La tracción animal reclama mayor observancia

En los últimos meses en los sectores estatal y privado disminuye la cifra de bueyes en labores productivas de la provincia.

Tracción animal
La tracción animal representa una garantía para las labores agropecuarias en los campos. (Foto: Ramón Barreras Valdés).
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Todos queremos tener un tractor moderno, y si es sofisticado mucho mejor. No siempre se puede, por desgracia económica,  y diversos factores  conspiran en su adquisición y funcionamiento. Sin embargo, una rareza, días atrás, como acto curioso, llamó la atención: empleaban un caballo para surcar cámaras con cultivos en desechos en un organopónico de la ciudad.

¿Cuántos harán esa labor con sistematicidad en nuestros campos? Tal vez era la primera ocasión que allí sucedía. Los resultados de alternativa sostenible en la agricultura funcionaron de manera correcta. No lo dudo.  Cierto es que no constituye una extravagancia, aunque algunos la vean así, en tiempos de limitaciones de combustibles. Lo extraño resulta que apenas resuenen aquellos viejos centros de doma de animales para emplearlos como medios de tracción.

Campesino arando la tierra
El arado criollo facilita la conservación de los suelos. (Foto: Ramón Barreras Valdés).

Un amigo campesino, incluso, comentó hace poco que hubo un alza de muertes de bueyes en relación con similar período del año anterior. Al preguntarle el porqué ocurren los hechos, alegó por extensión que en los últimos meses la existencia del animal adiestrado para el trabajo agrícola disminuye en el sector privado en más de 210 cabezas.

No están exentos de esos descensos los organismos estatales. ¿Será el peso, vejez o depreciación lo que lleva al sacrificio? No, dijo, es más propenso destinarlo a mataderos porque el propietario recibe mayor remuneración al pesaje, por el volumen de masa corporal, superior a otras especies o categorías similares.

En épocas de bonanzas de petróleo había centros de domas en todos los municipios villaclareños, y hasta competencias de boyeros se instrumentaron para el acondicionamiento de tierra y cultivos. Un entusiasmo se apoderaba en nuestros campos, añadió el hombre durante un animado diálogo.

Recordé entonces aquellos acontecimientos, y el amigo campesino dijo: «era una belleza observar aquellas yuntas engalanadas y diestras en desandar suelos acondicionados y listos para surcar y recibir las simientes».

carreta de bueyes
Campesinos en faenas de recolección de cultivos varios con el empleo de la tracción animal. (Foto: Luis Machado Ordetx).

Una alarma llegó, lejos de cualquier filosofía subjetiva, cuando días atrás un directivo de la Agricultura en Villa Clara habló de insuficiencia en el empleo de la tracción animal y la necesidad de preparar bueyes para labores de trabajo.

Pero, ¿cómo?... Caramba, ¿abandonaron una costumbre que rinde diversos frutos? Los bueyes, en indagación somera, al término del pasado año rebasaban los 20 440 animales en la provincia. Tres meses después alguien alegó que la cifra mermó.

¿Por qué es posible que ocurra? ¿Acaso no se ve como una herramienta de trabajo jamás caduca? Antes, y ahora en los más diversos rincones, a los bueyes se les daba lo que era del buey: atención y dedicación esmerada, hasta «humanizarlos» en lo posible. Bien recuerdo aquellos estudios para salir de tipos de arados ancestrales, aún útiles en los campesinos. Entonces  se crearon familias y familias de equipos de arrastres más eficientes, pero ya apenas se emplean.

No es secreto que «manejar» un animal (caballo, mulo, burro, buey, o  búfalo), resulta más económico y sostenible que un tractor. En zonas orientales del país hasta solo emplean un buey en acondicionamiento de suelos. Claro, todo lo vemos como «a la antigua», pues constituye una faena manual que obliga a mayores desgastes de energías en el hombre y el animal. Sin embargo, ante fallas y carencias en suministros de combustibles y piezas de repuesto, no queda otra opción que «echar garras»  a la vieja usanza.

Frontiles
La producción artesanal de frontiles, y también de yugos, apenas existe en pueblos y ciudades del centro cubano. (Foto: Luis Machado Ordetx).

En tiempos que la agricultura familiar, base de todo autoabastecimiento, es garantía ante limitantes de alimentos importados o nacionales, hay como un «mareo» con los bueyes. Hasta los frontiles, un aditamento esencial para soportar los arrastres, se desaparecen con una inusitada velocidad. Por cierto, ¿dónde los fabrican?, al igual que sogas, yugos y coyundas duraderas. Existen tópicos olvidados en el terreno de técnicas naturales que facilitan el aprovechamiento y conservación de suelos.

Todo en el animal adquiere categoría: es una fuerza siempre renovable y de pocos insumos, de ahí su jerarquía económica. Sin embargo, tampoco resulta «volvernos locos» por robustos espinazos y lomos rectos,  y hasta retroceder en el tiempo. No obstante, esos ejemplares, los bueyes, jamás requieren de sofisticadas piezas, y por combustible emplean la hierba y residuos de cosechas, abundantes en todos los lugares.

En cascos sanos, y fuertes patas, ya domadas y adiestradas, hay un camino todavía por recorrer en nuestros campos. Nunca dejaremos de ser civilizados, modernos y urbanos, pero no desdeñemos la utilidad que aportan los bueyes, «hermanados» y unidos por mancuernas cuando desandan por nuestra tierra recién surcada y entre sembrados listos al fomento agrícola.

 

Se han publicado 3 comentarios

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  • josé

    Es cierto que desde que yo era un muchacho y vivía en el campo a la fecha, ya pasaron unos añitos. pero en mi modesta opinión ya nuestros campos bonitos y cultivados en pequeñas y medianas fincas desaparecieron en un proceso involutivo difícil de detener.Por muchas razones que no es el tema a opinar ahora, lógico es que éstos grandes amigos del hombre del campo en sus labores también desaparezcan poco a poco, si hay menos campesinos ya casi no hay fincas, tierras cultivadas muy pocas, si el campesino no es el que lleva sus productos la mayoría de las veces a la venta sustituído por un revendedor, si tienen que dormir con los animales pegados a las ventanas de las casas para evitar que se los roben, si no hay sogas, coyundas , frontiles, yugos, narigones , si no hay vacas que engendren a los terneros, si no hay carretas, arados ,no hay quien los enseñe a obedecer, en fin una lista bien larga de NO HAY . Pues no habrá bueyes en unos años mi amigo, ah! parece que tampoco HAY mucho interés en ellos pues solo ayudan en el TRABAJO. Bueno su comentario pero como puede ver a pocos parece que le duele que nuestras raíces se pierdan y solo queden en el recuerdo de una generación que ya va de paso.

  • Carlos

    Que falta hace que muchas personas en la provincia y en el pais puedan leer este articulo, yo soy hijo de campesino y vivi todo esto y pude ver como se producia y como mi padre aportaba, pero todo poco a poco se fue perdiendo y eso forma parte de nuestras tradiciones, no estamos en contra del DESARROLLO, sabamos que con las tacnicas modernas podemos tener mayores producciones y es necesario pues la poblacion ha cresido, pero si somos un pais BLOQUEADO y cuesta mucho trabajo llegarle a los recursos, tenemos que utilizar las tradiciones, porque lo importante es producir y cuando las condiciones del pais lo permitan utilizaremos la tecnica mas avanzada o dejar esta para las grandes empresas como es el caso del Yabu.Nuestros campos estan perdidos ya nadie los cultiva, fincas que fueron productivas hoy no tienen nada, hay que tratar que los hombres regresen al campo para que lo pongan a producir y no esperar que llegue el barco con la mercancia.Hay que revisar los centrales desactivados que tienen exelentes tierras y estan perdidas y no producen, como es el caso de los centrales desactivados de Cifuentes.

    • Comico

      Hola, que bueno que se escriba esto, yo soy hijo de campesinos, mi padre todavia trabaja en el campo y como bien dices nadie le tira a la agricultura, no todos podemos ser ingenieros, medicos, etc. Este pais es netamente agricola, porque hay que importar maiz, si en este pais se da muy bueno.