Fraudes olímpicos

Además del dopaje, ha habido otros  fraudes olímpicos: atletismo en auto, una Dora que era hombre, sable con interruptor mágico…

Lin Miaoke, niña que actuó en ceremonia de Biejing 2008.
¿Recuerdan esta imagen de Beijing 2008? Se trata de Lin Miaoke, quien en la inauguración nos cautivó con su voz mientras «volaba» por el Nido de Pájaro. Resulta que no era ella quien cantaba, sino otra niña que no fue aceptada por no ser «bonita». (Foto: Tomada de Internet)
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El corredor Frederick Lorz, en San Luis 1904, se convirtió en el primer fraude de unos juegos olímpicos. En aquella ocasión, Lorz se presentó para correr las 20 millas de la maratón, pero en realidad solo hizo nueve con sus pies. Las millas restantes las completó en el auto de su entrenador. Antes de llegar a la meta se bajó del carro y muy fresco lo coronaron con laureles. Sin embargo, el mentiroso no contó con aquel refrán que sentencia: «Siempre hay un ojo que te ve». Así pasó a la historia como el pionero mentiroso del olimpismo. 

En Berlín, 1936, la alemana Dora Ratjen quedaba cuarta en el salto de longitud. Pero no existía tal Dora, si no Hermann Ratjen, un hombre que se hizo pasar por mujer, según él, obligado por los nazis para ganar a toda costa. El engaño se destapó en los Juegos Europeos de Viena en 1938. El escándalo y otras cosas salieron a la luz.

El soviético Boris Onischenko compitió en tres ediciones de los juegos olímpicos (1968, 1972 y 1976), pero fue en Montreal donde le descubrieron su interruptor mágico. El pentatleta moderno (tiro con pistola, esgrima, natación, salto ecuestre y carreras) sería el escogido para decidir la final ante Gran Bretaña, en una prueba decisiva de sable. Onishchenko supuestamente tocó a su oponente, pero ante la queja del atleta británico el arma fue examinada y resultó que tenía un interruptor para accionar el mecanismo sin tocar al enemigo. 

Allí también hubo un show entre la URSS y Estados Unidos en la final de baloncesto, que en un principio terminaba 50-49 a favor de los americanos. Debido a una protesta soviética los árbitros concedieron una jugada más en la que la URSS revirtió el score. Los americanos no se presentaron a la premiación y las medallas de plata están todavía en Suiza, en custodia del COI.

Un caso de dopaje superconocido es el del corredor canadiense Ben Johnson, en franca controversia con Carl Lewis por la supremacía de los 100 metros en su época. El destape ocurrió en Seúl, 1988, tan rápido cómo Johnson llegó a la meta, le quitaron la medalla por tramposo.

En esas mismas aguas navegó la atleta estadounidense Marion Jones, que en Sydney 2000 ganara cinco medallas y fuera declarada estrella de los Juegos. Años más tarde admitiría haberse dopado, lo que, además de la humillación deportiva, le costó la cárcel.

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