En 1956, los Juegos sucedieron en la ciudad australiana de Melbourne. Era la primera vez que la cita olímpica se celebraba en Oceanía, pero no todas las medallas se disputaron allí. La lid hípica tuvo como sede la capital sueca, Estocolmo, porque en Australia había restricción del gobierno para la entrada de caballos. La cuarentena obligó a que hubiese dos recorridos de antorchas.
Y a propósito de caballos, todos los que participan en los Juegos poseen un pasaporte que los identifica. Al igual que sus jinetes, llegan en avión, y de la misma manera que los humanos, sufrirán las consecuencias del jet-lag si vienen de una zona alejada.
También reciben sus premios. En Londres´2012, tras la plata lograda por el equipo de Gran Bretaña, el festejo para los caballos incluyó: grandes cantidades de zanahoria, hierba a discreción y también algunos bombones de menta, de los cuales parece que eran aficionados.
Para los Olímpicos de ese año también la London Philharmonic Orquestra redujo a un minuto la duración de los himnos nacionales de todos los países participantes, salvo el de Uganda. El himno de este país solo posee nueve compases y dura unos dieciséis segundos, por lo que tienen que repetirlo en varias ocasiones. Para Río de Janeiro la historia será la misma.
Otra nota curiosa de los juegos pasados fue la descalificación de la dupla de bádminton china conformada por Yu Yang y Wang Xiaoli. Las chicas no querían ganar porque, de hacerlo, tendrían peores emparejamientos en las siguientes rondas. Lo bueno es lo bueno… pero no lo demasiado.
En la especialidad de carabina de aire comprimido compitió hace cuatro años una atleta de Malasia que tenía ocho meses de embarazo. Ella consiguió la plaza olímpica en los campeonatos de Asia de 2011, antes de saber su estado y en una modalidad en la cual le fue imposible competir. La deportista ganó su cupo en tiro a 50 metros, pero hay que disparar en tres posiciones, de pie, de rodillas y tumbada. Complicado, ¿verdad?
