«Irma» todavía ataca y cortocircuito en Nazábal

Los casos de Samuel y Yasmany: dos villaclareños que expresan malestares comunes para cualquiera de nuestros coterráneos.

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Sin respuesta que socializar sobre el caso de las inconformidades con los horarios del arribo de los balones de oxígeno a Remedios, decidimos divulgar otras quejas que expresan diversos malestares de ciudadanos villaclareños. La primera, enviada por Samuel Andújar, vecino de la calle B #23, en Marcelo Salado, Caibarién, resume algunas de las mayores preocupaciones que podrían atormentar a cualquier ser humano: vivienda y trabajo.

Refiere el remitente que tras los daños ocasionados a su casa por el huracán Irma, se le ofreció la alternativa de «adquirir los materiales de construcción a mitad de precio, pero yo ya pagaba un crédito, así que si le sumaba otro, ganando en ese entonces 603 pesos, me sería imposible costear un albañil. Me dirigí a las oficinas de atención a la población de todas las instancias, al Gobierno y al PCC municipal y provincial, a la Fiscalía provincial y, extraoficialmente, alguien me dijo que me estaban tramitando un subsidio. No fue así, todavía lo estoy esperando. Finalmente, el 14 de julio del presente año, me dicen en el Gobierno de Caibarién que no tienen respuesta para mí, que mi caso será elevado».

Y continúan las vicisitudes de Samuel, graduado de la Licenciatura en Terapia Física y Rehabilitación, quien fungió como docente durante ocho años —impartió las asignaturas de Biología y Química, además de Anatomía y Fisiología, Control Médico, Nutrición y Dietética y Orientación y Ética profesionalen el IPA Lidia Doce —, y al decidir reincorporarse al sector de la Salud, se topó con que debía gestionar su plaza por cuenta propia. Cambio de planes. Sin embargo, cuando intentó retornar a Educación, le informaron que ni en Remedios ni en la Villa Blanca existían vacantes.

«En la secundaria básica Mártires del Pensativo, enCaibarién, hay dos plazas cubiertas por jóvenes diferidos que están pasando el Servicio Militar dando clases, mientras yo sigo desempleado, con una madre anciana a mi cargo, una vivienda en pésimo estado y un crédito por pagar en el banco. ¿Será que esos muchachos tienen prioridad y que yo deba mantenerme en la calle, pudiendo ejercer lo que sé y percibiendo un salario que tanto necesitamos?».

Otra es la historia de Yasmany Jiménez Morales, residente en la calle Línea, en Nazábal, y trabajador del almacén de la tienda panamericana Los Dependientes, en Encrucijada, quien no encuentra bonanza desde que el pasado 3 de septiembre se produjo un cortocircuito en el poste del bajante que alimenta su casa y las de algunos vecinos. «Yo estaba trabajando, los compañeros de la Empresa Eléctrica Municipal se presentaron, solucionaron el problema y certificaron un televisor quemado en otra casa, revisaron las demás viviendas y luego se marcharon. Cuando llegué en la tarde noche me percaté de que mi refrigerador no funcionaba, supe lo ocurrido e hice mi reporte al 18888 (#49259).Me informaron que esa queja había sido cerrada y que si no tenía problemas de voltaje no procedería. Lo mismo me explicó al otro día el director de la UNE municipal, aunque dejó claro que podía reclamar».

Eso hizo Yasmany. Llegó hasta la UNE provincial con su carta de reclamación y conoció que los especialistas debían visitar su vivienda en menos de 60 días. «No lo han hecho, y ya expiró el término establecido. Hablé antes con la empleada de la UNE que atiende a la población en Encrucijada, me dijo que los funcionarios provinciales vendrían y me mantuve localizable todo el día.

«Sí estuvieron en Encrucijada, pero no me visitaron. Dicen que me timbraron a mi celular, pero esa llamada no consta en el registro, y mis compañeros de trabajo, que estaban al tanto del teléfono de la tienda, son testigos de que ni se comunicaron como dicen ni salí un minuto esperándolos. Solo pido que alguien me dé una respuesta digna y sincera. Creo que tengo ese derecho».

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