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¿Tienes tinta en el «tintero»?

Al arte de dibujar la piel le cuesta imponérsele a los estigmas de marginalidad, pero el tatuaje sobre ciertas zonas empeora los riesgos y prejuicios.

Tatuajes en zonas íntimas
(Foto: Tomada de Internet)
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Antes de soltar la rienda de estas letras debo aclarar tres cosas: primero, me costó muchísimo elegir entre las más de 20 «confesiones» que recibí en mi correo durante los últimos dos meses; segundo, ni los testimoniantes ni los tres tatuadores entrevistados accedieron a que los llamásemos por sus nombres reales; y tercero, que después de cuatro años al frente de una página como Sexeando —donde lo picante-polémico hacen el pan nuestro de cada día— mantengo la capacidad de asombro que en castellano expresaríamos con un «¡no lo puedo creer!», y en el planeta Internet con el ya clásico «What that Fuck??!!!!»

Porque una se imagina que la retaguardia de argumentos tras la decisión de tatuarse los órganos genitales debe ser más compacta que la caballería de Napoleón. A fin de cuentas, los motivos para semejante determinación son tan legítimos y personales como los que podrían justificar cualquier otra elección estética. Sin embargo, al arte de dibujar la piel le ha costado imponérsele a los estigmas de marginalidad con que la sociedad suele etiquetar lo diferente. 

La mayoría admira, ¡e incluso envidia!, a quienes se estiran el pellejo hasta quedar lisos e irreconocibles; pero tanto la cirugía estética en sus versiones menos invasivas, como la tendencia de cortar ¿lo que sobra? o inflarse pechos, caderas, labios y glúteos, continúan asumiéndose como opciones indiscutiblemente valiosas.

Lo de los riesgos médicos no clasifica entre las prioridades, y si hay que preocuparse, que sea porque todo quede en su lugar y con la medida deseada. Pero, ¿un tatuaje en el pubis? De seguro, ocurrencias de gente seso hueco que descarta las consecuencias, como quien se sacude la nariz con una servilleta y luego la deshecha sin pizca de remordimiento.

Quizás las siguientes cifras no resulten concluyentes. No obstante, si analizamos que la mayor parte de los lectores que se comunicaron con nosotros son jóvenes de entre 18 y 34 años de edad, y casi todos refieren ser estudiantes o tener algún vínculo laboral, salta a la vista que el tatuarse en zonas poco convencionales no los convierte en ciudadanos de «tercera clase» ni mucho menos.

Tatuaje en zonas íntimas
(Foto: Tomada de Internet)

Eso sí, el arrepentimiento resulta una variable casi generalizada entre ellos, probablemente, porque la elección de determinados  textos y dibujos se debieron a circunstancias que, a estas alturas de sus vidas, ya caducaron y solo los avergüenzan.

El de Melly, por ejemplo, tiene más de una década. En aquel momento apenas cumplía 16 años, y lo de «marcarse» en la zona púbica con las iniciales de su novio, les pareció a ambos una idea digna de oficializarse en gaceta.

«Esas boberías de la adolescencia, cuando una piensa que los noviazgos durarán para siempre. Él fue mi primer hombre, ¿entiendes?, y me enamoré obsesivamente. En una ocasión, mientras viajaba en ómnibus, escuché a dos muchachas mayores que yo hablado del tema. Para mí fue una revelación, pues no se me podía ocurrir que hubiera algo tan espiritual para demostrarle la fuerza de mis sentimientos.

«Unos días después, fui sola y muerta de miedo a la casa de un tatuador que me recomendó un amigo. No sé qué me daba más vergüenza: si decirle lo que quería, o desvestirme frente a un extraño. El muchacho fue muy profesional e incluso me preguntó varias veces si estaba segura de lo que iba a hacer. Me dijo que era muy jovencita, que los nombres son tatuajes comprometedores y difíciles de enmascarar, pero yo estaba decidida. Aquello me dolió espantosamente, y un par de horas después salí del estudio con cuatro consonantes cursivas, justo en el centro del pubis: LJOS».

¿Y qué tiempo pasó antes de que el tatuaje perdiera sentido?

Menos de un año y medio. Claro, la embarcada fui yo, porque luego de que termináramos no me atrevía siquiera a pensar en conocer a alguien más. ¿Cómo reaccionarían? ¿Qué pensarían de mí? Y no te creas, que me costó bastante que me tomaran en serio, hasta que fingí no darle importancia y preferí callarme las explicaciones.

«Mi esposo actual solo quiso saber en qué fecha me lo había hecho, y al saber que fue en la adolescencia se echó a reír y me dijo: “¿serás boba, muchacha”? Pero no te creas que el tema termina ahí. Cuando salí embarazada y llegamos a la consulta de ginecología, la doctora y la enfermera me echaron una mirada muy desagradable, casi de desprecio. Me sentí sucia, algo que jamás he sido.

«Sin embargo, las comprendo. Tatuajes como ese no solo se te quedan en la piel, sino que lanzan un mensaje peyorativo, fundamentalmente, en el caso de las mujeres. Será un comportamiento prejuicioso pero, hasta cierto punto, comprensible».

Comunicar «por lo bajo»

No podría negarles que la revisión de cada correo implicó para mí una secuencia cíclica de asombro-diversión-pena. Las historias van desde la de una madre que cinco minutos antes de que le realizaran una resonancia magnética a su hija de 18, descubrió que la nena llevaba oculto el nombre completo del novio —y no precisamente en el corazón—; la de la chica que se tatúa una estrella en la vulva por cada pareja sexual, o la del muchachón que convencido de su cualidad de semental en boga, un buen día quiso presumir en un «cartel» que le sube de la ingle hasta el pene: «Fácil de montar pero duro de matar». ¡Avemaría purísima!

Si algo me queda claro es que valor no les falta y, ante todo, seguridad en sí mismos y en la persona que tienen al lado. Los tatuajes han sido desde siempre expresiones gráficas y comunicativas de un estilo que supera lo estético, pues constituyen referentes de la filosofía existencial de cada quien, así como de la época que viven. Algunos lucen en sus cuerpos genuinas obras de arte, mientras que otros solo buscan añadirse cualquier diseño, sin que en la decisión medien intenciones conceptuales de naturaleza más elevada.

Tatuaje en zonas íntimas
(Foto: Tomada de Internet)

Nos pide que lo llamemos Peter Pan —cosas de los entrevistados—, pero en realidad se trata de uno de los más conocidos entre los tatuadores de Santa Clara. De hecho, es de los pocos que reconocieron dibujar sobre los órganos genitales.

«Lo hago porque me avalan casi 20 años de experiencia. Esa es mi garantía, además de que he podido crear las condiciones adecuadas en mi estudio, en el sentido de la climatización, el confort y la factura de primera de las tintas, las máquinas y demás implementos utilizados para tatuar.

«No es un trabajo fácil: exige mayor concentración de ambas partes, aunque para mí, profesionalmente, no hay diferencia alguna entre tatuar un brazo o una vagina. Sin embargo, me esfuerzo por crear un clima de confianza, pues te entregan la suya cuando se desnudan frente a ti y piden un dibujo que los acompañará de por vida».

—¿Te solicitan frecuentemente para este tipo de tatuaje?

El promedio varía, pero la norma es de más de diez en el año. Las mujeres han mostrado históricamente mayor resistencia al dolor, y también son más disciplinadas para cumplir con las medidas higiénicas durante el proceso de recuperación. Además, prefieren diseños intimistas, como nombres, letras y símbolos con un significado único. O sea, para ellas no solo se trata de adornarse la zona púbica, sino de enviarle un mensaje a alguien específico. No obstante, esa intención tan valiente puede convertirse en un problema que difícilmente puedan eliminar.

¿Y los hombres? ¿Los suyos son tatuajes más impersonales?

En Cuba, la masculinidad se traduce como machismo crudo. Una vez, un muchacho me pidió que le tatuara alrededor del pene una rosa roja, y yo, que estaba acostumbrado a que me pidieran águilas, leones, dragones o frases del tipo “ninguna como la mía”, lo miré medio sorprendido. Enseguida se dio cuenta y me explicó que su mujer se llamaba Rosa. Fue un trabajo bastante complejo que me tomó dos sesiones de tres horas cada una. Le ardía mucho y temí que se inflamara demasiado, pero el resultado final nos convenció a ambos. Hasta hoy lo recuerdo como uno de los trabajos más preciosistas que he realizado.

—O sea, ¿son más dolorosos los tatuajes que se hacen en esa zona?

En lo absoluto. El área sobre las costillas, por ejemplo, es muchísimo peor. Yo mismo tengo uno en ese punto y lo recuerdo como un tormento, y se lo dice alguien que tiene más de 15 tatuajes en su cuerpo. Sin embargo, la complejidad de marcar los órganos genitales radica en que el tatuador debe dominar aspectos anatómicos elementales, como valorar que se trata de tejido muy vascularizado y fácilmente irritable, para de ese modo saber proceder de la manera más inocua posible.

«Muchos amateurs se saltan esos detalles y trabajan con lo que tienen a mano, así que, si algo sale mal, es tanto su responsabilidad como la del cliente que se dejó hacer sin antes cerciorarse de la confiabilidad que le ofrecían».

En Cuba, tanto los tatuadores profesionales como los que apenas incursionan, levitan sobre un limbo legislativo. Ni la Gaceta Oficial No. 027/2013-EXTRAORDINARIA, donde por primera vez se desglosaron cuáles serían las actividades aprobadas para el ejercicio del trabajo por cuenta propia, ni las actualizaciones al respecto anunciadas en 2017, incluyen a estos artistas, cuyo único vínculo legal se reduce a inscribirse en la filial de artes plásticas de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

Y si lo normado carece tantas veces de los requisitos indispensables en cuestiones de salubridad, ¿qué podremos dejar para lo que se haga «por la izquierda»?: mínimo, improvisaciones de toda clase e irregularidades que abarcan desde el suministro de las tintas y agujas, hasta la imposibilidad de controlar con quiénes y cómo se tatúan miles de personas —cada vez más jóvenes— en este país.

 ¿Atinar o poner tinta?

Tras varias consultas a páginas online y revistas de Dermatología con publicaciones de especialistas cubanos y extranjeros, salta a la vista la coincidencia sobre la similitud de riesgos entre tatuarse la zona púbica u otra parte. En apariencias, el éxito del asunto está en extremar los cuidados en los días posteriores, mantener limpia y seca el área lastimada y no mantener relaciones sexuales. De hecho, algunos autores manifiestan que la vascularización típica del área peniana y de la vagina facilita la cicatrización, pues la piel de esa parte no resulta ni más vulnerable ni tan diferente a la del resto del cuerpo.

Si algo preocupa realmente son los componentes de las tintas, cuyos efectos apenas se conocen.

Debes saber que:

  • Cuando decides hacerte un tatuaje, estás expuesto a contraer enfermedades transmisibles sistémicas o cutáneas, pues las condiciones bajo las que trabajan la mayoría de los tatuadores en Cuba, no favorecen siempre la inocuidad del ambiente y el instrumental.
  • Entre los padecimientos sistémicos destacan el VIH/Sida, la sífilis, hepatitis B y C, el tétanos y la tuberculosis. Las cutáneas más frecuentes resultan las piodermitis (todas aquellas enfermedades cutáneas causadas por bacterias, siendo los estafilococos y estreptococos las más usuales), verrugas por el Virus del Papiloma Humano, herpes y molusco contagioso.
  • En cuanto a las enfermedades no transmisibles, cutáneas en todos los casos, existen evidencias de dermatitis de contacto (especialmente a los colores rojo, verde y negro), psoriasis liquen, reacciones granulomatosas de diferentes tipos , queloides, queratosis seborreicas e incluso, algunos casos de lupus discoide, asociados invariablemente a reacciones alérgicas a las tintas.

El Dr. Jorge Soto, miembro de la Academia española de Dermatología y Venereología, enfatiza en que «no existen estudios exhaustivos acerca de los efectos de la tinta en nuestro organismo tanto a corto como a largo plazo, así como sí los hay para el control de calidad de los alimentos. (…) Antes de hacerse un tatuaje, se debería hacer un examen sobre la naturaleza de los tintes y siempre escoger un estudio profesional. Es cuestión de tiempo descubrir los problemas para la salud que pueden producir los tatuajes por la naturaleza tan heterogénea de los materiales empleados y la realidad es que de éstos, el 30% los absorbe el sistema inmunitario en cuanto penetran bajo la piel».

El artículo Tatuajes y piercing, publicado en la Revista Argentina de Dermatología bajo la autoría de la Dra. L E Valle, directora de la Unidad Académica de la Asociación argentina de Dermatología, esclarece el origen básicamente tóxico de la mayoría de las tintas empleadas en la decoración de los tatuajes.  

«Se utiliza la tinta china o el carbón negro que por refringencia producen un color azul oscuro; el color negro se obtiene con el óxido de plata y el carbón; el color rojo se logra con el cinabrio (sulfato de mercurio); el siena con el hidrato férrico; el verde con el óxido de cromo; para los colores amarillos se utiliza el sulfato y/o sulfuro de cadmio; para el blanco, óxido de titanio y óxido de zinc;  para el azul claro, el cobalto aluminado (COAL203) para el púrpura, manganeso y aluminio y para el marrón el óxido de hierro; también hay colorantes sintéticos y orgánicos los que contribuyen con los distintos matices observados en los tatuajes».

O sea, ¿qué demonios nos estamos inyectando? ¿Se les explican estos detalles a quienes solicitan un diseño permanente? ¿Alguien piensa en las posibles alergias, desconocidas en la mayoría de los casos? Muchos me dirán que la dinámica de la vida va en asumir riesgos y sus consecuencias. Pero, ¿será tan necesario?

Sin embargo, las elecciones tienden a ser más personales que lógicas y cosas peores ya se han visto en la viña del Señor. Claro, algunas nos dejan la opción de «rebobinar», mientras que otras burlan arrepentimientos y se quedan para siempre.

La vida es demasiado corta para cargar penitencias innecesarias, y si hay que llevar algo a perpetuidad, al menos cerciórense de que los haga felices, y no solo temporalmente.

Se han publicado 5 comentarios

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  • M10

    Tremendo articulo felicidades a la autora,yo tenia pensado hacerme uno pronto y no he cambiado la idea pero me ha sido muy acogedor leer una lastima q se me ha terminado tan rapido...........Salu2s

  • DGB

    Maravilloso el artículo. Y aunque el tatuador no quiso ser nombrado creo que es el que me hizo mis 2 tatuajes, y tiene toda la razón, el ambiente tiene que ser acogedor y debe tener todas las condiciones creadas, de no ser así, no lo hubiese elegido a él. Todos los que decidan tatuarse tengan eso presente, está en juego su salud. Saludos

  • Liena M. Nieves

    Gracias por leer y comentar, y sí, antes de tomar una decisión con tantas implicaciones, lo mejor es informarse y buscar a los profesionales más capacitados. Saludos a ambos y feliz verano

  • MaryD

    Buen articulo, y seguire este blog, que me acaban de descubrir. Tengo 2 tatujes, por poco tiempo, ya tengo pensado el tercero para dentro de 2 meses mas o menos. Tengo el Ying Yan en el ki del cuerpo, porque como principio de vida busco el equilibro, y acepto la dualidad indisoluble del universo, y la letra china del simbolo del Dragon,que es mi signo segun el zodiaco lunar del oriente, ahora quiero hacerme el maquillaje permanente como tercero. Los he hecho con tatuadores que tienen las condiciones necesarias de higiene y conocimiento del arte de picar en la piel.

  • curbelo

    BD,
    Para su consideración: ¿Cuál es el mejor “tatuador” de Santa Clara?
    Saludos