Respuesta a Donald Trump

Ante las ofensivas palabras del recién electo presidente de Estados Unidos a Fidel, la respuesta es que son momentos de dolor, pero no de claudicación.

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(Caricatura: Martirena).

Hay ofensas que no se responden, porque no vale la pena o por cualquier otra razón. Otras sin embargo, no pueden quedar sin la necesaria réplica.

Con el fallecimiento de Fidel, la reacción mundial ha sido enorme. Millones y millones de hombres y mujeres del planeta, de disímiles ideologías y credos, se han sumado al dolor de nuestro pueblo.

La grandeza del líder cubano ha sido reconocida desde el Papa Francisco hasta el más humilde de los mortales. Miles han sido los mensajes de pésame y de agradecimiento a la obra humanista del Comandante en Jefe y millares las muestras de cariño y apoyo a una vida dedicada al sacrificio y el darse a los demás.

Sin embargo, la prepotencia o, quizás, su opuesto, la impotencia, unida a una gran dosis de desconocimiento e incultura política, llevaron al recién electo presidente de los Estados Unidos, el magnate Donald Trump, a emitir declaraciones ofensivas contra nuestro Fidel, una afrenta que no puede quedar sin contestación, aunque ya de por sí, la vida y obra de nuestro Comandante en Jefe sea la mejor, y más contundente, vindicación.

De un inicial, y lacónico, mensaje en su cuenta de twitter, que decía: ¡Fidel Castro está muerto!, Trump pasó al campo de los improperios, insultos y ultrajes. Calificó a Fidel  de “brutal dictador” que dejó un legado “de escuadrones de fusilamiento, robo, sufrimiento inimaginable, pobreza y la negación de los derechos humanos fundamentales”, y aseguró que su “gobierno hará todo lo posible porque el pueblo cubano pueda finalmente iniciar su viaje hacia la prosperidad y la libertad”.

También el “político” norteamericano, llegado a la presidencia por un sistema obsoleto, que desconoce el voto popular, pues alcanzó unos dos millones menos de votos que Hillary Clinton, afirmó de manera arrogante su agradecimiento a la Brigada 2506, aquella mercenaria derrotada en Girón, en menos de 72 horas; 66, para ser exactos.

Así escribió Trump en su ofensivo mensaje: “Me uno a los cubanoestadounidenses que me respaldaron durante la campaña presidencial, incluyendo la Asociación de Veteranos Brigada 2506 que me dio su apoyo, con la esperanza de que un día pronto veamos una Cuba libre”.

Pero, como el propio Fidel, les conocía muy bien, no en balde vio pasar victorioso más de 10 administraciones yanquis, y sabía al dedillo del molde que están hecho sus presidentes, tuvo la genialidad de, al responderle a George Bush, en junio de 2004, darle también la merecida réplica a las estupideces del ahora sucesor republicano, Donald Trump.

En su carta a Bush, de junio de 2004, leída ante 1,200 000 cubanos, Fidel afirmó: “Usted agrede a Cuba por razones políticas mezquinas, en busca del apoyo electoral de un grupo decreciente de renegados y mercenarios, sin ética ni principio alguno.

“Usted acusa de tiranía al sistema económico y político que ha conducido al pueblo de Cuba a los más altos niveles de alfabetización, conocimientos y cultura, entre los países más desarrollados del mundo; que ha reducido la mortalidad infantil a un índice menor que el de Estados Unidos, y cuya población recibe gratuitamente los servicios de salud, educación y otros de gran trascendencia social y humana.

Usted, “Ignora por completo que al pueblo digno y altivo que ha resistido 45 años la hostilidad, el bloqueo y las agresiones de la potencia más poderosa de la Tierra, ninguna fuerza del mundo podría arrastrarlo como un rebaño, atado cada uno de ellos con una cuerda en el cuello”.

Y concluía Fidel, restregándole en la cara a Trump, perdón, a Bush: “No pretendo ofenderlo con estas líneas, ya lo dije. (...) Puesto que usted ha decidido que nuestra suerte está echada, tengo el placer de despedirme como los gladiadores romanos que iban a combatir en el circo: Salve, César, los que van a morir te saludan”.

Cuanta hidalguía en esas palabras. Ninguna ofensiva, ninguna atacando  a la persona, como hizo el tal Donald, sino a las ideologías que representan. Con la convicción de estar dispuesto a probar cada una de ellas, y defenderlas, con su propia vida. En la primera trinchera del deber.

Ahora Fidel ha desaparecido físicamente, pero esas ideas suyas expuestas en acto multitudinario al ex mandatario George W. Busch mantienen total vigencia. En aquella ocasión, concluyó el líder histórico de la Revolución Cubana con estas viriles palabras: “Sólo lamento que no podría siquiera verle la cara, porque en ese caso usted estaría a miles de kilómetros de distancia, y yo estaré en la primera línea para morir combatiendo en defensa de mi patria. En nombre del pueblo de Cuba, Fidel Castro Ruz.

Hoy, en su persona, hablamos millones de hombres y mujeres dispuestos a seguir su legado. A morir por la causa que él defendiera. Son momentos de dolor, pero no de claudicación.

Hay ofensas no se responden, pero otras, como esta, no podían quedar sin ella. Fidel y Cuba somos todos. Sépalo señor Trump. Hasta la victoria siempre.