¿Hasta que se seque el Malecón?

El Instituto Cubano de la Música pautará el consumo musical en los espacios públicos donde, hasta ahora, se amplifican temas musicales de dudosos valores.

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Puede que intentes el esfuerzo mayor. Puede que escondas la cabeza en un hoyo, como el avestruz. Y será en vano. En el taxi, en la guagua, en el parque y hasta en centros culturales desorientados, cualquier música estridente descontrola el bullicio de la ciudad.

Sucede que alguna gente en todas partes tiene el buen propósito (digamos) de «musicalizar» la vida de los demás mortales. Pero de buenas intenciones, ya lo sabemos, también está empedrado el camino del infierno musical.

Caricatura de Martirena sobre música en espacios públicos
(Ilustración: Martirena)

Y a veces vale poco la pena analizar el concepto tradicional de música; es decir, la combinación coherente de sonidos y silencios basada en los principios de la melodía, la armonía y el ritmo. Porque el género musical que sea puede convertirse en castigo cuando uno está obligado, sin más remedio, a oír «lo que suena». Claro está, la tortura auditiva tiene gradaciones.

A mí, con perdón de los amantes legítimos de cierta música, me parecen tan punitivos Rudy La Scala como Kola Loka, a las 12:00 del día, en una guagua, bajo el sol, entre la multitud apilonada. Pero habrá —nadie lo dude— quien no soporte la música clásica o la canción cubana. Y habrá también quien diga que ni una ni otra son apropiadas en un camión intermunicipal. Y venga entonces el pop norteamericano o los últimos temas de The Voice.

Si bien en Cuba existen regulaciones que pautan los decibeles máximos de la música reproducida en espacios públicos no idóneos, no existe ninguna norma que disponga qué contenidos se deben —o pueden— amplificar en esos mismos espacios. Es decir, en otras palabras, que hasta ahora ninguna regla limita al chofer de una guagua o de un taxi particular para amplificar a todo volumen un tema machista, racista, homofóbico o carente de los más mínimos valores musicales.

En la era de la democratización tecnológica, donde los individuos disponen de sus propios medios reproductores (celulares, tabletas, memorias, laptops…) y deciden lo que escuchan y reproducen, el Ministerio de Cultura y la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) han dedicado atención al tema del consumo musical en espacios públicos. Recientemente, una de las vicepresidentas del Instituto Cubano de la Música (ICM) compareció ante el Noticiero Cultural para informar que su institución trabajaba con denuedo en la creación de una pauta jurídica capaz de limitar el consumo público e inadecuado de la música.

Y el lector quizá piense que ninguna persona y ningún organismo estatal pueden prohibir lo que uno prefiera escuchar en materia musical. Y tiene razón si cree que el ICM no podrá interferir en lo que cada cubano escucha entre las cuatro paredes de su casa. Pero el ICM sí podrá —y debe hacerlo de una vez— ordenar lo que unos y otros escuchan en la calle, en los medios de transporte o en otros espacios comunes.

Y aclaro que no se trata practicar una prohibición —que sería contraproducente—, sino de instaurar las más básicas normas de civilidad. Lo que se amplifique en tiendas, establecimientos gastronómicos particulares o estatales, edificios públicos, y hasta en la radio y la televisión, debe estar sujeto a la calidad de los productos musicales y a los contenidos éticos de esos materiales. Y cada ciudadano debería tener el derecho de demandar o quejarse a unas y otras instancias ante la reproducción de productos discriminatorios, banales, denigrantes o lo que sea.

Por otro lado, los propietarios particulares de medios de transporte o los cuentapropistas dueños de restaurantes y cafeterías deben comprender que al recibir la aprobación estatal para prestar uno u otro servicio, su vehículo o su salón se convierten en espacios públicos. Y en teoría no pueden instaurar su dictadura musical alegando que ese es su negocio, «y si no te gusta, vete». En la práctica los comensales o los pasajeros, en cualquiera que sea el caso, podrían oponerse a la reproducción de temas musicales groseros (como El chupi chupi, ¿lo recuerdan?) o denigrantes (como Pollo por pesca’o, de Kola Loka).

Ahora, habrá que estar atentos para ver quiénes, con qué nivel de responsabilidad, harán cumplir las normas jurídicas establecidas en el futuro cercano. Pues aunque ahora mismo el volumen máximo posible está limitado según disposiciones del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), no aparecen noticias de ruidosos infractores multados por el cuerpo de inspectores de cualquier gobierno municipal o provincial. ¿Alguien sabe?

En este instante parece que seguirán sonando en todas partes, indiscriminadamente, las rítmicas estridencias del reguetón; cualquier cubano pondrá en las cuatro esquinas de cualquier pueblo sus bafles, «a todo meter»; y cualquier chofer subirá al máximo a Will Campa, notable especialista en denigrar a la mujer. Y la paz de los silenciosos será perturbada. Hasta un día (próximo), cuando lleguen las normas y manden a parar, a disminuir, a respetar. Y para eso, digo yo, no hará falta que se seque el Malecón.

  • China

En Sagua la Grande pusieron la Wifi frente al parque, y la música del Liceo la ponen tan alto que es imposible escuchar lo que te hablan cuando estas conectado, que difícil se nos hace a todos coger el centro, si no es que no llegamos pués entonces nos pasamos.

  • cubana

amigo, ya esto es INDISCIPLINA VIAL, no respetan al anciano, al nino, a las personas que se trasladan a diario y no estan atendiendo al timon donde llevan personas, son choferes inrresponsables, en La Habana sucece en su totalidad de los omnibus y en los almendrones, es un carnaval todo el año y todo el dia. Creo que los agentes de seguridad del transporte , transito, debian aplicar sus medidas disciplinarias para que esto no suceda, eliminar la musica escandalosa en el transporte.

  • Rafael S. Ortega

Sr. Leonel Torres, no creo en absoluto que Cuba sea uno de los países más instruidos del mundo, aunque si pienso, que en años pasados existía una buena educación.

  • Leonel Torres

La cultura, el respeto, el buen gusto y la educacion de las personas no se puede legislar ni imponer. Cuba es uno de los paises mas instruidos del mundo, pero de los menos educados. Nadie puede imponerle al vecino qué musica escucha, pero si se le puede decir que baje el nivel de audio de su aparato y si no lo hace, entonces se entenderia que Ud. tiene el derecho de buscarse un altoparlante bien grande y sintonizar a todo volumen Radio Reloj. Si va en una guagua o en un transporte cualquiera y hay alguien q escucha musica ok, pero si lo hace para todos, hay que decirle que la baje.Si va en un taxi que esta pagando y le ponen un tema que no le gusta con decirle al chofer que lo quite tiene, personalmente lo he hecho.Pero el ejemplo mas clasico son las ferias del Sandino: qué culpa tienen los vecinos del 12 plantas de que en establecimientos del estado la musica se ponga a todo lo que da o de vecinos del Rpto. Escambray que en la pista de la Doble Via haya musica hasta la madrugada. No! Los espacios publicos hay que respetarlos y el derecho de los otros hay que respetarlos. En una fiesta particular es normal que haya musica y que la gente se divierta, pero eso tiene limites en volumen y en hora. Cuba forma parte del mundo y esas aptitudes son el reflejo de indisciplinas sociales que las autoridades tienen que eliminar, de lo contrario que la gente siga haciendo lo que les dé la gana. Lo mismo ocurre con la ingestion de bebidas alcoholicas en la via publica. En todo el mundo civilizado eso no se puede hacer, en todo el mundo civilizado el nivel de decibeles se respeta y cuando alguien o algo lo supera, se llama a capitulo y se exije.Ah, pero entonces habra que dotar también de silenciadores a no sé cuantos camiones, motonetas chinas, guaguas y demas. De igual forma, habra que bajar el nivel de decibeles a los mismos empleados de los hospitales que lo mismo meten un grito en el medio del pasillo de cuidados intensivos que en una sala del infantil, para que exijan a los pacientes de turno en los hospitales que hablen en voz baja para evitar la locura en los salones de consultas que son una locura. Por otra parte, los maestros de primaria y de circulos infantiles deben acostumbrarse a hablar con un tono de voz adecuado sin chillar y traspasarle esa buena costumbre a los ninos. Nada, que en educacion formal se ha perdido mucho y yo diria que estamos casi al borde del descalabro y se impone mucha, pero mucha educacion civica.

  • jorge

lo podran legislar, pero por tradicion con casi todo no se va a cumplir, y no hay nadie que lo vaya a hacer cumplir, vivir para ver, seguiremos siendo una ciudad de animales.
quien va a llegar a un establecimiento particular y le va a decir al dueño que no debe poner esta u otra musica¿? aunque le ense­ñe lo dispuesto sabemos la respuesta, !!! aqui mando yo y estoy en mi negocio particular. vuelvo a repetir VIVIR PARA VER
cuando las acciones no se frenan desde el primer momento es dificil ponerle coto despues.

  • juan lopez

Regular el nivel de decibelios está muy bien por la salud auditiva de los ciudadanos, pero no creo que se deban prohibir temas musicales, nuestro pueblo que es sabio, sabrá diferenciarlo y no escuchar aquello que no este bien, muchos años tuvimos prohibiciones de música y de cantantes, eran otros tiempos, por eso miremos al futuro, y no al pasado, un saludo Juan