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El dilema de la talla, la prueba Xenopus y Taiwán por la igualdad

Sobre los mitos de la Penoplastia, los orígenes de los test caseros de embarazo y la aprobación del matrimonio igualitario en Taiwán, hablaremos en el Sexeando de junio.

Plátano
(Foto: Tomada de Internet)
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Increíble, pero cierto: ya se nos ha ido la mitad del «nuevo» año. Lo que resta del 2019 son, apenas, 214 días que —divididos entre los dos meses de vacaciones estivales, el curso que iniciará, octubre con sus tardes de cielos rosados y las planificaciones familiares para recibir el nuevo enero —rendirán, escasamente, un par de suspiros. Yo ya hice mi resumen de esta media rueda, así que los invito a que, cada cual desde sus perspectivas y urgencias, realicen este ejercicio que los ayudará a priorizar pendientes y a aprovechar mejor el tiempo.

Junio, para mí, es de los meses más hermosos e iluminados. Y como si el don de la naturaleza no fuese suficiente, abrazamos además a nuestros padres en su tercer domingo, dándonos la excusa perfecta para quererlos un poco más. Sexeando se suma al elogio colectivo de quienes hemos tenido la dicha de crecer y recibir la entrega de esos hombres extraordinarios: papás, abuelos, esposos, tíos…Ojalá que cada niña y niño que llegara a este mundo, trajese adjunta la garantía de su protección y amor. 

Esperamos que nuestras secciones vayan cumpliendo con sus expectativas y necesidades de información, y si desean intercambiar, sugerir u opinar, solo tienen que teclear sus ideas y enviárnoslas al correo liena@vanguardia.cu. ¡Suerte a los estudiantes en sus exámenes finales!, y que junio les bendiga a todos con salud, suerte y mucho amor.

Mundosex

Los hombres y sus traumas «dimensionales». ¿O será demasiado categórico de parte de una mujer llamarle «trauma» a su evidente ansiedad hacia el tema de las medidas? Me excuso de antemano porque de sobra sé que muchos son impermeables a tales angustias, pero otros tantos, victimizados por la «falocracia» de la cultura trap, se han tomado muy en serio que la máxima aspiración sexual de la humanidad se reduce a la hipertrofia de un órgano. «¡Que no me quepa en la boca!». Pero qué has hecho Becky G…

De acuerdo a un informe presentado en 2011 por la Sociedad Cubana de Urología, la media en nuestro país para un pene erecto varía entre los 11 y los 15 centímetros. No obstante, la experiencia práctica indica que los hombres con miembros más pequeños y sin problemas de erección, son perfectamente capaces de estimular, excitar, lubricar y provocar el orgasmo a sus parejas durante las relaciones coitales. Sin embargo, amén de que la isla ocupa el puesto 19 en el ranking mundial de los 50 países cuya población masculina está mejor «equipada», con 15.85 cm como promedio — el servicio web TargetMap realizó dicho estudio en 2018 e incluyó 80 naciones—, existe una altísima demanda nacional de cirugías para agrandar el pene.

Pantalón de hombre
De acuerdo a la investigación realizada por TargetMap, los hombres de la República Democrática del Congo lideran a nivel mundial por sus dimensiones, con 18 cm como promedio. La población masculina de Corea del Norte resulta la menos favorecida: 9.6cm en estado de erección. (Foto: Tomada de Internet)

Según el doctor Ramiro Fragas Valdés, Máster en Sexualidad y miembro de la Asociación Americana de Urología (AUA por sus siglas en inglés), aun cuando el interés público suele ser bastante elevado, en la práctica se realizan muy pocos de dichos procedimientos quirúrgicos. La clave reside en poner al tanto a los «inconformes» sobre los muchísimos inconvenientes y exiguas ventajas de someterse a un proceder que, escasamente, le añadirá uno o dos centímetros más a sus penes. El especialista alega que la falsa teoría de endilgarle a la longitud la responsabilidad por el pobre desempeño sexual del hombre, constituye una desacertada suposición que los limita de centrar su análisis en otras carencias de tipo afectivo, psicológico y sociocultural.

«Todas las personas deberían saber que la mujer tiene muchas zonas que participan del erotismo. La sensibilidad mayor se encuentra en el clítoris y en la entrada de la vagina, principalmente en la cara anterior de su tercio externo, donde terminan las raíces de los cuerpos cavernosos del clítoris (coincidiendo con el controversial y mundialmente famoso punto G). Por tanto, no es necesario que el pene sea demasiado largo para que estimule esa área durante el coito con penetración», expresó en Dr. Fragas Valdés en un reportaje publicado por el diario Juventud Rebelde en la edición del siete de octubre de 2011.

Pero en nombre de relaciones agonizantes —y no precisamente porque los espacios a llenar se localicen «al sur de la garganta»—, de falsas percepciones sobre la masculinidad, y bajo el peso de una cultura patriarcal que deshereda y apabulla al hombre que no actúe por obra y gracia de la testosterona, se aplauden errores irreversibles. Por un par de centímetros de más, la famosa cirugía de alargamiento, o Penoplastia, no solo puede provocar secuelas estéticas y en el funcionamiento del órgano, sino otros daños vasculares y del sistema nervioso que interfieren con la erección.

Algunos dicen que sus parejas no se conforman, que no les satisfacen… ¿Y si la tal decepción trasciende a las medidas? ¿Y si lo que no funciona es la relación? Amor propio: piensen en eso. Nunca seremos buenos para alguien si antes no nos queremos lo suficiente. ¡Y confianza hombres!, que en el buen sexo pesa más la actitud que la talla de la ropa interior.

¡No me lo vas a creer!

Alexander Flemming descubrió la penincilina por purísima casualidad, hecho que le valió, en 1945, un Premio Nobel en Fisiología. Al científico Robert Furchgott, de la farmacéutica Pfizer, le sucedió algo parecido: mientras trabajaba en un tratamiento de nueva clase —¡y sí que lo fue!— para padecimientos cardiovasculares como la hipertensión y la angina de pecho, obtuvo los principios farmacológicos para la milagrosa pildorita azul que descartaría la disfunción eréctil de entre los dramas masculinos. ¡Ave Viagra!, con ventas multimillonarias después de 21 años en el mercado.

Pero mucho antes, en 1930, el zoólogo británico Lancelot Hogben —muy dado a inocular hormonas y otras sustancias en diferentes animales, para observar y documentar luego las posibles reacciones—, le administró orina de una mujer grávida a un ejemplar de rana africana de uñas (Xenopus laevis), lo cual provocó que en las próximas horas desovara espontánea y profusamente. Sin pretenderlo, había revelado los cimientos de los tan populares test caseros para confirmar embarazos.

Test de embarazo
(Foto: Tomada de Internet)

Durante los próximos 40 años, la prueba Xenopus se emplearía en hospitales y otros centros de investigación, para tratar urgencias médicas y casos especiales en los que era preciso distinguir entre el desarrollo fetal normal y el crecimiento de un tumor. Con la rana africana de uñas no existían brechas para el fallo: se inyectaba orina fresca y sin tratar a una Xenopus hembra, y si ponía huevos entre las cinco y las 12 horas posteriores, la mujer estaba encinta. Sin ecografías, con poca información y acceso a personal especializado, y todo ello unido a los tabúes de considerar la salud sexual y los problemas de infertilidad como temas estrictamente femeninos, el ámbito científico daría un giro decisivo hacia una era donde se perfeccionarían los métodos de detección del embarazo, basados en los cambios hormonales.

A principios de 1970, inició la producción y distribución mundial de los primeros kits con tiras reactivas —el mismo principios de los test modernos— que, al introducirlas en la orina recogida, detectaban la hormona corionica humana (HCH), propia del embarazo. Se garantiza una fiabilidad superior al 98% y, solo en América, se venden anualmente más de 50 millones.  

¡Bendita la ocurrencia de Mr. Hogben!, y gracias también a las Xenopus laevis, protagonistas sin gloria ni aplausos, como suele ocurrirle a muchas de las grandes heroínas.

Sexo al Derecho

El pasado 17 de mayo, lo que parecía aún lejano y solo posible en promesas y sueños comunes, se declaró públicamente como ley aprobada por el Parlamento: con 66 votos a favor y 27 en contra, Taiwán se convirtió en la primera nación asiática en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo.

«El 17 de mayo de 2019, en #Taiwan, #ElAmorGanó. Hemos dado un gran paso hacia la verdadera igualdad, y hecho de Taiwán un país mejor», escribió en su cuenta de Twitter la presidenta de la isla, Tsai Ing-wen, quien remarcó que la noticia adquiría un vuelo simbólico superior al emitirse, precisamente, en el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia.

La comunidad LGBT taiwanesa lidera en Asia los movimientos pro derechos humanos y por la igualdad plena de hombres y mujeres, sin que la orientación sexual o su identidad de género constituyan factores limitantes, sino expresiones de una humanidad plena. En 2017, el gobierno declaró que consideraba anticonstitucional la definición legal del matrimonio —la unión de un hombre y una mujer—, por lo que decidió dar un plazo de dos años para que el Parlamento reformulara la ley.

Hombres en desfile LGTBIQ
(Foto: Tomada de Internet)

Sin embargo, más allá de los aplausos y expresiones de júbilo con que fue recibida, la nueva legislación presenta limitaciones en su alcance. Las más cuestionadas se resumen a la imposibilidad de que las parejas adopten conjuntamente a niños que no sean hijos biológicos de uno de los cónyuges. Tampoco se autorizan los matrimonios homosexuales transnacionales, es decir, que los ciudadanos taiwaneses no podrán contraer nupcias con otras personas del mismo sexo si cuentan con nacionalidad de algún país que no admite este tipo de unión.

La nueva norma entró en vigor el viernes 24 de mayo, y según datos ofrecidos por el Ministerio del Interior de esa nación, al mediodía ya habían contraído nupcias 363 parejas —116 de hombres y 247 de mujeres—. No obstante, los activistas LGBTI consideran que este constituye apenas un primer paso, pues la concientización hacia una cultura de la tolerancia y el amor por el prójimo, dista mucho de la realidad cotidiana del continente asiático. Solo en China, donde la homosexualidad fue despenalizada en 1997, se estima que conviven unos 70 millones de personas homosexuales, pero ni el gobierno cuenta con mecanismos de protección para dicho segmento poblacional, ni la sociedad asimila el hecho como un fenómeno natural e inevitable.

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