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Vamo´a pelearnos un ratico.... ¡y ya veremos!

¿No será que de tanto idealizar lo seguro terminamos creando un pequeño monstruo que toma cuerpo en las reconciliaciones?

Reconciliaciones de parejas
(Foto tomada de Internet)
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Lo seguro tiende a sobredimensionarse. Es un hecho, aunque del tipo fácilmente justificable. Nos ofrece cierta sensación de invulnerabilidad que, a decir verdad, se siente muy bien; implica un acercamiento a esa felicidad que nadie sabe definir, pero que constituye el fin íntimo de casi todos; existe para demostrar que la gente no puede andar desperdigada como un puñado de arroz lanzado al vacío, porque antes de lo que imaginamos tendremos que echar ancla y crecer.

En resumen: lo correcto, lo «normal» y lo «ideal» para una vida sin descarríos, apunta, inevitablemente, a la búsqueda de tal seguridad. Por tanto, lo que sea que altere semejante propósito debería exiliarse en los confines del poco juicio, donde no llegan las luces del básico instinto de conservación.   

Posiblemente esta constituya la línea de pensamiento de la mayoría, o puede que apenas perdure como un rezago cobardón de otros tiempos. Sin embargo, tampoco creo que, al menos en este tema, las cosas hayan variado demasiado bajo el peso de las nuevas épocas.

¿Y acaso por retener «lo seguro» no estuvimos dispuestos a mordernos la lengua para sofocar una pelea? ¿Y saben cuántas veces le habremos dado un puntapié a la razón propia para que la sinrazón del otro se aplacara? ¿Y no será que de tanto idealizar terminamos creando un pequeño monstruo? En las reconciliaciones, esas hijas prematuras de amores en muletas y grandes miedos, toman cuerpo cada una de las respuestas.

No obstante, para embestirlas o adularlas siempre habrá testimonios de sobra. Gente que «zurció» pequeñas rasgaduras o que hizo nueva toda la pieza; gente que no se presta al jueguito de las decepciones y saca clavos con otros clavos; gente que ama con angustia porque lo prefiere así.

Reconciliaciones de parejas
(Foto tomada de Internet)

María F. es de las de ese tipo. Su mensaje llegó a mi correo el Día de Reyes, luego de que leyera el Sexeando de enero.

«La última vez volví con mi novio a principios de diciembre. Empezamos en 2015, pero en dos años nos hemos separado, temporalmente, unas cinco o seis veces. Aún estamos estudiando, conocemos a muchas personas todos los días y, encima, mantener una relación seria siendo tan jóvenes me parece bastante difícil.

«La primera separación ocurrió cuando él comenzó a fijarse en otra muchacha. No me lo dijo así, pero tampoco lo negó. Sin embargo, antes del mes estaba de regreso pidiéndome perdón. Ese momento no se me va de la cabeza, fue muy romántico y sincero, porque hasta se arrodilló llorando y me dijo que la mujer de su vida soy solo yo. Sentí que me decía la verdad y lo acepté.

«Luego nos hemos disgustado por otros motivos, pero hasta los médicos dicen que nosotras maduramos antes que ellos. Sé que cuando me pide un tiempo debo dárselo, ya que si continuamos peleando la relación puede echarse a perder definitivamente. Además, si él no me amara, ¿por qué regresa siempre? «Equivocarse es de humanos y las reconciliaciones son como un paraíso. Aparte, cuando una quiere de verdad tiene que aprender a perdonar los errores del otro, para que el día en que me toque a mí, pueda recibir la misma comprensión».

¿Cuentas nuevas detrás del borrón?

Sobre el significado tácito del perdón se ha dicho y escrito mucho, tanto desde perspectivas psicológicas como sociológicas. No obstante, la versión más extendida y consensuada al respecto (McCullough, Worthington y Rachal, 1997; Wade et al., 2008) propone que el acto de perdonar implica un cese de «las conductas destructivas voluntarias dirigidas contra el que ha hecho daño, por otras constructivas». O sea, hablamos de ganar en voluntad, conciencia y compromiso no solo para «sanarnos» como individuos, sino para ser capaces de desear, sinceramente, el bien y la felicidad de la persona que nos dañó.

Sin embargo, cuando el concepto en cuestión se aplica a las relaciones de pareja, a muchos nos entra lo que llamo «el síndrome de la muerte anunciada». Entre prejuicios, desconfianza, temor a errar y a que nos hieran, la indulgencia benevolente de la Biblia y las novelas rosa puede reinterpretarse como el mayor papelazo de nuestras vidas.  Porque algo sí debe quedar claro: el hecho de perdonar no asegura la reconciliación.

Reconciliaciones de parejas
(Foto tomada de Internet)

Walter83 no tiene ningún problema en reconocer que podría llegar a asimilar que su pareja le sea infiel. «La monogamia no es normal entre humanos, pero la sociedad nos ha impuesto la idea de que vinimos al mundo para vivir emparejados como bueyes. Quizás piensen que mi caso es la excepción, pero yo sí soy un hombre fiel, y no porque no sienta deseos y atracción por otras personas, sino debido a que sé controlarme.

«Por desgracia, no todos tienen esa capacidad. Sin embargo, una cosa es el amor y otra, muy distinta, la lujuria y el sexo. Cuando formamos una relación estable, debemos estar conscientes de que todos somos imperfectos y que, en cualquier momento, nos brotan los demonios que tenemos dentro. Quienes no tengan la madurez para comprender cuándo se trata de un desliz y cuándo de una traición real, están incapacitados para la reconciliación. Les aconsejo que ni siquiera lo intenten, pues se trata de una muestra muy valerosa de confianza y autoestima».

Supongo que en este punto de la lectura sean varios los que hayan descubierto su confusión respecto a las singularidades de dos acciones aliadas, mas no forzosamente consecutivas. 

El Dr. José Antonio García Higuera, uno de los especialistas más consultados de la página Psicoterapeutas.com y miembro del Centro de Psicología Clínica y Psicoterapia de Madrid, España, propone en su artículo La recuperación de la pareja después de la infidelidad  que «el perdón no incluye obligatoriamente la reconciliación. El perdón se da en varios niveles y, por tanto, no implica necesariamente la reconciliación con la persona, porque la reconciliación es un proceso de dos, mientras que el perdón es un proceso personal. Por tanto, el perdón no supondrá nunca restaurar la relación con alguien que con mucha probabilidad pueda volver a hacer daño.

Consejitos

Si la reconciliación no funcionó, pasó el tiempo y ya se sienten con deseos y fuerzas para buscar una nueva relación, no deben olvidar que:

  • La elección de la nueva pareja debe ser mejor que la anterior.
  • No busquen a alguien por miedo a la soledad. Regálense tiempo para ustedes mismos y dense la oportunidad de escoger. 
  • Conozcan bien a su próxima pareja. Hable de ustedes y escuchen al otro.
  • Una vez se conozcan, descubran la capacidad de aceptar las diferencias de ambos.
  • No idealices ni a las personas ni a la relación que podrían establecer.
  • Hablen de sus expectativas respecto al otro. Escuchen y sean flexible ante las diferencias.
  • Ámate a ti mismo, acéptate y comunícate sin vergüenza.

«(…) El perdón del que se trata tampoco supone obligatoriamente levantar la pena al ofensor y que no sufra las consecuencias de sus actos. Para que se dé la reconciliación es preciso que el ofensor realice una restitución del daño que ha causado, si es posible, o cumpla la pena que la sociedad le imponga. El perdón consiste en que el que perdona deja de buscar activamente que se haga justicia y es parco en las consecuencias que busca y no intenta obtener una descarga emocional junto con la justicia».

El Profe, uno de nuestros asiduos lectores, no es de los que mira con ojos suaves a quienes prefieren anularse con tal de no estar solos.

«Soy el subdirector de una escuela especial y casi todos mis compañeros de trabajo son mujeres. Un día, mientras almorzábamos, les planteé la interrogante de si creen en las segundas partes de las relaciones. Para asombro mío, el criterio que reinó fue que en estos tiempos, con la calle tan mala,  es mejor un malo conocido que un bueno por conocer, que  todas las relaciones tienen problemas y que lo que las hace duraderas y fuertes son las oportunidades que se den.

«Incluso, una de ellas dijo que con el paso de los años se olvidan fechas importantes para la pareja y hasta pueden maltratarse de alguna forma, aunque esas no son cosas “que se echan a ver”,  porque lo interpretan como una consecuencia normal del desgaste y la convivencia. Qué más le puedo decir…sin palabras.

«Creo que la reconciliación depende, en primer lugar, del motivo de la ruptura. Si ocurrió por algo sencillo, un malentendido quizás, debería darse otra oportunidad, pero si se trata de un hecho grave, como una infidelidad o exceso de desconfianza, ni siquiera vale la pena hablar. Por otro lado, el amor es una caja de sorpresas  y, al final,  el corazón es el que casi siempre decide».

El Dr. Felipe E. García, especialista de la Escuela de Psicología de la Universidad de Santo Tomás, Chile, expone en el trabajo Ruptura de pareja, afrontamiento y bienestar psicológico en adultos jóvenes, que las estrategias de afrontamiento constituyen una forma particular de enfrentar un situación estresante —en este caso, las separaciones amorosas—, las cuales pueden clasificarse en dos líneas: centradas en el problema o en la emoción.

«(…) Los estudios muestran que el género femenino se centra más en la emoción, y el masculino más en el problema (Casado, 2002).  Según Hofstein (2009) esta diferencia de género podría estar influenciada por patrones de socialización. En las mujeres se hace una apertura social hacia la expresión de sentimientos y la comunicación. En los hombres, al contrario, se les incentiva la inhibición de sus emociones y el desarrollo de la autonomía».

No es raro entonces que ArletiHG piense como lo hace. Para esta muchacha de 28 años, nosotras —una vez más— también llevamos las de perder en el drama de las reconciliaciones.

«A las mujeres nos toca la parte pública de la ruptura: que nos vean llorar, escuchar cancioncitas de Thalía y, sobre todo, “guardar la forma”, aunque seamos las traicionadas. Ese es el modus operandi de las desesperadas por la reconciliación, de las que aguardan por el regreso del hombre, ¡cuando él lo decida!, para ver si quieren recogernos.

«Sin embargo, cuando los engañados son ellos, así pataleteen o quieran que la tierra se los trague, todo ocurre muy dignamente y en silencio. Los infieles vienen con promesas y excusas y le dan la vuelta a la tortilla para que una se crea que somos las culpables de su decisión de traicionarnos. Para colmo, todavía existen mujeres jóvenes sin una gota de amor propio, seguras de que los hombres nos hacen un favor al querernos en sus vidas. Yo, al menos, no creo en las reconciliaciones. Soy de las que ni siquiera tolera permanecer a diez metros de quien me hizo sufrir».

Tampoco muchos más, y que conste, no digo que esté bien. Solo creo que el perdón y la reconciliación son procesos que habrían de contener más amor y menos miedo, aunque en ciertos momentos de la vida los vínculos creados superen a la propia pareja y debamos tragarnos el egoísmo en nombre del bienestar de otros. No obstante, todo tiene un límite, y la infelicidad de uno o de ambos resulta un precio brutal a pagar.

La Teoría triangular del amor (Sternberg, 1986), indica que este se basa en tres elementos: el compromiso, la pasión y la intimidad. Las reconciliaciones pueden recomponer lo que agonizaba e inflarnos de nuevo las ilusiones, pero desde el momento en punto en que se llega a esa situación límite de tirar la toalla o dar un salto de fe,  queda claro que algo ya estaba roto.

Segundas, terceras o quintas partes solo funcionarán si no se agotó el «combustible», y eso únicamente podrán saberlo los que se atreven. En todo caso, siempre será mejor caer con las botas puestas, pues de los cobardes, hasta hoy, no se han escrito historias felices.

Se han publicado 3 comentarios

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  • Dantes

    Después que alguien da una segunda oportunidad llegan la 3ra, la 4ta y todo por ahí para allá. Y empiezan a salir unas cosas en la cabeza como la de los Venados. Así que por eso es mejor nunca dar una segunda oportunidad porque la mujer te obliga a dar muchas más.

  • Alexeis

    Las segundas parte nunca han sido buenas en mi criterio personal porque hasta al mas tolerante ante la mas pequeña muestra de debilidad, error y/o mentira los primeros recuerdos que vienen es la primera causa de ruptura o el primer error se crean las diferencias y empiezan de nuevo los conflictos llega el rencor acompañado de los deseos de venganza por el yo te perdone y lo volviste ha hacer (sea cual sea el erro o la sitiacion) la de4sconfianza se apodera de la situacion y la vida en pareja, amistad o cualquier otra cosa empieza a deteriorarse se dejan de ver las virtudes y los defectos insignificantes se vuelven el plato de la casa y todo se convierte en un caos. Como lo he vivido en carne propia personalmente y desde afuera como consejero espiritual de alguna que ora amistad ese es mi concepto personal y modo de vida

    • Cary

      Después de la traición viene la desconfianza, y soy del criterio que si perdonas una vez tienes que perdonar dos o tres hasta que la relación no de para más, perso además siempre he escuhado que segundas partes nunca fueron buenas.
      Saludos Cary.