La cultura tiene lugar y momento fijo, pero…

A raíz del reportaje publicado por Vanguardia, la dirección provincial de Cultura envió una carta aclaratoria sobre aspectos de la programación cultural en Villa Clara.

Obra Telémaco, del grupo de teatro Dripy, de Villa Clara.
Varios grupos de teatro «han roto relaciones» con los municipios, ante la morosidad de estos con el pago a los artistas. En la foto, la obra Telémaco, de Dripy, uno de los grupos afectados. (Foto: Yariel Valdés González/Archivo de Vanguardia)
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Si tuviéramos que establecer una valoración justa entre Villa Clara y otras regiones del país respecto a la programación cultural, nuestra provincia quedaría entre las más beneficiadas en cuanto a la cantidad de eventos y actividades diarias a las que asistir. Fama que se debe, en buena parte, a la variedad de las propuestas que llegan hasta su capital provincial. No en vano, muchos escritores y artistas que nos visitan opinan que Santa Clara resulta una ciudad privilegiada respecto a otras capitales, con públicos inteligentes y heterogéneos, capaces de valorar y disentir si la propuesta es lo suficientemente atractiva o carece de la calidad requerida.

El presupuesto asignado este año a la cultura villaclareña supera los 50 millones de pesos, lo que significa un incremento de unos 10 millones con respecto a etapas anteriores, además de la cuenta fondo, «situación que nos sitúa en un escenario mucho más favorable que en momentos precedentes», según plantea la carta presentada por la Dirección Provincial.

El número puede parecer magnánimo y suficiente para satisfacer los gustos de todo un sector poblacional; mas aún no logra cubrir las necesidades en muchos territorios alejados de los centros urbanos. Por esa razón, hay quienes defienden el criterio de que las cabeceras municipales son las más favorecidas respecto a otras zonas o poblados más intrincados.

Por otra parte, y según confirma la Dirección Provincial de Cultura, «no todos los municipios realizan una adecuada planificación y ejecución del mismo [presupuesto]». En este aspecto, podemos preguntarnos entonces: ¿quiénes son los encargados de diseñar las propuestas que llegan a cada localidad?

Con frecuencia mensual, los programadores y otros especialistas de las direcciones municipales se reúnen en un taller para elegir —según las posibilidades económicas asignadas— el talento artístico que «comprarán» para cada municipio. El diseño de la programación de cada lugar responde a la capacidad de ese equipo de trabajo y, claro está, de la cantidad de financiamiento con el que cuente, sin imposición alguna desde la dirección provincial. Son ellos y no otros los que deciden qué llega o qué no a cada una de las zonas.

Ocurre que, en muchos lugares, se prioriza la cantidad antes que la calidad de las presentaciones, para que las carteleras no parezcan deprimidas, ni breves los planes de trabajo mensuales. A veces, prevalece el talento local sobre las agrupaciones profesionales porque, a juicio de los decisores, estas últimas consumen mayor cantidad de presupuesto.

A pesar de que, según expresa el referido informe, «se ha mantenido de forma sistemática la orientación y capacitación sobre el tema, con el propósito de materializar cada una de las propuestas, proyectos y eventos concebidos durante todo el año», muchos de los encargados de pensar las actividades aún carecen  de la preparación requerida para evaluar correctamente y deliberar en nombre de todo un pueblo. ¿Qué hacen entonces con el estudio sociocultural que supuestamente tiene cada territorio?

La Dirección Provincial de Cultura reconoce que persisten otras dificultades. Preocupa, por ejemplo, que los gobiernos municipales y otros organismos o entidades estatales organizan presentaciones de exponentes del reggaetón de moda y otros grupos que no constituyen referentes de la cultura nacional, y lo hacen sin el consenso de las instituciones encargadas de su aprobación.

Se han dado casos en que los altos decibeles de cierta «fiesta alternativa» han atentado contra la calidad de un concierto programado previamente dentro de un centro cultural aledaño. Muchas veces, los directores municipales no han podido impedir la realización de estas, o se han enterado de ellas en el justo momento en que echan a andar.

Si existe un divorcio entre los diferentes departamentos de programación y las entidades gubernamentales, entonces también fallará la implementación de la política cultural.

La asistencia de público a las peñas o espectáculos constituye otra de las preocupaciones latientes de la mayoría de los artistas villaclareños. Gran parte del tiempo, deben ocuparse ellos mismos de la divulgación de sus espacios. Cierto que en muchos sitios, como en Camajuaní, no existen emisoras locales de radio o televisión para divulgar las actividades, pero nada justifica que los encargados de transmitir la información al pueblo se conformen con colocarla en una cartelera deslucida, en la puerta de la institución. De nada vale invertir parte del presupuesto en una agrupación, músico o escritor si asisten poquísimas personas al encuentro, porque la mayoría «no se enteró».

La realidad demuestra que muchos promotores desconocen las características de la zona que atienden, sus inclinaciones o aptitudes. Incluso, algunos son incapaces de hablar con criterio sobre los artistas programados en dichos territorios.

En el reportaje La cultura no tiene momento fijo. ¿Y lugar?, publicado en la edición del 13 de mayo, varias personas de Sagua la Grande y Ranchuelo se mostraban insatisfechas con la cantidad y la calidad de las actividades que allí se realizaban. Sin embargo, en los últimos meses y de acuerdo con la información ofrecida por la Dirección Provincial de Cultura, «se ha diseñado una programación diversa, en la que inciden todas las manifestaciones artísticas y literarias, tomando  en consideración el diagnóstico socio cultural, pero sobre todo con la intención de contribuir a la formación de los valores y del gusto estético de la población».

En ambos municipios se han presentado artistas aficionados y profesionales, de la provincia y de la capital. Tal vez el desconocimiento de la población esté estrechamente vinculado a aquellos problemas de divulgación que referimos.

De nada vale que el sistema institucional de la cultura tenga como premisa «brindar opciones con el propósito  de satisfacer las necesidades culturales de la población», si muchos de los que trabajan para ello no están lo suficientemente comprometidos con su labor. Tampoco se logrará sin la implicación responsable de los gobiernos, organismos y organizaciones que deben trabajar en pos del desarrollo sociocultural de los territorios. Mientras tanto, habrá artistas disgustados y públicos insatisfechos.