Todas son cubanas y aman la tierra donde nacieron, esa debe ser la brújula que guíe a la FMC

Discurso pronunciado por José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Comité Central del PCC, en la clausura del X Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas.

«El mejor homenaje a Vilma es dar continuidad a su obra»

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Discurso pronunciado por José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en la clausura del X Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas, en el Palacio de Convenciones, el 8 de marzo de 2019, «Año 61 de la Revolución».  

José Ramón Machado Ventura
En nombre de la dirección de nuestro Partido reciban un merecido reconocimiento por el trabajo realizado todas nuestras federadas, dijo Machado Ventura. (Foto: Dunia Álvarez Palacios)

(Versiones Taquigráficas–Consejo de Estado)

General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba;

Compañero Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros;

Compañeras y compañeros de la Presidencia;

Queridas delegadas e invitadas:

Este X Congreso, por la profundidad de las intervenciones que en él se han realizado, constituye una muestra evidente de cuánto ha avanzado la mujer cubana en estos años de Revolución.

Y no me refiero solamente a estas tres jornadas finales, sino a la tónica predominante de todo el proceso, desde la base hasta las asambleas municipales y provinciales. Fue la realización de planteamientos certeros y aportadores, el espíritu de combate y el profundo patriotismo de nuestras federadas.

Son las hijas de un pueblo, al que si algo no ha faltado a lo largo de la historia han sido los retos difíciles, el trabajo intenso y las constantes agresiones de poderosos enemigos, en primer lugar del Gobierno imperialista de Estados Unidos, que hoy se empeña en revivir la triste época de los marines yanquis invadiendo uno tras otro a los países de Nuestra América, casi sin excepción.

Ante cada acto agresivo, los cubanos y cubanas firmemente unidos, con serenidad y determinación, hemos asumido invariablemente el precio que implica la decisión de vivir con la frente en alto.

Así lo hace hoy también, nuevamente, el hermano pueblo de Venezuela, bolivariano y chavista, con su extraordinario ejemplo de valor y dignidad, defendiendo la verdad frente al enorme despliegue de mentiras y dispuesto a enfrentar la agresión militar con que algunas mentes calenturientas sueñan en Estados Unidos, con el vergonzoso aplauso de traidores y vendepatrias.

Ratificamos nuestro incondicional apoyo a Venezuela, a su pueblo y Gobierno legítimo encabezado por el presidente Nicolás Maduro Moros, junto a la decisión de seguir haciendo cuanto esté a nuestro alcance para evitar que la guerra, el sufrimiento y la muerte se enseñoreen sobre nuestra región, consecuentes con lo acordado por los Jefes de Estado o Gobierno del continente, que hace cinco años, aquí en La Habana, refrendaron con su firma la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.

Con igual firmeza y convicción, cubanas y cubanos, el pasado 24 de febrero, dimos un contundente Sí a la nueva Constitución de la República. Con él ratificamos la inquebrantable decisión de preservar nuestro socialismo, ahora con una Carta Magna ajustada a las tareas y condiciones del presente y el futuro.

Amplia y destacada fue la participación de nuestras compatriotas en la ejemplar consulta popular, sin parangón en otras latitudes, en que la inteligencia colectiva tanto aportó a que la nueva Ley de Leyes refrendara con claridad meridiana las conquistas revolucionarias, y no menos importante: trazara el camino para alcanzar las que sin duda sumaremos en lo adelante.

Con especial énfasis la Constitución expresa la plena igualdad de la mujer y sus derechos en todos los órdenes, el papel primordial de la familia, el deber del Estado y la sociedad en su conjunto de proteger a la infancia y a las personas desvalidas, en fin, las muchas realidades presentes en Cuba, que desafortunadamente no pasan de ser quimeras para la gran mayoría de los pueblos del mundo.

No es necesario ampliar al respecto, son cosas bien conocidas por nuestro pueblo y ustedes las abordaron con énfasis en sus intervenciones.

Me limitaré a recordar que hoy en Cuba la mitad de las responsabilidades de dirección en el Estado y el Gobierno las desempeñan mujeres, incluidos más del 42 % de los llamados «cargos decisorios». Y en la Asamblea Nacional del Poder Popular, como ustedes conocen, las diputadas representan el 53,2 % de la actual Legislatura.

No se trata de ningún regalo o concesión por parte de nadie. Como afirmó el compañero Raúl, en su mensaje de felicitación a la Federación de Mujeres Cubanas en ocasión de su aniversario 35, cuando dijo:

«La Federación no solo ha desempeñado un papel decisivo en la batalla por la igualdad de la mujer que Fidel comprendía entonces que apenas comenzaba, ha hecho algo más importante aún, se ha ganado el derecho a que todos los cubanos la sintamos como cosa propia, porque nuestras federadas han sabido arrimar el hombro en el trabajo, el estudio y la defensa, han estado invariablemente dispuestas a compartir con sus compañeros alegrías, peligros y dificultades».

También en las últimas elecciones se elevó la proporción de delegadas de circunscripción hasta casi el 36 %. No obstante, aún no estamos satisfechos con esa proporción, que no se corresponde con el papel y las tareas que cumple la mujer en la comunidad.

Sabemos que no es por falta de prestigio ni de autoridad, al contrario, con frecuencia prima el deseo de proteger a la vecina, que cuando llega de su centro laboral inicia otra jornada, generalmente más intensa, ya que sigue asumiendo el grueso de las tareas hogareñas. Es algo en que los hombres hemos avanzado un poco, pero no lo suficiente. También las instituciones deben esforzarse en desarrollar servicios y productos que aminoren la carga de tareas domésticas, en la medida que lo permitan las posibilidades económicas.

El avance de la mujer en todos los órdenes constituye una importante fortaleza para la Federación de Mujeres Cubanas, y la pone en condiciones de plantearse empeños superiores. Ya es determinante la fuerza femenina en sectores decisivos, no solo en la educación y la salud, donde lo son hace tiempo, sino también, y cada vez más, en producciones y servicios de gran peso en la economía nacional.

Por tanto, hay que pensar en vías que contribuyan a un papel más protagónico de la Federación de Mujeres Cubanas en esos importantes frentes, sin disminuir la atención a los restantes.

Muchas veces las delegadas mencionaron a nuestro Comandante en Jefe; al General de Ejército Raúl Castro Ruz y a Vilma Espín, presidenta por siempre de esta organización (Aplausos). No podía ser de otra forma. En cada conquista alcanzada por la mujer cubana en estos años está presente el pensamiento y la permanente acción de ellos, no pocas veces frente a conceptos y prejuicios arraigados profundamente en la mente de buena parte de nuestros compatriotas.

En esa larga batalla que aún continúa, pero en la que ya son notables los éxitos, es necesario resaltar el extraordinario papel desempeñado por Vilma. El amor y la pasión con que trabajó en favor de la niñez, de la juventud y de las personas discriminadas o en situación desventajosa (Aplausos); su permanente batallar para que prevaleciera cada vez más el respeto a los derechos de cada ser humano, sin distinción alguna. Su infinita paciencia para, con la dulzura que la caracterizaba, persuadir, convencer, sin imponer criterios, pero con total firmeza y sin hacer la menor concesión de principios.

El mejor homenaje a Vilma es dar continuidad a su obra, y así lo han hecho nuestras federadas. Llegan a este Congreso con resultados superiores en los principales indicadores, en particular en el trabajo de las delegaciones y bloques, el eslabón donde realmente se materializa y hace efectiva la labor de la organización.

X Congreso de la FMC
La Federación de Mujeres Cubanas ha sido consecuente con el compromiso que significa haber sido fundada por el líder histórico de la Revolución. (Foto: Dunia Álvarez Palacios)

Esos avances tienen como punto de partida el análisis objetivo y autocrítico de su trabajo, al que ha seguido un esfuerzo organizado y sistemático encaminado a ir resolviendo cada deficiencia de manera paulatina, sin pretender dar saltos espectaculares. Sabemos que ello ha requerido un notable esfuerzo, en especial de las cuadros profesionales y dirigentes de base, que con frecuencia han tenido que asumir funciones de otros cargos vacantes.

Se va comprendiendo mejor a todos los niveles que las circunstancias actuales difieren mucho de las existentes años atrás. Una realidad que actúa sobre la mente de las personas y se manifiesta en su conducta. Sería absurdo pensar que los métodos y las formas de actuación que la organización empleó años atrás van a rendir iguales frutos en el presente.

Y no gastar tiempo lamentándose de que ya la gente no responde o ha disminuido el entusiasmo, sino valorar qué no se hizo bien y pensar con espíritu innovador. Por eso es tan valioso que como resultado del proceso orgánico del Congreso, continúe mejorando la proporción entre dirigentes experimentadas y jóvenes, pues estas últimas, por razones obvias, son las más dispuestas a explorar nuevos caminos.

Como es lógico, lo anterior no significa que todo esté bien, y así lo analizó este Congreso, donde por fortuna estuvieron prácticamente ausentes cosas tan dañinas como la autocomplacencia y el triunfalismo. Siempre habrá lugares que avancen menos, deficiencias nuevas o viejas que erradicar, problemas que resolver e incomprensiones que explicar. Esa es la batalla perenne del revolucionario.

Es así sobre todo en una organización como esta, que integra a más del 90 % de las adultas y adolescentes del país. Ellas representan un amplio abanico de intereses, costumbres, conocimientos, etcétera, pero las une algo decisivo: todas son cubanas y aman la tierra donde nacieron. Es una enseñanza cardinal que nos transmitió el compañero Fidel aquel histórico 23 de agosto de 1960, y es la brújula que debe guiar siempre a la organización.

Tal como ustedes evaluaron, siguen presentes insuficiencias en el funcionamiento interno, sobre todo en algunas estructuras de base e incluso de nivel municipal.

Las tareas organizativas, los documentos y el control no constituyen en sí mismos un objetivo a alcanzar; no deben ser el centro del trabajo ni sobredimensionarse en ningún caso, pues las reuniones y los papeles no resuelven los problemas.

Pero lo anterior no puede interpretarse como que carecen de importancia. Son la base de la cohesión, del accionar unido y encaminado a un fin.

Sin un correcto funcionamiento resulta imposible una labor efectiva en los frentes fundamentales: por ejemplo la recaudación de la cotización, de cuyas deficiencias se habló bastante en el Congreso, contribuye a la cohesión, al contacto con las federadas y al sentido de pertenencia a la organización, eso es algo más importante que el aporte al autofinanciamiento, que por supuesto es también necesario.

Al funcionamiento, por tanto, hay que darle la atención necesaria, bajo el principio de que no existen dos lugares con igual situación y en cada uno debe hacerse lo que allí se requiere. El Partido a todos los niveles tiene que colaborar más con ustedes en esto, sobre todo en los municipios.

En frentes de gran importancia como el trabajo social y la prevención, sin duda se ha avanzado y hoy es mejor la situación que hace cinco años atrás. Aquí se han mencionado las numerosas e importantes tareas cumplidas por las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia, la Editorial y el Centro de Estudios de la Mujer, y las muchas experiencias positivas en provincias y municipios, que demuestran la importancia de incentivar la creatividad en la base.

La mayoría, como es lógico, se han llevado a cabo conjuntamente con otras organizaciones políticas y de masas, y con los especialistas de los ministerios de Educación, de Trabajo y Seguridad Social, de Salud Pública o del Ministerio del Interior, que como el Congreso reconoció, han estado permanentemente dispuestos a colaborar con la Federación de Mujeres Cubanas, no solo porque es su deber, sino porque comprenden que esa estrecha alianza es beneficiosa para su organismo y para el país en su conjunto.

Satisface sobre todo comprobar que ustedes son las primeras inconformes con lo alcanzado; que están conscientes de la necesidad de hacer mucho más, especialmente en interés de la prevención, un frente en que por el alto grado de sensibilidad y humanismo que requiere, resulta insustituible en la labor de la mujer, «la miel de su cariño», como dijera Martí.

Cuando ya existe el problema, no hay otra alternativa que enfrentarlo, pero resulta más valioso detectar a tiempo y actuar ante causas y condiciones que constituyen caldo de cultivo de las conductas antisociales o delictivas, o cuando surgen indicios de que alguien va camino de asumir una de ellas.

Les pido estar atentas igualmente a otros problemas que no tienen ese carácter, como el embarazo precoz, pero que afectan mucho a la adolescente, a su hijo, al resto de los familiares y por tanto a la sociedad.

Estar conscientes de que lo esencial no es el número de tareas cumplidas, sino la calidad y efectividad de estas. Preguntarse a cada rato si están dando resultado, si son realmente las adecuadas para ese lugar y momento concretos, pues ninguna situación permanece estática.

La comunidad es y será siempre el escenario por excelencia de la Federación de Mujeres Cubanas, y como elementos básicos de ella, la escuela y la familia, sobre todo con esta última es necesario incrementar y perfeccionar el trabajo de la organización.

En el barrio nuestras compatriotas gozan de un respeto y una consideración más que merecidos, ganados en el enfrentamiento cotidiano a las muchas dificultades que el bloqueo impone a la vida hogareña y por ser como nadie paladines de la solidaridad entre vecinos, esa que ha hecho posible sortear innumerables obstáculos, en particular cuando se producen graves desastres naturales u otras situaciones difíciles como sucedió en el periodo especial. Por su estoica dedicación al cuidado de abuelos, padres e hijos, y a la educación de niños, adolescentes y jóvenes.

La defensa sigue siendo un frente muy importante, como vienen demostrando con creces los acontecimientos más recientes. Entre otras tareas, la Federación de Mujeres Cubanas debe contribuir a que más muchachas, y sobre todo sus padres, comprendan el valor del Servicio Militar Voluntario Femenino, en un país donde la situación demográfica hace imprescindible el aporte de la mujer a las Fuerzas Armadas, en cuyas filas además consolidan su formación y cuentan con amplias posibilidades de superarse.

Continuará habiendo muchas cosas que hacer y métodos y formas de llevarlas a cabo, pero tengan siempre presente que nada sustituye a la conversación franca y directa con las personas. Es valiosa para estimular a quienes se destacan o reconocer a los que simplemente cumplen su deber, independientemente de los homenajes y los diplomas. Lo es todavía más cuando se trata de esclarecer sobre asuntos importantes o influir positivamente en alguien que está cometiendo errores.

Conversar, como insiste con frecuencia el compañero Raúl, mirando directamente a los ojos y criticando con franqueza la actitud negativa. Hacerlo de igual a igual, no en pose del superior que sermonea al subordinado.

Esa labor cotidiana, que como norma permanece anónima, constituye, sin embargo, el mayor aporte de la Federación al empeño de hacer cada día mejor, más disciplinada, justa y solidaria nuestra sociedad.

En la medida que más cuadros profesionales, dirigentes de base y federadas en general, hagan suyas esas ideas y actúen en consecuencia, más efectivo será el trabajo de la Federación de Mujeres Cubanas.

Ahora, tal como se hizo tras el Congreso anterior –y mejor en cuanto sea posible–, lo primero es implementar los objetivos aprobados. Evaluarlos en el Comité Nacional y seguidamente en cada provincia, municipio, bloque y delegación, para emprender de inmediato las acciones que permitan materializar aquellos que se ajusten a las características concretas de cada lugar.


Queridas compañeras:

La Federación de Mujeres Cubanas ha sabido mantenerse en el sitial de honor al que supo llevarla Vilma; ha sido consecuente con el compromiso que significa haber sido fundada por el líder histórico de la Revolución, quien fue además su principal promotor, el más firme convencido de su importancia y de su papel insustituible en la sociedad, y a la vez el principal impulsor de cada una de sus tareas.

En nombre de la dirección de nuestro Partido reciban un merecido reconocimiento por el trabajo realizado todas nuestras federadas, la dirección de la organización y su secretaria general, la compañera Teresa Amarelle Boué.

Como las exhortó el compañero Fidel aquel 23 de agosto de 1960 al decir:

«Y ahora, a trabajar, a organizar y a poner en actividad el espíritu creador, el entusiasmo de la mujer cubana, para que la mujer cubana, en esta etapa revolucionaria haga desaparecer hasta el último vestigio de discriminación; y tenga, la mujer cubana, por sus virtudes y por sus méritos, el lugar que le corresponde en la historia de la Patria».


Federadas:

¡Estén siempre a la altura de ese llamado al combate de vigencia permanente!

¡Viva la Federación de Mujeres Cubanas! (Exclamaciones de: «¡Viva!»)

¡Gloria eterna a Vilma Espín! (Exclamaciones de: «¡Gloria!»)

¡Viva Fidel! (Exclamaciones de: «¡Viva!»)

¡Viva Raúl! (Exclamaciones de: «¡Viva!»)

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos! (Ovación).

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