Una Asamblea hija de la Revolución

Sesiona en fecha histórica para nuestro pueblo y será heredera de la gloria ganada en las arenas de Playa Girón.

Fidel y Raúl
(Foto: Archivo)
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Al quedar constituida la Asamblea Nacional del Poder Popular en su IX legislatura, y sus 605 diputados juramentar sus cargos y comprometerse a defender la Revolución y a ser dignos representantes de la confianza depositada en ellos por el pueblo, se ha dado un paso de trascendental importancia en una fecha de honor y gloria para los cubanos: la victoria de Playa Girón, lograda hace 57 años y que le ocasionara al imperialismo norteamericano su primera gran derrota en América Latina.

En esta sesión de la Asamblea, una buena parte de los parlamentarios nació después de aquellos épicos sucesos de abril de 1961. Cuando bastaron apenas 66 horas para derrotar a la brigada mercenaria 2506 y los pueblos de este hemisferio tuvieron la oportunidad de ser un poco más libres, tal como afirmara Fidel, uno de los artífices principales de aquella proeza militar y patriótica.

Y los demás diputados, salvo excepciones, eran en ese entonces niñas y niños que conocieron un pasado de miserias y que, por suerte, el éxito logrado en Playa Girón les permitió tener una adolescencia y adultez dignas, y ser ahora genuinos representantes del pueblo, del cual salieron y al que deben representar con total fidelidad.

Ilustración de Linares
(Ilustración: Linares)

En Girón se fue a luchar por el socialismo. Un socialismo proclamado por Fidel durante el sepelio de las siete víctimas de los bombardeos de los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, y que proclamó el derecho a una Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes.

Al tiempo que ese propio 16 de abril de 1961, nacía el actual Partido Comunista de Cuba, heredero del fundado por José Martí, también en otro abril, el día 10, pero de 1892. Un partido continuador de aquellos ideales emancipadores de los mambises, cuya primera clarinada la dio Carlos Manuel de Céspedes, en su ingenio La Demajagua, hace ahora 150 años.

De todas esas herencias y de las ideas democráticas de José Martí y Fidel Castro, su discípulo y continuador, se nutre la actual Asamblea. En cada uno de los 605 parlamentarios, electos de manera democrática el pasado 11 de marzo, deberán estar presentes las ideas del Apóstol acerca de lo que debe ser un diputado y sus altas responsabilidades:

«Hombre encargado por el pueblo para que estudie su situación, para que examine sus males, para que los remedie en cuanto pueda, para que esté siempre imaginando la manera de remediarlos. La silla curul es la misión: no es la recompensa de un talento inútil, no es el premio de una elocuencia incipiente, no es la satisfacción de una soberbia prematura».

Mientras, cada uno tendrá también como guía y línea directriz de conducta y actuación el pensamiento revolucionario creador de Fidel, quien logró conjugar la ideología marxista-leninista con la martiana, y contribuyó a formar en Cuba un sistema de genuina democracia basada en las experiencias constitucionalistas pasadas y las acumuladas a lo largo de la Revolución.

No fue casualidad que la Constitución Socialista aprobada en 1976 tuviera en su preámbulo el precepto martiano de la dignidad plena de todos los cubanos. Como tampoco es obra de la casualidad la manera sui géneris de gobernar por el pueblo y con el pueblo y el surgimiento de eslabones clave de la democracia socialista cubana, como el delegado de circunscripción, los consejos populares y los colegios y distritos electorales.

Todo ello, sin campañas electoreras ni favoritismo político de ninguna clase, a partir del principio de la unidad revolucionaria, como factor clave para la victoria. Al respecto, Fidel ha dicho: «Nuestro método ha sido, realmente, nuevo, original, y dentro del concepto de un partido. No hemos tenido que abandonar las ideas de Martí con relación al Partido. Para hacer la Revolución, para dirigir la Revolución y, en este caso, para construir el socialismo en nuestro país, hemos logrado conciliar el concepto de un partido con los más profundos conceptos de la democracia».

Habrá renuevo generacional, pero no ruptura. También lágrimas en los ojos de mujeres y hombres que, con orgullo, verán a la generación histórica depositar su confianza en los «pinos nuevos», como llamó Martí a los jóvenes.

Será la prolongación de una obra iniciada el 10 de octubre de 1868 por Carlos Manuel de Céspedes, impulsada por José Martí en 1895, acelerada por la hornada de revolucionarios de los años 30, y culminada por la Generación del Centenario dirigida por Fidel y continuada por Raúl.

Al proclamar el carácter socialista de la Revolución, aquel inolvidable 15 de abril de 1961, vísperas de la invasión mercenaria, Fidel  culminó su mensaje convidando al pueblo a ir al combate: «Al combate...  Vamos a cantar el Himno Nacional, compañeros». 

Será el mismo llamado patriótico para llevar adelante la obra de la Revolución y mantener bien en alto las banderas del socialismo.  

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