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Delicias marinas

La vida en el Acuario Delfinario Cayo Santa María, en Villa Clara, demuestra el cuidado extremo del entorno sin afectar el hábitat de las especies.

Público junto a los delfines del Delfinario de Cayo Santa María, en Villa Clara.
La afluencia de público oscila según la temporada. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
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Nicky y Ángel constituyen una pareja. Al parecer son felices. Ella tiene cinco años, mientras él la supera en uno. Bailan al compás de un mambo o de un rock and roll, pero también del ritmo trepidante de una salsa, de la movida Macarena o de un reposado bolero. Todo pudiera resultar normal, mas lo peculiar en esta historia trasciende porque el binomio no pertenece a la especie humana, son delfines protagonistas del show en el Acuario Delfinario Cayo Santa María.

Una y otra vez Nicky y Ángel tocan balones a gran altura, saltan entre aros de manera espectacular o sorprenden con sus acroba­cias, y demuestran lo científicamente confirmado: la inteligencia de estos mamíferos es tan grande que los sitúa en segundo lugar después del hombre y por encima de los simios, en tanto sus facultades para el aprendizaje figuran entre las más impactantes del Planeta.

Salto de delfín en el Delfinario de Cayo Santa María.
Los delfines entretienen al público con sus saltos y acrobacias. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Hace apenas dos meses y medio una bióloga de profesión, graduada de los cursos de Gaviota de Gerencia y Gestión Turística, asume la directiva del centro. Nunca lo imaginó, pues prefería la biología crimina­lística, ejercida antes en La Habana durante cuatro años. Al llegar a esta porción del noreste villaclareño la vida de Aniusky Navarro Broche cambió. Ahora siente como suyo ese universo que protege junto a su avezado colectivo.

Entre pasarelas y piscinas

La institución, perteneciente al Grupo Marina Gaviota Cayo Santa María, abrió sus puertas en 2011. Por entonces solo disponían de cuatro delfines trasladados desde Varadero, en viaje de unas seis horas que transcurrió sin dificultades, como rememora Mario Toledo Legón, director general del Grupo. Una travesía que trataba de evitar sufrimientos a los ejemplares, y lograr la rápida adaptación al nuevo hábitat.

Delfines en el Delfinario de Cayo Santa María, en Villa Clara. Pelícano, en Cayo Santa María, Villa Clara. Lobo marino y su entrenador, en Delfinario de Cayo Santa María, Villa Clara.
Junto a los delfines o toninas también conviven en el Delfinario diversas variedades de peces, pequeños tiburones, tortugas y hasta pelícanos pardos (Pelecanus occidentalis) que refrescan de manera transitoria en viaje desde o hacia la Florida. Allí también está Julio, el león marino que llegó en diciembre de 2011 procedente de Holguín y que espera pronto su compañera. Su espectáculo figura entre las atracciones de la instalación. El delfinario abre a las 9:00 a.m. de lunes a domingo. Inicia con los programas de nado, show del lobo marino, espectáculo con delfines e interacción con los animales, sin descartar las excursiones que salen de la Marina en catamarán para contemplar las peripecias de los animales. 

Poco a poco llegaron otros inquilinos, entre ellos Isaac y Lucas, nacidos en esos predios y convertidos en las pequeñas mascotas de la institución.

Para Aniusky no existen preferencias. Todos los animales tienen su función y participan en la diversidad de programas habilitados que incluyen, además del show con delfines y el león marino, interacción grupal y baño en las piscinas, junto a otras acciones según las cualidades demostradas por cada uno.

Memorandum

♦ Por su sociabilidad e inteligencia, el delfín mular o nariz de botella (Tursiops truncatus) resulta la especie más común y reconocida entre las más de 30 variedades existentes en la familia Delphinidae.

Delfin salta en el agua, en Delfinario de Cayo Santa María.♦ Según estudios, el animal vive de 35 a 40 años. Nadan a una velocidad de 5 a 11 km/h, mientras que en tiempos cortos pudieran alcanzar un rango máximo de 35 km/h.

♦ Las aletas dorsales varían en cada ejemplar. Tienen una sola descendencia cada dos o tres años, con períodos de gestación entre 11 y 12 meses, en tanto poseen cerca de 30 sonidos, que, unidos a los movimientos corporales, permiten su comunicación, aunque cada animal presenta uno característico con el cual se identifica.

♦ Esta variedad puede entrenarse para fines diversos. La propia marina estadounidense los utiliza en la detección de minas, protección de las instalaciones y ataque a enemigos, entre otros. 

Entre los versados entrenadores aparece Daniel Sampedro Rodríguez, uno de los amigos de Julio, el único león marino existente, por ahora, en el lugar. Él sabe de similitudes entre delfines y leones como mamíferos marinos y de semejanzas a la hora del aprendizaje, pero también de marcadas diferencias en las plataformas de entrenamiento, pues en el caso de los lobos marinos admiten tanto el medio acuático como la tierra; sin embargo, los delfines solo pueden hacerlo en el agua.

«Estos —precisa— no responden a los nombres, trabajan con señales visuales; en cambio, los lobos o leones del mar admiten familiarizaciones con sonidos y reconocen su identificativo».

Ya el establecimiento villaclareño dispone de 15 delfines con sorprendentes comportamientos. Desde el punto de vista sexual son los únicos que realizan el acto por placer en el medio acuático. «Son bastante promiscuos. Pueden tener sexo macho con macho y hembra con su similar, y una característica de los masculinos es que pasan todo el año en estas prácticas para cuando la hembra esté en celo realizar el coito», explica Sampedro Rodríguez.

Amaestrar delfines es un arte cargado de paciencia y encantos. Hay que sentir extraordinario amor y vocación por lo realizado.

Cada jornada implica el reporte del estado anímico y de salud de los ejemplares, que cuentan con una pormenorizada historia clínica individual, así como con el suministro de medica­mentos y vitaminas orientadas. Tampoco se descuidan los exámenes sanguíneos ni la dieta suministrada con los componentes básicos a base de jurel, calamares y pescados de plataforma.

Un complejo universo que trata de evitarles el estrés, al tiempo que se analiza el estado de las aguas. Una vez concluidas las actividades cotidianas, los entrenadores se introducen en las piscinas para interrelacionarse con los ejemplares, como parte indispensable del enriquecimiento ambiental.

Con vientos y mareas

El Acuario Delfinario de Cayo Santa María no ha sufrido embates por fenómenos naturales; aunque dispone de las medidas y los planes contra catástrofes u otras contingencias. Tiene la dicha de que ningún ejemplar ha dado muestras de inadaptación y solo lamenta la pérdida de Juana, una loba marina que llegó al término de su vida debido a la avanzada edad.

Colectivo del Delfinario de Cayo Santa María, en Villa Clara.
Una representación de los 48 trabajadores de la instalación en sus diferentes categorías. Por su labor ostentan, por dos años consecutivos, el Premio a la Excelencia, concedido por la TripAdvisor, la web de viajes más grande del mundo; en tanto la Global Piret considera que de todos los delfinarios visitados en Cuba, es este el de más alto nivel. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Si de acciones conservadoras se trata, no pueden olvidar aquellos agónicos días en que una hembra se debatía entre la vida y la muerte. Al ejemplar se le vio durante un recalo en Ensenachos. Una mordida considerable de un tiburón, mar afuera, marcaba el fin de su existencia. De inmediato llamaron a la instalación para consultar su posible salvación.

«Ello nos puso en tensión. El colectivo de veterinarios y entrenadores se esmeraron con las curas prolongadas. La evolución era notoria, la salvamos, y Valentina nos dio la maternidad con nuestro primogénito Lucas, que ya tiene tres años, y fue el primer ejemplar logrado aquí en condiciones de semicautiverio», enfatiza Aniusky.

Ella muestra con garbo sus cualidades y aparece entre los artífices relevantes en los programas de interacción, aunque no oculte su enorme cicatriz visible en el dorso.

Delfines, en Delfinario de Cayo Santa María, en Villa Clara.
(Foto: Ramón Barreras Valdés)

Como animales al fin, quizás en determinados momentos exterioricen caprichos y se tornen majaderos; sin embargo, nunca han dado motivos para suspender un show. Quizás la moraleja de este mundo la aporta Wiliam León Naranjo, un joven entrenador con 11 años de experiencia, quien sustenta que el éxito con los delfines radica en la efectiva comunicación.

«Ellos saben discernir entre lo correcto y lo incorrecto. Los delfines no admiten castigos. Sería el método más frustrante para un guía, e induce a conductas agresivas. En lo individual, los animales me han enseñado la manera de comprender mejor al resto de los seres humanos porque ellos también constituyen una escuela».

Entonces vale la pena confraternizar en este entorno gracias a personas que, sin distingo de oficios, se convierten en excelentes protectores de sus delicias marinas.

Contrastes

Cada año los habitantes de la aldea japonesa de Taiji sacrifican 20 000 delfines, ballenas y otros pequeños cetáceos con los métodos más horrendos.

Ballenas muertas.
Las masacres de ballenas son comunes en varios mares del planeta. (Foto: Tomada de Internet)

La masacre arranca en alta mar para conducir a los animales hacia la bahía. Una vez allí son arrastrados a las aguas poco profundas a fin de realizar la matanza en medio de terribles agonías, sin importarles la gestación de algunas ballenas o delfines ni la existencia de pequeñas criaturas.

También en las Islas Feroe, situadas entre el mar de Noruega y el océano Atlántico Norte, existen espectáculos deni­gran­tes que toman la etiqueta de tradiciones «por diversión».

Muchos lugareños afirman que para iniciar la vida adulta, un adolescente debe matar a un delfín o una ballena.     

Sin embargo, en un punto norte de Villa Clara viven apacibles gracias a las bondades humanas que engrandecen la vida.

¿Tenemos o no nuestras Razones?

  • cubana

Estupenda labor y linda FELICITACIONES A ESTE COLECTIVO que tan preciado trabajo realizan para que el pueblo lo disfrute.

FELICIDADES !!!