Cerrojos endebles

El combate a las ilegalidades precisa que se adecuen muchas disposiciones legales que determinan multas irrisorias y otras medidas benévolas contra los infractores.

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No hay duda de que en Villa Clara aumentan las acciones dirigidas a contrarrestar ilegalidades que alimentan los sueños de quienes aspiran a convertirse en ricos de nuevo tipo.

En los últimos días, el Ministerio del Interior (Minint) neutralizó a 53 reincidentes dedicados a la venta ilegal de productos alimenticios e insumos industriales. En total, 18 las acciones desplegadas en la cabecera provincial, así como en los municipios de Remedios, Placetas, Encrucijada, Manicara­gua, Sagua la Grande, Corralillo y Santo Domingo.

Ilustración de Alfredo Martirena sobre lucha contra ilegalidades.
(Ilustración: Alfredo Martirena)

Una redada que incluyó ocho casas almacén, otras seis dedicadas a la elaboración de renglones ilícitos y cuatro puntos de expendio que supuestamente «nadie» había detectado con anterioridad. La lista de lo ocupado incluye desde leche en polvo, pastas alimenticias, dulces finos, bebidas gaseadas hasta cemento, y piezas y accesorios de motos.

Cuba es un país cargado en leyes, decretos, y regulaciones cuyos artículos abarcan casi todas las esferas de la sociedad. Hay que cuestionarse entonces hasta qué punto lo legislado «funciona» ante comportamientos que evidencian carencia de valores, y generan no pocas in­disciplinas sociales en detrimento de las virtudes que priman en la mayoría de nuestros ciudadanos.

Muchas de estas normas están obsoletas o demandan ser «oxigenadas» cuanto antes. Me detengo en la aplicación del Decreto Ley 315, que impone multas de hasta 1500 pesos en moneda nacional a los transgresores.

Sin embargo, no queda más remedio que sonreír cuando vemos lo irrisorio que resulta la cuantía, equivalente a 60.00 CUC.  Lo insignificante del saldo ni siquiera cala en el alma de aquellos que viven a costa de Liborio, obligado a hacer verdaderos milagros para estirar el escueto salario que llega a su bolsillo de mes en mes.

Una multa casi simbólica. Preguntémonos a cuánto asciende la ganancia diaria de los infractores.

Si bien el que expende de manera ilegal atenta contra el orden establecido, más peligroso es aquel que le roba al Estado, sirve de intermediario o se hace de la vista gorda con el objetivo de vender lo mal habido en el mercado subterráneo.

¿De dónde salieron esa leche en polvo, el cemento y las pastas? ¿Acaso cayeron como el maná, del cielo? ¿Se descubre solo mediante operativos, o se conoce en las cuadras dónde están sus facilitadores?

Se trata de fisuras existentes en los eslabones de la sociedad, fallas que abren las puertas a hechos delictivos de toda índole.

De nada valen las advertencias de la Contraloría General de la República de Cuba si los controles internos en múltiples entidades siguen dejando brechas que alimentan el desorden.

Facturas ficticias, comprobantes adulterados, firmas no autorizadas, en fin… lo ideal para que la corrupción prosiga a sus anchas y con ganas de ampliar el horizonte.

Los cubanos dignos desean terminar con las ilegalidades de una vez.

Pienso que enviando individuos a prisión no se resuelve el problema. De algún modo ello significa el descalabro de todo un aparato educativo, el fracaso de la persuasión.

Existen proyectos muy bien definidos, pero me parece que a veces quedan en el plano teórico y de las lindas metáforas, y, en cambio, distantes de la efectividad de las buenas prácticas y costumbres.

Se habla mucho de la convivencia. Insistimos en los beneficios de los proyectos comunitarios, en la educación de las nuevas generaciones, en compartir los buenos modos en el barrio; sin embargo, es en la familia donde a veces las raíces tuercen a otros rumbos, y nadie ve, ni sabe ni dice nada.

Y habría que hablar de la escuela y de su rol en formación de los hombres del futuro. La cadena es muy larga e incluye los malos ejemplos que se respiran en ciertos hogares y alientan al delito. Tampoco puede excluirse la mirada atenta de las organizaciones de masas, las acciones de determinados del cuerpo de inspectores, que no siempre actúan claro ni de manera tajante.

Repito, andan flojos los eslabones de la cadena. Hay resquicios sin cerrar, apoyados por paternalismos, quietudes y el síndrome de no sé nada porque «no es mi maletín».

Y si los individuos incurren en conductas ilícitas reiteradas, a pesar de advertencias anteriores, habrá que valorar con qué tipo de paño se abordó el asunto.

Quien se respeta y cree en la dignidad humana no vuelve a tropezar con la misma piedra, siempre que la lección haya sido impartida con buena dosis de magisterio.

Además, habrá que insistir en la disciplina y el orden con algunos directivos y autoridades que carecen del mayor prestigio en el cumplimiento de sus funciones.

Hay que rescatar la ética, la moral ciudadana; luchar contra las conductas individualistas, contra las posiciones egoístas de quienes, por encima incluso de la ley, solo están interesados en la acumulación exorbitante de billetes.

Corresponde a todos —entre todos— emprender cada día más acciones en favor del bien, de la comunidad y de la patria. Cuba necesita como nunca de sus hijos.

No pueden quedar eslabones sueltos ni candados a medio cerrar.

Son esos cerrojos endebles los que viabilizan el tránsito hacia la delincuencia y la carestía moral del ser humano.

  • israel moreno lopez

muy buen tema,y de mucha actualidad, y la caricatura de martirena, muy buena, lo dice todo,saludos a todos en el periodico