Vanguardia

Confuso

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Osvaldo estaba frente a la puerta de su oficina de trabajo, donde sabía que sus compañeros y su jefe estarían realizando sus labores diarias, solo faltaba él. Por lo que decidió abrir la puerta y entrar.

—¡Pasen a mi oficina!, tenemos que hablar —dijo el jefe.

Caricatura de Adalberto Linares.

Todos entraron, excepto Osvaldo, pues no cabía tanta gente dentro, pero pudo escuchar lo que decía el superior a través de la puerta:

—¡Como saben, no podemos más con él! Es un estorbo en esta oficina, hay que aniquilarlo, así que cojan lo que tengan a mano y vamos a hacerlo, de hoy no pasa.

Osvaldo, confuso, palideció al ver salir de la oficina a todos con tubos, cabillas, escobas…

—¡No me maten!, ¡yo pido la baja y se acabó! ¡No hay que llegar a esos extremos! —dijo el trabajador, asustado.

—Pero, ¿qué rayos dices, hombre? —preguntó el superior y siguió hablando.

—No es a ti al que hay que matar, sino a un ratón que entró hace dos días a la oficina.