo Ramona, en la Ciénaga de Zapata. Casualmente, un día, citaron a todos los instructores de las distintas especialidades para un encuentro con Fidel en Playa Larga. El Comandante quería celebrar un festival en la Ciénaga, el Primer Festival del Carbón. Ahí, con todo el entusiasmo que uno tiene a los veintipico años, lo conocí. Su intención era llevar un poco de felicidad y de cultura a la Ciénaga. Por eso yo digo que desde el primer momento de la Revolución, él pensó en llevar la alegría a todas partes de Cuba.

«Aquí —asegura la propia Adela— sigo la misma temática que he trabajado durante toda mi vida: me gusta el campo, me gusta la flora, la fauna, las aves. Mi forma se mantiene: hay mucho colorido».

—Adela, usted ha podido dedicarse por muchos años a las artes plásticas. Supongo que conoce muy bien el desarrollo de la pintura en Villa Clara, por lo menos en las últimas seis décadas. Ahora mismo, ¿usted cree que vivimos un buen momento?

—Por un lado hay muchos artistas jóvenes, hay muchos y muy buenos, con mucho talento. Podemos notarlo a través de la Asociación Hermanos Saíz, a través de las exposiciones que ocurren a menudo. El talento existe. Y ahora hay muchas más facilidades que en otros momentos.

«Por otra parte, hace poco celebramos el 70 aniversario de la Academia Provincial de Artes Plásticas, una escuela que contribuyó a la formación de muchos artistas, hoy reconocidos como figuras nacionales y provinciales. Hace siete décadas esa escuela empezó y funcionó con todas las de la ley. Pero ahora se integró a la enseñanza artística, dejó de ser un centro independiente. Y es verdad que hay que cambiar, pero tenemos que saber qué vamos a cambiar, por qué, para dónde».

—Cumplir ochenta años no significa que usted abandonará la pintura… ¿Será que acierto?

—Es muy difícil que yo abandone la pintura mientras tenga posibilidades en estas manos. No veo bien y, claro, a veces los dolores de la cervical no me permiten trabajar como antes. Sin embargo, ahora me demostré que sí puedo seguir. No… no voy a dejar de pintar nunca. Tiene que ser que no pueda físicamente, que las manos no se muevan o que la creatividad, la mente, me falle. Fíjate que, cuando veo una tela en blanco, enseguida empiezo a hacer algo. ¡Ah, bueno! Cuando eso se acabe entonces no sé cómo será. No te lo puedo decir.

—Usted tampoco ha renunciado nunca a su labor como maestra…

—No. Los alumnos siempre vienen y yo les doy mis criterios, los que puedo, claro. Independientemente de que conocemos la evolución de la plástica, hay muchos elementos sobre pintura moderna. Y yo mantengo la defensa de lo que aprendí, la defensa del arte que surgió en el siglo XIX, que es para mí la línea más cubana.

—Cuando usted mira todas sus obras expuestas, y mira interiormente hacia atrás, ¿se asume satisfecha?

—Sí. Me siento satisfecha en primer lugar conmigo misma. Y, por eso, agradezco a mucha gente que me ayudó a llegar hasta aquí. Desde el punto de vista personalísimo, espiritual, pienso en mi madre, que detectó enseguida mis aptitudes y me condujo por este camino. No creí que tuviera que decirlo, pero también dedico la exposición a Fidel, porque el desarrollo de la cultura de este país se debe a sus ideas, a sus proyectos, a su capacidad de pensar, como Martí, que hay que ser cultos para ser libres.

«Por otra parte, quiero demostrar que los artistas de la tercera edad, y de la cuarta y de la quinta, podemos crear».

—¿Y qué puede ver ahora? ¿Ha sido siempre la misma artista, en todos los tiempos?

—Yo no veo muchos cambios, ni en la forma ni en el contenido. Soy la misma. Pero, mejor, aprécialo tú.