Música en los oídos: ¡A un gustazo!…

Activar los reproductores al 50 % del volumen máximo y exponernos a los audífo­nos solo dos horas al día… ¿Mis oídos merecen este sacrificio?

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Desconectarse del mundo. Esa es la esencia. Caminar por la calle y olvidarlo todo. Puede venir el apocalipsis, que uno ni se inmuta mientras el cantante favorito suena en los oídos y solo existimos para el hit del momento, una antigua canción de amor, la sinfonía que uno prefiere desde niño. No importa. Lo que realmente se necesita es no pensar.

Ilustración de Martirena sobre uso de audífonos.
(Ilustración: Alfredo Martirena)

Y la verdad, resulta agradable. Que lance la primera piedra el de esta generación que no vea en los audífonos la gracia adquirida de volar al firmamento mientras caminamos por la calle. Me incluyo y con creces. Porque a ratos me introduzco en la ruta 8 de Santa Clara con la premisa de no percibir ruido ambiente alguno. Porque la música, ese arte del sonido que permite reducir el entorno a siete notas, es un regalo divino cuando los oídos no desean escuchar nada más.

Que más quisiera que no apagar nunca el celular, o el smartphone, o el reproductor MP3, sea cual fuere el caso. Por eso les confieso que me preocupé mucho cuando comencé a investigar para escribir este texto. En ese momento me hallaba con los audífonos conectados a la computadora y me los descoloqué despacio, al tiempo que reflexionaba acerca de una vida sobresaturada de estos dispositivos, pues no se puede olvidar el viejo proverbio popular que alude a la fatalidad de todos los excesos.

Poco a poco pensé en la manera de cambiar un tanto las rutinas diarias que incluyen la escucha a través de estos artefactos —tan bonitos algunos (me encantan esos enormes que se arquean en la cabeza y cubren toda la oreja; dan un look muy vintage). Pero el ruido es considerado un factor de contaminación atmosférica en la era moderna que afecta al ser humano tanto de forma emocional como física. Todo empeora cuando lo colocamos justamente dentro de los oídos.

La misma forma de los audífonos influye en los niveles de afectación. Aquellos diseñados en lo fundamental para cubrir el pabellón auditivo pueden ser de los más dañinos, pues no permiten que el sonido salga y se replique. Los pequeños tienden a ejercer mayor presión sonora y el sonido se debe aumentar más.

La amplificación es como el camino que nos lleva hasta el infierno, porque en esa ansia de escuchar mejor nos exponemos a niveles de sobresaturación sonora al que nuestro cuerpo no está preparado. Unos 85 decibeles podemos tolerar, que es el equivalente al ruido del tráfico intenso, pero la mayoría de los dispositivos pueden superar los 100 decibeles en el volumen máximo, similar al sonido estridente de un avión al despegar o de cataratas de gran magnitud donde no abundan especies vivas de alto desarrollo evolutivo.

Mientras todo ese ruido pasa por los órganos auditivos y nuestra mente se dispara hacia otras dimensiones, podemos caminar por las calles sin plena conciencia del entorno. Y no escuchar una petición de permiso, un saludo de un viejo amigo. Y no ver un hueco en la acera donde se anclará el pie. Y perder la vida por cruzar la calle sin fijarnos en los autos.

Decidí reducir mi tiempo de audí­fono, primero, porque la carga desenfrenada de sonidos cala hondo en la psiquis, altera, produce estrés. Y el estrés es la pandemia del siglo xxi, con serias enfermedades derivadas. Suficiente tenemos con la cuota diaria que la modernidad nos brinda. O al menos eso sugieren informes de la Organización Mundial de la Salud.

Pero, además, pasarme el día con los audífonos conectados al oído me hace propenso a llegar a los 50 años con padecimientos o enfermedades normalmente diagnosticadas a los 70, como el tinnitus (zumbido constante en los oídos que puede llegar a sentirse en toda la cabeza), y la hipoacusia, que es la incapacidad para escuchar una serie de sonidos, por lo general agudos.

A ese consenso han arribado especialistas a nivel mundial, quienes alegan, también, el tránsito de la generación nuestra hacia esos confines (en algunos países se habla de epidemia de pérdida de la audición).

La exposición a los decibeles antes mencionados causa daños irreparables en el oído interno, muchos de los cuales no se sienten a corto plazo, sino después. En las investigaciones consultadas para este comentario se alegaba que incluso la afectación en los jóvenes ya puede estar presente, pero aun imperceptible, y descubrirse con el paso del tiempo hasta llegar a ser irreparable.  

Prefiero acogerme a los consejos de especialistas de todo el orbe, que recomiendan activar los reproductores a solo el 50 % del volumen máximo y exponernos a los audífonos solo dos horas al día (empecemos por hacerle caso a la recomendación de volumen que Android nos propone).Porque ahora resulta muy agradable desconectarse del mundo mientras andamos en las calles; sin embargo, puede llegar el momento —además, prematuro— en que escuchar sea solo un grato recuerdo de la juventud y la música, un placer perdido. 

  • cubana

si puedes escuchar con audifonos, pero sin drespreocuparnos que estamos en la calle o en una oficina de un centro de trabajo, donde tienes que atender a personal publi co, y si estas transitando en la calle tener precaucion con el trafico. en la Habana, han ocurrido accidentes lamentables que han perdido la vida personas, en este caso han sido adolescentes cruzando la calle (entretenidos totalmente) con los audifonos y les ha costado la vida.

PORFA NO USAR audifonos en la calle, sientate en un parque o en tu casa a escuchar de tu buena musica. o si vas en un omnibus esta bien, puedes utilizarlo. PERO EN LA CALLE NO, cuida de tu salud.