Periodista las 24 horas

«Mi suerte está con este pueblo ávido de periodistas dignos», comentó a Vanguardia,Wilmer Rodríguez Fernández, periodista del Sistema Informativo de la Televisión Cubana.

Periodista Wilmer Rodríguez recibe reconocimiento en Santa Clara.
Wilmer Rodríguez Fernández recibe un reconocimiento tras la presentación del libro Ahí viene Fidel, junto a la coautora Yunet López Ricardo (primera a la izquierda) y la editora Olivia Diago Izquierdo. (Foto. Ramón Barreras Valdés)
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Wilmer es un joven carismático que llega a los hogares cubanos a través de las emisiones del noticiero estelar. Reportando desde la Ciénaga de Zapata, Venezuela, Ecuador y disímiles rincones de nuestro caimán, nos ha cautivado con su empeño por reflejar en la pantalla lo aparentemente sencillo e intrascendente.

Con apenas 33 años atesora un quehacer periodístico original y creativo. Para la historia quedan sus trabajos de corte histórico con enfoques diferentes y poco conocidos, y la magistral cobertura de las honras fúnebres del compañero Fidel.

Convencido de que «el periodista de televisión debe tener una obra escrita», apuesta por dejar en letras su labor y le pone, en cada jornada, corazón a la noticia. 

Un triste privilegio 

A un año de la pérdida física de nuestro líder histórico compartió las experiencias de una cobertura sin precedentes en momentos de consternación.

«Exigió el máximo de mí. Cuando estaba cansado, porque uno se agota físicamente, tenía que trabajar con la reserva.

«A Santa Clara llegamos después de 17 horas de viaje, un periplo de pie y reportando en vivo en determinados tramos. Nos inspiraba no el hecho de ir en el suceso, sino el compromiso con el pueblo.

«Las energías que íbamos perdiendo por el cansancio propio de la labor que realizábamos, nos eran devueltas espiritualmente. Si los cubanos estaban ahí, activos a lo largo de la carretera, yo decía: no puedo sentarme. Tenía que apresar la historia.

«Desde que llegamos a Villa Clara hasta que cruzamos los límites de la provincia, el Himno Nacional siempre se hizo presente. En Esperanza había dos pantallas, en donde se abandona la Carretera Central y se estrecha la vía. Fue la primera vez que vimos la imagen de Fidel hablando desde que salimos de La Habana. Para nosotros y para quienes se aglomeraron en el lugar, el Comandante estaba allí, presente con sus dotes de orador.

«La gente necesitaba que llegara Fidel vestido de verde olivo, que hablara, que señalara, y allí, en Esperanza lo tuvieron. Ello fue lo que creó esa energía, ese contraste entre el hombre vivo y la urna con sus cenizas, un magnetismo colectivo.

«En Camagüey logré dormir apenas 40 minutos, el segundo día de viaje. Aquí, en Villa Clara, no me bañé, no comí, solo hubo tiempo para un bocadito pasadas las cinco de la mañana.

«Lo más triste fue cuando llegamos al cementerio Santa Ifigenia. Sentí un vacío, la función de periodista culminaba, pero como ser humano estaba afligido, agotado y había sido testigo del duelo de un pueblo.

«No fue de nuestra parte un hecho heroico ni extraordinario. Fue el momento histórico, y tuve el triste privilegio de asumirlo». 

Ahí viene Fidel 

 

Wilmer Rodríguez presenta el libro Ahí viene Fidel.
Presentación del libro Ahí viene Fidel en la Sala Caturla de la Biblioteca Provincial Martí, escenario desde donde Fidel le habló a los santaclareños el 6 de enero de 1959 al frente de la Caravana de la Libertad a su paso hacia la capital cubana. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Wilmer presentó el jueves 30 de noviembre en suelo villaclareño, junto a Yunet López Ricardo, periodista de Juventud Rebelde, un libro «escrito a cuatro manos, dos pensamientos y un solo corazón». 

Ahí viene Fidel recoge las huellas que dejó en el reportero el compromiso periodístico de ser los ojos y oídos de los cubanos sumidos en el homenaje póstumo.

«El volumen le dedica un capítulo a cada provincia. Es un texto de muchísima espiritualidad y sentimiento. Hubiese querido bajarme del camión, le pasaba por el lado a las historias y tenía que dejarlas ir. Las crónicas no las pude hacer en esos días, pero después entrevistamos a mucha gente a lo largo de la isla.

«En 17 crónicas, 174 páginas y 123 fotos, se presenta el Fidel de un pueblo y un pueblo en Fidel, porque no se puede explicar el uno sin el otro.

«Traten de encontrar y de mirar en estas páginas no al Fidel que venía en una cajita de cedro cubierta con la bandera cubana y todo ello protegido por un cristal, sino ese Fidel con mochila, fusil, barba, apuntando, riendo, haciéndose cada uno de nosotros. Fidel es continuidad y así se expresa desde la misma portada del libro».

Teoría joven de un oficio viejo

Con la seguridad de quien conjuga con certeza la teoría y la práctica, el Premio Nacional Juan Gualberto Gómez de periodismo televisivo 2016 ahondó en los gajes de su oficio.

«Para hacer periodismo hay que tener eso que llamamos bomba, corazón, emociones. Nadie puede escribir con calidad lo que no le sale del alma. Somos parte de un fenómeno más allá de la comunicación, fraguamos el proceso sociocultural de un país. Si no logramos una formación personal y profesional capaz de transmitir más que noticias, valores y sentimientos, seremos simples reporteros de ocho a cinco, pero nunca periodistas de 24 horas.

«El periodista es aquella persona que llega a un lugar y hace un análisis riguroso, una apreciación crítica. Es quien repara en lo que pocos ven, él busca la arista desconocida, disímil, y empieza la historia por ahí. Lo que nos impacte como seres humanos y periodistas es lo que va a sorprender a los lectores, a los televidentes o a los radioescuchas.

«Periodismo es lo diferente. Si apelas a la monotonía o al costumbrismo, la gente no se va a acordar que existes, no se va a alegrar con tu trabajo, no se va a sentir reconocida en él.

«A veces nos convertimos en reproductores de lo que nos dan, de lo que oficialmente ya está preconcebido hace varios años, y volvemos a decir lo mismo con lo mismo, eso que la gente identifica como muela; pero uno siempre tiene que buscar lo inédito.

«La noticia, por muy simple que parezca, es un trabajo de creación. Los diferentes géneros hay que asumirlos como una obra de arte, que se disfruta desde el principio hasta el fin, para que el consumidor, desde el otro lado, diga qué bien, qué interesante.

«En ocasiones resulta muy difícil hacer periodismo por cuestiones que sobrepasan la voluntad del medio o del reportero, por incomprensiones lógicas o ilógicas que tienen que cambiar.

«No es el qué se dice, sino el cómo se dice. Para soltar un número, estoy hablando de una verdad objetiva, un tema que sabemos que va a molestar, nuestro trabajo tiene que estar respaldado por razones tan o más fuertes como esas que lanzamos a la opinión pública.

«Con talento, con creatividad, se puede decir mucho a pesar de las presiones dentro y fuera de los medios. De las generaciones que están saliendo depende que cambie para bien el concepto negativo que tienen muchos ciudadanos sobre la prensa. A veces nos limitan las condiciones objetivas, pero es importante tener en cuenta que se puede escribir mejor y se puede romper el esquema.

«Uno tiene que caminar por el filo de la navaja, ir construyendo nuestros trabajos con una de cal y una de arena. Buscar un equilibrio. Si triste es irnos siempre hacia lo negativo, más deprimente es ser absolutamente triunfalistas. El triunfalismo nos hace más daño que la crítica. Tenemos que buscar el profesionalismo, el ver las cosas con el color de la vida, con sus diferentes matices.

«Para hacer periodismo de opinión e investigación hay que irse a indagar a la calle, oír a la gente, que es la que marca el termómetro de lo que pasa. Los mejores titulares de mi vida los he escuchado en las paradas de las guaguas, no se puede hacer periodismo encerrados en las redacciones».

Y así queda Wilmer Rodríguez Fernández para los villaclareños y cubanos en general: comprometido, locuaz; hecho letra y voz, instantánea televisiva y grafía impactante, emotiva, fiel, seguro de lo que hace y dice: «El periodista es un artista del momento, de la instantaneidad. Debemos crear lo que el corazón nos dicte, jugar con la inmediatez y la responsabilidad, ponerle pasión al hecho, pero sin recrearnos, pues tenemos un noticiero televisivo, un periódico, una emisora que esperan por nosotros para informar a un pueblo».