Jaque mate

Quitarle la corona a un virus que nos doblega y lastima, tanto física como emocionalmente, demanda conjugar con eficacia la ciencia, la responsabilidad individual y colectiva, y el autocuidado.

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En la vida, como en el ajedrez, para lograr la victoria hay que trazar estrategias inteligentes. Quitarle la corona a un virus que nos doblega y lastima, tanto física como emocionalmente, demanda conjugar con eficacia una triada donde se mezclen la ciencia, la responsabilidad individual y colectiva, y el autocuidado.

No existe sistema de Salud en el mundo que pueda con la avalancha de contagios que provoca la infección por el SARS-CoV-2, y esta afirmación no es un soplo triunfalista para barnizar los problemas aún sin resolver en nuestros servicios médicos, sino una incuestionable realidad.

Por ejemplo, la variante detectada en la India, que ya predomina en nuestro país, casi es tan transmisible como la varicela, y luego de un contacto intrafamiliar con una persona infectada, más del 90 % de los sujetos susceptibles la desarrollan, según explica el artículo titulado «Delta constituye el mayor riesgo actual para el mundo y la evolución de la pandemia», publicado en el sitio del Ministerio de Salud Pública de Cuba. En ese mismo trabajo se precisa que es 1000 veces más contagiosa que el SARS-CoV-2 original reportado en Wuhan.

Ilustración de Alfredo Martirena sobre la necesidad de controlar la pandemia de COVID-19.
(Ilustración: Alfredo Martirena)

Para que tenga una idea, la primera persona infectaría a seis o siete, y luego cada una de ellas a seis o siete más. Después de tres rondas de transmisión los casos aumentarían en 342. ¡Brutal!

Mientras analizaba estas estadísticas que publicó en su página de Facebook el ministro de Salud Pública, Dr. José Ángel Portal Miranda, pude entender la magnitud descomunal de este reto sanitario del que no podremos salir vencedores sin la cooperación de TODOS, así, en mayúsculas.

Hace poco más de un mes, el titular del sector estuvo en la provincia e insistió en la necesidad de evitar los contagios, en la importancia de no enfermar; pero, para evadir los dardos de un virus que anda y desanda a troche y moche, volvemos a la imperiosidad del autocuidado colectivo y consciente, y hago énfasis en lo de colectivo, pues basta con la indisciplina de uno para que la familia entera enferme, incluidos los más vulnerables, esos que llevan meses sin salir.

Sin embargo, la percepción de lo que es «cuidarse» pende de la información que se maneje sobre el virus. Como nunca antes en la historia de la humanidad, el conocimiento está disponible a la velocidad de un clic en el amplio mar de internet; sin embargo, la desinformación pulula y así te encuentras con quienes dicen que no se vacunan «porque alguien dijo en una directa en redes sociales que...», y te espetan cualquier barbaridad.

Antes de tomar una decisión de tamaña magnitud, busque lo que dice la ciencia, y entonces, luego de leer, indagar, estudiar, sabrá que las vacunas son el arma más poderosa con la que contamos, y claro, se podrá enfermar una vez vacunado, pero tiene más posibilidades de salir ileso. Por ello, vacunación y cumplimiento de las medidas sanitarias tienen que ir de la mano si queremos comenzar a ver la luz al final del túnel.

Existen personas que se infectan por fatalidad, basta un pequeño desliz para que se cuele el maldito nuevo coronavirus. Otros, de los que decían cuidarse «como gallos finos», llevaban un solo nasobuco y mal puesto, tomaban café en la casa de la tía, atendían a personas en la puerta sin mascarilla, no se bañaban al llegar de la calle y menos dejaban los zapatos a la entrada y la ropa sucia en un lugar destinado para ello. Así iban y venían, poniéndose en bandeja, buscando su lugar en las estadísticas.

Para poder cuidarse de verdad hay que ser consecuentes en la prevención de un virus hípercontagioso, ante el cual bastan unos segundos de exposición para contraerlo. No llevar nasobuco o bajarlo para beber agua en la oficina puede ser fatal. Compartir con varias personas un espacio reducido con aire acondicionado constituye un error garrafal, aunque pierdas la epidermis de las manos de tanta solución clorada. Abra las ventanas, deje que corra el aire natural, mantenga la distancia establecida.

Todavía existen jóvenes que piensan que lo van a pasar como un simple catarro. Error. Ancianas centenarias han sobrevivido, mientras hombres fuertes y macizos como troncos de árboles maderables han caído ante los ojos de una familia herida por el duelo.

Incluso, en el trabajo «Mirada a la COVID-19 en Cuba desde la anatomía patológica», también publicado en el sitio del Minsap, explicaron que «ya no se habla de la COVID-19 como una enfermedad respiratoria, sino vascular, porque los receptores del patógeno están presentes no solo en el aparato respiratorio, sino en las células epiteliales y endoteliales, lo cual explica que varios órganos sufran algún tipo de deterioro».

A pesar de lo peligrosa que es la virosis, todavía encontramos a diario comportamientos indolentes. Familias que son más positivas que un protón y mandan a sus hijos a jugar afuera, los cuales no están exentos de enfermar de gravedad y pueden ser entes supercontagiadores, aunque no refieran síntomas. Otros, con manifestaciones clínicas evidentes y hasta con la confirmación, hacen de todo menos cuarentena, y ante la más mínima mejoría van incluso de visita o las reciben. Solo exceptúo de cualquier requerimiento a quienes, aun a sabiendas de que están enfermos, tienen que salir por urgencias de la salud propia o de sus familiares más allegados.

Es cierto que no todos pueden encerrarse en casa. Siempre habrá que hacer colas, ir al trabajo; pero también hay que redoblar las medidas, usar doble mascarilla o careta de ser posible, mantener la distancia, evitar los espacios cerrados, desinfectar los objetos al llegar al hogar y darse un buen baño, incluido el cabello, para saludar a la familia.

Vivimos momentos desgastantes, es cierto; pero necesitamos vencer y, para lograrlo, urge tomar medidas, decisiones respaldadas por la ciencia. Menos gurús de redes sociales y más criterios verificados y fidedignos de científicos reales.

Es hora de dejar de señalar lo que deben hacer los otros y mirar qué estamos haciendo. Cada uno de nosotros es una pieza clave para acabar de darle jaque mate a un virus que cada día nos descompleta los anhelos de felicidad.

Se han publicado 3 comentarios

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  • Kristell

    Super hype el artículo ?. Felicidades?

  • Julio

    Excelente trabajo, si todos cumplieramos con estás medidas ya no tendríamos virus

  • José Agustín hernandez

    Muy bien todo , gracias