Cuando un grande dijo adiós

Con un estilo único, Bobby Salamanca —de cuyo fallecimiento se cumplen 34 años este lunes 5 de abril— logró combinar en sus narraciones dos elementos de la identidad del cubano: el béisbol y el azúcar.

Boby Salamanca
Bobby Salamanca, el genio de la narración cubana en el periodo revolucionario. (Foto: Tomada de Internet).
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«Bateando Larry Bubla. De lado el pícher. Se impulsa, ¡ahí lanza…! ¡Azúcar, abanicando! ¡Cuba es campeón mundial!». La frase que recuerda el momento en que en República Dominicana, 1969, Gaspar Curro Pérez concretó frente a Estados Unidos uno de los triunfos más emotivos de nuestro país en la historia de las citas del orbe de béisbol, me remite a aquellos tiempos en que a los siete años, imitando a mi hermano William, comencé a recortar artículos relacionados con el deporte nacional.

El hombre que a través del micrófono me impresionó en mi niñez era Juan Antonio Salamanca Fernández (Bobby), a quien con el paso del tiempo, ya más crecido, no tuve dudas en calificarlo como el mejor narrador deportivo radicado en Cuba en el periodo revolucionario, sin dejar de reconocer a otros buenos: Rubén Rodríguez, de vasta cultura —también compositor—, el muy profesional Antonio Eddy Martín Sánchez; Héctor Gregorio Rodríguez Almaral, la voz de oro con las frases «Un saludo tengan todos» y «Está dominado», y René Navarro Arbelo, quien inmortalizó a las Espectaculares Morenas del Caribe, refiriéndose a aquella generación de voleibolistas criollas, que ganaron casi todo entre 1992 y el 2000.

Pero el genio fue Salamanca, de cuya partida física hoy lunes 5 de abril se cumplen 34 años. No se trata de un aniversario cerrado de esos que tomamos como pretexto para recordar a las grandes figuras. No importa: a Bobby, los veteranos y jóvenes comentaristas deben tenerlo presente todos los días, porque él es un paradigma, una referencia para los que se desempeñan en este oficio. Con un estilo único logró combinar en sus descripciones a finales de la década de los 60 y principios de los 70 del pasado siglo dos elementos importantes en la identidad del cubano: el béisbol y el azúcar.

Eran los días en que nuestro pueblo estaba enfrascado en la Zafra de los Diez Millones y Bobby establecía paralelos entre lo que ocurría en un terreno de béisbol y en un campo de caña. Para Salamanca, un doble era una «caña de dos trozos» y el triple una «caña de tres trozos». Si el bateador la sacaba del parque, exclamaba: «Se fue pa’l cañaveral», pero si se ponchaba, no vacilaba en decir: «Chas, chas, chas, ¡tres golpes de mocha y lo tiró pa’ la tonga!». Cuando un lanzador era relevado por otro, para Bobby al serpentinero saliente «le estaban aplicando la alzadora». Si no había hombres en bases, «la guardarraya estaba limpia».

¡Ah!, pero si las almohadillas se llenaban, «los tándems estaban repletos» y cuando se acercaba un bateador peligroso al cajón de bateo, anunciaba: «¡Tiembla el cañaveral!».

El bateador que esperaba su turno «afilaba la mocha», al que tenía tres bolas sin strikes y le cantaban el primero, «le llegaba el dulce», y si el que empuñaba impulsaba más de un corredor, «no dejaba caña en el cogollo ni cogollo en la caña».

Tras el paso de la época del esfuerzo por lograr los diez millones, Bobby renovó su estilo con nuevos términos, entonces, con un: «¡Adiós, Lolita de mi vida!».

Nadie como él para bautizar con epítetos que aún perduran en la actualidad a nuestros peloteros: el Gigante del Escambray (Antonio Muñoz), el Señor Jonrón (Pedro José Rodríguez), el Señor Pelotero (Luis Giraldo Casanova), Los Tres Mosqueteros (Wilfredo Sánchez, Rigoberto Rosique y Félix Isasi), el Ciclón de Ovas (Rogelio García), la Explosión Naranja (Víctor Mesa), Los Incapturables (equipo Camagüeyanos, campeón de la Selectiva de 1977), el Meteoro de La Maya (Braudilio Vinent), y cuando empuñaba Alfonso Urquiola, aseguraba que estaba «relampagueando en Bahía Honda».

Salamanca no solo fue un gran narrador, también poseía un talento excepcional para la prensa escrita, demostrado en el diario Granma y otros medios. A once meses de que un cáncer en el estómago le arrancara la vida, a los 55 años, comenzamos a disfrutar en Radio Rebelde sus Crónicas no Exentas, que después reproducía el periódico Trabajadores. Eran como un adiós a los oyentes y lectores, al menos, eso fue lo que percibí cuando, a pocas semanas de su deceso, escribió en la despedida del astro Braudilio Vinent:

«Cuando un grande se retira, hay que inclinar la cabeza…». Habría que afirmar, entonces, que al decir adiós el genio de la narración cubana, todos nos inclinamos.

Se han publicado 7 comentarios

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  • Alejandro libertad

    Me gustaría leer las crónicas a las q usted se refiere en el final de artículo hay alguna pagina en q se puedan encontrar

  • Pavel

    El mejor,entre los mejores,lo demas no tiene discucion.

    • Norbelio

      Saludos Osvaldo una vez más como nos tiene acostumbrados una excelente crónicas y dedicada a quien el mejor entre los buenos. Felicitaciones da gusto leer sus trabajos

  • Pedro Nolasco

    Hola Osvaldo.
    Salamanca fué una estrella en esto de la narración, lograba transmitir el juego de una forma envidiable y se las arreglaba para hacerlo de forma muy original. Como bien dice Ud., era también muy bueno escribiendo crónicas deportivas.
    En fin!! podría ser un magnífico ejemplo para algunos.......y no entro en detalles para no salirme de contexto.
    Como pareja con Eddy Martin formaron, para mi, el mejor duetto de todos los tiempos a pesar de que sus estilos eran muy diferentes.
    Y Ud siempre rindiendo honor a quien lo merece. HONRAR HONRRA.
    saludos

    • Gerardo Machado Rodríguez

      Buenas tardes Osvaldo, usted como siempre, sacando del baúl de los recuerdos curiosidades de las muchas que tiene nuestro deporte nacional, lo felicito, usted tiene una forma de buscar, encontrar y escribir como buen comunicador que es que realmente a uno lo atrapa, en mi caso cada vez que tengo un tiempo y puedo sentarme delante de la computadora, busco inmediatamente la página digital de vanguardia para leer sus escritos, que aunque algunos conocidos por mí, no con el lujo de detalles que usted los escribe, recuerdo con mucha claridad la narración de Salamanca del juego de Cuba y EEUU en ese mundial de 1969 y como el Curro después de conectar varios foul conectó hit al jardín central para impulsar a Tony González, si mal no recuerdo que corría en segunda base y después como ponchó al receptor Larry Bubla.
      Usted siga realizando ese excelente trabajo en la búsqueda de cosas y casos del beisbol que lo necesitamos y se lo agradecemos, muchas gracias.

  • karlos

    Gerardo y Osvaldo me motivaron Yo oi la narracion de aquel juego en la vigia. Un radiesito de los polacos, conectado con extenciones y en la cera un piquete como de 10 personas. Aquella trasmision fue extremadamente popular. Y Boby le puso emocion y patriotismo. Aquello no se olvida.

    • Pedro Nolasco

      hola Karlos y todos. Espero que tu salud esté OK.
      Esa victoria de Cuba es un ejemplo de lo que puede un equipo cuando está inspirado.....y sobre todo lo que puede hacer un mánager (Servio) que en aquel momento estaba super-inspirado.
      Dejar batear al lanzador, en aquel momento decisivo, teniendo dos o tres buenos bateadores en el banco que podían venir de emergentes, es una decisión arriesgadísima qu por suerte salió bien. Es cierto que el Curro había jugado otras posiciones y había sido un buen bateador.
      Sobre eso de que los lanzadores no bateen ahora, hay opiniones muy controvertidas de gente acreditada, entre ellas la de Cortina. Yo no estoy ni a favor ni en contra, todo lo contrario ! ja ja !.