Logo de Razones - Vanguardia

De cara a los ciclones

La temporada ciclónica está en curso hasta el 30 de noviembre. Según los modelos, resultará normal, pero habrá que esperar y mantenerse alertas.

Norka Zequeira, vecina de la localidad costera de Sierra Morena.
Norka Zequeira vivió de cerca los destrozos del huracán Michelle en Corralillo, y desde su nueva vivienda recomienda cumplir cada detalle orientado por la Defensa Civil. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
Visto: 1235

Han pasado varios años, pero Norka Zequeira Ronsoler a veces despierta con sobresaltos. Unos vientos superiores a los 150 kilómetros por hora convirtieron la madrugada del 5 de noviembre de 2001 en la más larga de su vida. Las ráfagas todavía retumban en sus oídos, y aún recuerda esa incertidumbre de esperar el amanecer, y ver qué traían los claros del día.

Un desgarro en el alma. Eso fue lo que sintió al percibir que de su hogar no quedó casi nada. Era una casita muy frágil, construida con madera en una pequeña elevación del poblado corralillense de Sierra Morena. Su mamá permanecía en silla de ruedas y rompió en llanto cuando le dijeron que todo fue barrido por la furia de un huracán.

«Jamás pensé que se me fuera a ir mi vivienda. Desde que se avizoraba la intensidad del fenómeno, la Defensa Civil emitió sus partes y nos protegió en un recinto confortable junto a mi familia. Eran como las 4:00 de la madrugada y tenía mucho miedo… Cuando terminó todo, los árboles estaban en el piso; incluso, la vivienda donde nos encontrábamos refugiados perdió el cuarto de desahogo que estaba detrás».

Inundación costera en Villa Clara.
Esta imagen dice más que mil palabras: inundaciones que penetraron al interior de rústicos recintos de la costa norte. (Foto: Cortesía del Centro Meteorológico Provincial)

A las pocas horas Norka y muchos de sus coterráneos fueron alojados en el campismo El Salto. En breve se produjo la visita de Fidel: «Tenía el presentimiento de que vendría y así fue. Nos dio mucho aliento. Fue una luz y una seguridad de que no quedábamos abandonados. Estoy en una foto cerca de él».

Nueve meses después, Norka y otros damnificados tuvieron sus nuevas viviendas en un asentamiento de Sierra Morena.

Instalación deportiva de Villa Clara afectada por un huracán.
Lo que quedó de una instalación deportiva villaclareña tras el paso de un huracán. (Foto: Cortesía Centro Meteorológico Provincial)

«Cuando vinieron las brigadas, me convertí en ayudante de la construcción. Ladrillos, bloques, mezclas… cargamos y realizamos de todo. El cimiento lo hice a fuerza de pico y pala. Me liberaron de mi trabajo y edificamos 18 departamentos en esta zona para más de 90 habitantes afectados por “Michelle”. Desde el 11 de agosto de 2002 vivo en la nueva casa».

Su agradecimiento lo hizo público, en nombre de todos. Lo patentizó cuando inauguraron las moradas, y también el 24 de agosto de 2002, como oradora en una tribuna abierta en Corralillo.

Norka Zequeira trabaja en la Empresa Pecuaria del norteño municipio, como especialista principal de veterinaria. Dice que pasarán los años, pero no aquel amargo recuerdo que le dejó un huracán despiadado. Por eso siempre aconseja obedecer las orientaciones emitidas ante la proximidad de situaciones como estas.

«Los efectos eléctricos los saqué antes, pero perdí mucho. No obstante, sigo teniendo la misma entereza de seguir, de avanzar, porque este país no abandona a sus hijos».

Entre pronósticos e incógnitas

Uno de los jóvenes que aman las ciencias meteorológicas es el máster Amaury Machado Montes de Oca. Quizás su pasión por descubrir los misterios e incógnitas sobre los ciclones tropicales —depresión (DT), tormenta (TT) o huracán (H)— lo lleva a investigaciones respetables sobre estos siniestros.

Embarcación arrastrada a tierra por ciclón en Villa Clara.
Una embarcación arrastrada hacia tierra fue otro de los destrozos de los últimos meteoros que afectaron Villa Clara. Para el actual año los nombres establecidos serán: Arlene (que ya ocurrió fuera de temporada), Bret, Cindy, Don, Emily, Franklin, Gert, Harvey, José, Katia, Lee, María, Nate, Ophelia, Philippe, Rina, Sean, Tammy, Vince y Withney. (Foto: Cortesía del Centro Meteorológico Provincial)

Lo primero que aclara es que si vamos al mundo de las estadísticas tendremos resultados no siempre exactos, porque los pronósticos pueden ser cambiables.

«Cuando se habla de una temporada ciclónica normal partimos del análisis de la cantidad de ciclones en toda la cuenca del Mar Caribe, el Golfo de México y el Océano Atlántico desde las costas africanas. Como dato curioso, sepa que en esa región ocurren 9.8 ciclones tropicales en más de 150 años, como media».

Memorándum

♦ Villa Clara ha sido azotada por 41 ciclones tropicales de 1886 a 2016. De ellos, 9 depresiones tropicales, 14 tormentas tropicales y 18 huracanes entre categorías 1 y 3. Ninguno ha llegado al estadio 4.

♦ La zona en que se han formado los fenómenos que más afectan al territorio son la del Océano Atlántico tropical y los límites de

♦ Desde hace 64 años no se sufre la afectación de un gran huracán. El último fue «Fox» (categoría 3) en octubre de 1952. Es de señalar que «Michelle» afectó a Villa Clara, con categoría 2, en noviembre de 2001. No obstante, penetró en la provincia de

♦ Cada 3.72 años se puede esperar la incidencia de un ciclón tropical sobre la porción villaclareña, mientras no se descarta la presencia de un huracán cada 7.79 años y uno intenso en 44.17 años.

♦ Algunos de los fenómenos que dejaron sus huellas por los predios durante las últimas etapas fueron: Kate (H, 1985), Elena (TT, 1985), Lili (H, 1996), George (H, 1998), Michelle (H, 2001), Dennis (H, 2005), y en 2008, Fey (DT) y Ike (H).

El experto del Centro Meteorológico Provincial aclara que en dependencia de ese valor aparecen las escalas. Si sobrepasa los 12 episodios, la temporada es activa. De 8 a 9 puede considerarse poco activa, y de 10 a 12 normal.

«Es un rango relativamente pequeño, por eso hay que mantener la alerta y estar pendiente a los partes de agosto, porque se definiría la formación o no del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), que resulta vital en la ocurrencia de ciclones».

Para los especialistas, lo más importante no es el número de posibles fenómenos que se formen en el área, sino la necesidad de estar preparados y aplicar las medidas de acuerdo con los estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgo (PVR) existentes en cada territorio.

A pesar de los efectos adversos, en este universo existen curiosidades que podrían considerarse menos graves. «Si acudimos a una base de datos que sobrepasan los 130 años, a Villa Clara la afectan los vientos de ciclón tropical cada cuatro años y en el caso de huracanes, cada ocho.

«Desde Ike, en 2008, no tenemos afectación ni vientos de tormenta tropical o huracán. Si recapitulamos, desde “Dennis”, en 2005, desconocemos el efecto directo de un huracán o tormenta sobre la provincia.

«Estamos a unos cuantos años de estos sucesos —enfatiza Amaury—, que ya sobrepasan la media calculada por las estadísticas. No adivinamos lo que pudiera ocurrir, y aunque las probabilidades de afectaciones han sido normales en los últimos años, recordemos que en la temporada de 2016 pasó “Matthew” como huracán de gran intensidad por el extremo de Guantánamo».

—¿Pudiera hablarse de preponderancias por zonas cubanas?

—La región occidental triplica en frecuencia de afectaciones la región oriental, y la central duplica el oriente cubano. En el último decenio casi todos los potentes huracanes pasaron por la zona oriental; aunque los mayores impactos siguen enfilando hacia occidente y centro, por lo que, en mi opinión, en cualquier momento debe afectar un ciclón.

En todo caso, habrá que esperar a la actualización de la temporada ciclónica en agosto, ya que el período septiembre-octubre resulta el más peligroso en cuanto al azote de ciclones tropicales para Cuba.

«Los modelos climáticos a largo plazo tienen una efectividad por debajo de los pronósticos diarios. Habrá que esperar si El Niño no se desarrolla o si lo hace pasado octubre. De ocurrir esto, la temporada ciclónica será más activa».

Contrastes

Katrina (agosto de 2015). Flora (octubre de 1963). Dos historias, dos épocas, dos latitudes, pero inmensas pérdidas. Uno, el mayor huracán en tocar tierra en los Estados Unidos. New Orleans, inundada en un 80 % por el colapso de los diques diseñados para prevenir que ocurrieran sucesos como este.

Flora, en cambio, sacudió la actual provincia de Granma para considerarse la segunda mayor catástrofe registrada en Cuba. 

Si bien en nuestro país existen los planes de emergencia muy bien diseñados, a lo que se suma la implementación de los estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgos, cada decisor y la población en general deben ultimar las medidas y prepararse antes de la temporada ciclónica.

¿Están en orden todos los detalles inherentes a la protección de la población y los recursos de la economía?

¿Cómo se mantiene el sistema de observación y prevención hidrológica, así como el estado técnico y de mantenimiento de los embalses y su nivel de llenado?

¿Se revisa la situación constructiva e higiénico-sanitaria de las presuntas instalaciones destinadas a albergues y a elaboración de alimentos?

¿Están presentes las acciones a ejecutar ante intensas lluvias, penetraciones del mar y fuertes vientos, a tenor de las vulnerabilidades estructurales de resistencia del fondo habitacional?

Son algunas de las preguntas a tener en cuenta para evitar descalabros como los del imborrable Katrina o el Flora, cuando aún no contábamos con la preparación necesaria para este último.

Revisemos a tiempo, para preservar vidas y recursos.

¿Tenemos o no nuestras Razones?

A partir de las explicaciones de Amaury, lo cierto es que no vale la confianza. Tanto las probabilidades como las experiencias nos hacen vivir de cara a los huracanes

  • Juan Antonio Hernández Caraballo

En Octubre de 1963 pasé el Ciclón Flora en la barrida de Bayate en Guantánamo, y aunque realmente el estrago mayor con sus abundantes lluvias fu en la actual Provincia de Granma puedo decir que para mi fue una experiencia inolvidable cuando solo tenía 15 años, y me encontrba en esa región en una recogida de café, que aunque estudiaba en La Habana los trabajos voluntarios lo haciamos en las provincias orientales. Era fuerte observar las fuerzas de las aguas a travéEn Octubre de 1963 pasé el Ciclón Flora en la barriada de Bayate en Guantánamo, y aunque realmente el estrago mayor con sus abundantes lluvias fu en la actual Provincia de Granma , puedo decir que para mí fue una experiencia inolvidable cuando solo tenía 15 años, y me encontraba en esa región en una recogida de café, que aunque estudiaba en La Habana los trabajos voluntarios lo hacíamos en las provincias orientales. Era fuerte observar las fuerzas de las aguas a través de los cañones de los estrechamientos de los ríos, y se veían luchando diferentes especies de animales en medio de aquellos torbellinos y ver cruzar vacas, carneros, y aves muertas a toda velocidad en aquellas corrientes. El viento en la ladera en donde se encontraba nuestro campamento no se hizo sentir mucho, pero no dejó de ser fuerte. Otro escenario de aquel momento impresiónate fue el destrozo de árboles, las plantaciones de plátanos destruidas, maderas preciosas destruidas prematuramente. También aquí en Villa Clara viví las embestidas del Kate y el Lili, pero esa es otra historia.s de los cañones de estrechamientos de rios, y se veian luchando diferentes especies de animales en medio de aquel torbellinos y ver cruzar vacas, carneros, aves muertas a toda velocidad en aquellas corrientes. El viento en la ladera en donde se encontraba nuestro campamento no se hizo sentir mucho, pero no dejó de ser fuerte. Otro escenario de aquel momento impresionatte fue el destrozo de arbles, las plantaciones de plátanos destruidas, maderas preciosas destruidas prematuranete. Tambien aqui en Villa Clara vivi lsa embestisdas de Kake y el Lili, pero esa esa es otra historia.