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«¡La culpa no era mía!», la isla de los divorcios y la «paz» de los cascos azules

La historia tras el himno feminista nacido en Chile; Cuba, el tercer país del mundo con más divorcios, y los abusos tras una misión «humanitaria».

Lucha feminista en el mundo
Plantadas en lugares políticos y polos económicos o culturales de relevancia, miles de mujeres han entonado el tema, con los ojos vendados con telas negras, en señal de protesta indómita contra la violencia de género. (Foto tomada de Internet)
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La alegría de saberlos con la nariz pegada a esta página me basta y me sobra para iniciar el 2020 con pie derecho. ¿Cómo estuvo su cierre de año? ¿Tuvieron cerca a sus seres amados? ¿Ya se pesaron después de las jornadas etílico-gastronómicas-culturales? Bueno, cambiemos el tema y hablemos de asuntos más felices.

Por aquí, sinceramente, no nos podemos quejar. Habrá quien aparezca con tres centímetros más de cintura  — ¡pero jamás arrepentido!—, o casos de casas donde se viene recalentando la misma comida desde la Nochebuena. Sin embargo, con más o con menos, con ausentes y presentes, el solo hecho de tener salud y haberte juntado con los que quieres para agradecer y aguardar bendiciones, prosperidad y sueños realizados, constituye una garantía de felicidad, breve o extendida, aunque felicidad al fin y al cabo.

No obstante, uno no puede ir por la vida —ni siquiera en días feriados— ajeno a lo que sucede en el mundo, así que para la primera edición del 2020 decidimos entregarles un Sexeando puramente latinoamericano, en el que resumiremos algunas de las noticias que más impactaron en la región durante el último mes del año.  Sus dudas más personales, criterios y sugerencias serán recibidas en el correo de siempre: liena@vanguardia.cu. De aquí a la próxima cita, justo en el mes más romántico del año, habrán transcurrido tantísimos hechos que, seguramente, darán de qué hablar y que ustedes conocerán a  través de esta página.

Hasta entonces les deseo salud, suerte y mucho amor a todos.

Mundosex

Al concluir el 2018, en Chile se reportaron 15 533 delitos sexuales. Aproximadamente dos cada hora. Violación en la mayoría de los casos. Hasta el 7 de diciembre de 2019, los registros oficiales recogían la ocurrencia de 60 feminicidios. Sin embargo, desde que el más reciente estallido social contra el gobierno del neoliberal Sebastián Piñera emplazó a millones de chilenos de prácticamente todos los sectores sociales, cientos de mujeres protestantes han sido víctimas, en manos de los carabineros, de violaciones y otros actos vejatorios que indican un cruel paralelismo con los peores años de la dictadura de Pinochet. 

El violador eres tú
(Foto tomada de Internet)

El pasado 25 de noviembre, como denuncia pública para apoyar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el colectivo feminista Lastesis, integrado por cuatro muchachas de Valparaíso — Dafne Valdés, Paula Cometa, Sibila Sotomayor y Lea Cáceres— organizó a través de las redes sociales un performance titulado «Un violador en tu camino». Pensaron que a la cita acudirían más curiosos que participantes… menos de 24 horas después, el video con su presentación se viralizaba y convertía en el himno de guerra de miles de mujeres de todo el mundo.

En América Latina, considerada la región del mundo más letal para las féminas, fueron asesinadas en 2018 más de 3520 mujeres.

El patriarcado es un juez, que nos juzga por nacer, y nuestro castigo es la violencia que no ves/ El femicidio/ Impunidad para mi asesino/ Es la desaparición/ Es la violación. Las primeras estrofas bastan para desnudar el dolor de quién sabe cuántas voces silenciadas por el crimen, pero es el estribillo el fragmento más brutalmente sobrecogedor: Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía/ El violador eras tú/ El violador eres tú.

Brasileñas, francesas, belgas, chinas, suecas, mexicanas, italianas, españolas e, incluso, palestinas, también memorizaron la canción con su coreografía, contextualizaron la letra a las realidades de sus países y, plantadas en lugares políticos y polos económicos o culturales de relevancia, han entonado el tema, con los ojos vendados con telas negras, en señal de protesta indómita contra la violencia de género.

La iniciativa de Lastesis no resulta, sin embargo, obra y gracia de la espontaneidad. Después de un año de investigación sobre la violación en Chile, pudieron comprobar que ¡apenas el 8%! de los juicios por este delito recibe una condena. Frustrante.

No obstante, el mayor valor del performance radica en la nueva apertura que ha proporcionado para que cientos de víctimas reconozcan, algunas por primera vez y después de décadas de callada vergüenza, que bajo ningún concepto fueron ellas las que proporcionaron la «oportunidad» para ser ultrajadas.

Nos han criado bajo la falsa percepción de que nuestros «fallos» —en la ropa, en los horarios— resultan el gatillo que desencadena a un abusador sexual. Basta. Solo en América Latina, considerada la región del mundo más letal para las féminas, fueron asesinadas en 2018 más de 3520 mujeres. Sobre las forzadas como carne fácil, las violadas por conocidos, familiares y personas de confianza en sus hogares, ni siquiera pueden reportarse cifras confiables. Son demasiadas.

¡No me lo vas a creer!

El Anuario Demográfico de Cuba, en su edición del 2018, revela que ese año se legalizaron en el país 58 070 matrimonios; durante ese mismo periodo, 30 443 parejas decidieron anular su vínculo ante notario, liquidar bienes y tomar caminos separados —mientras más, mejor—. Las mujeres de entre 20 y 24 años, y los hombres de 25 a 29, engrosan el listado de los grupos etarios más propensos al divorcio. Sin embargo, las uniones que rebasan los 15 años son las más vulnerables a la disolución, una tendencia ascendente desde el 2010.

El «puntillazo» lo dio la publicación a mediado de año, en la revista académica Social Forces, de los resultados de un estudio encabezado por los sociólogos Cheng-Tong Lir Wang y Evan Schofer, de la Universidad de California, los cuales revelaron que nuestra isla —solo antecedida por Kazajstán y Rusia— ocupa el tercer escaño en el listado de las naciones con mayores tasas de divorcio: 11.03 por cada mil parejas.

Divorcios en Cuba
(Foto tomada de Internet)

«Saliendo de las penumbras: cultura mundial y variaciones transnacionales en las tasas de divorcio» es el título de la investigación que, desde 1970 y hasta el 2008, compiló los registros de 84 países. Al calor del tiempo, los autores pudieron analizar las variaciones de dichas estadísticas para compararlas con las de otros estados, lo cual les permitió detectar los factores sociales fundamentales tras la decisión de romper las uniones conyugales. Los niveles económico y educativo, las influencias religiosas y la inserción de las mujeres en un entorno cada vez más profesionalizado y competitivo, resaltan entre los «puntos calientes» a superar, o por los que sucumbir. No obstante, las cifras varían, aunque los países ricos y desarrollados son el escenario más común de los divorcios.

¿Y cómo encaja Cuba en un contexto primermundista? Pues sucede que el acceso a la educación universitaria y de postgrado, así como las oportunidades de inserción laboral para las mujeres, también constituyen elementos causales que, de cierta manera, facilitan que, al menos nosotras, optemos mejor por un divorcio a tiempo antes que tolerar el calvario de un matrimonio que hace aguas.

«Los resultados destacan los efectos de la sociedad mundial en la vida privada de los individuos», refieren Schofer y  Lir Wang. Para qué negar lo científicamente demostrado, aunque el facilismo con que se tiende a desechar antes de mover un dedo, o la frialdad para suprimir una familia y pensar en las cosas antes que en las personas, también constituyen una deprimente manifestación de la tan chic emancipación posmoderna.    

Los que me conocen saben que levanto las dos manos por la felicidad, venga como o con quien sea, pero nunca justificaré los «tiros de gracia». Veremos a dónde nos lleva esta nave donde pocos nacen y tantos se distancian.

Sexo al Derecho

Desde el verano del 2017, un equipo de reporteros de BBC se involucró de a lleno en una investigación que, tras dos años, sacó a la platea internacional una de las peores versiones de la Misión de Estabilización de la ONU en Haití (MINUSTAH por sus siglas en inglés): la explotación sexual que victimizó a cientos de niñas y mujeres y debido a la cual se conoce de, al menos, 265 bebés engendrados por cascos azules y otros efectivos de las Naciones Unidas, y abandonados luego a la miseria y la falta de opciones para ellos y sus madres.

Madre haitiana con su bebé
(Foto tomada de Internet)

La reconocida misión «humanitaria» fue la más extensa —desde el 2004 hasta el 2017— en la historia de la pobrísima nación caribeña, y su estancia se prolongó durante 13 años debido a la sucesiva ocurrencia de desastres naturales y eventos políticos que agudizaron la crisis de una nación incapaz de recordar cuándo fue la última vez que despertó en un contexto libre de miseria y enfermedad. De hecho, la propia ONU reconoció que su personal de paz fue el que introdujo inadvertidamente el cólera al país, enfermedad que masacró a más de 10 000 haitianos.   

El caos genera aberraciones de toda clase. Por un par de dólares, algo de ropa y  alimentos, decenas de menores de edad mantenían relaciones sexuales con soldados y administrativos de la MINUSTAH. La investigación de BBC comprobó, incluso, que 134 miembros del personal de la misión explotaron a nueve niños durante tres años, convirtiéndolos en trabajadores sexuales sin voz ni remuneración. Sin embargo, aun cuando la agencia de prensa  Associated Press (AP) informó desde el 2017 sobre los delitos encubiertos bajo la «misión de paz», ninguno de los 114 efectivos encontrados culpables fue debidamente procesado por la justicia. Apenas se limitaron a retornarlos a sus países de origen. La ONU prefirió el silencio antes que el escándalo.

Todo ello se conoció tras dos años de indagación que incluyeron 2500 entrevistas a residentes en áreas cercanas a las bases de la MINUSTAH, más otros cientos de testimonios de efectivos emplazados en la isla. Sexo consensuado o transaccional, la fantasía de tener hijos «hermosos, de piel más clara», o la esperanza de que alguno se enamorara, les propusieran matrimonio y las llevaran bien lejos del infierno de este mundo, son los resultados más comunes que revelan las encuestas y conversaciones. Pero, ¿qué negociación puede existir entre una criatura de 11 años y un hombre de 30? ¿Quién marca el límite entre el acuerdo y la violencia? ¿Cómo una niña puede criar a un niño?

La ONU prohíbe toda manifestación de contacto íntimo entre sus efectivos y las mujeres locales y, por tanto, se desentiende de cualquier forma legal que garantice asistencia a las víctimas de abuso sexual y a los hijos nacidos por esta causa. Como Poncio Pilato, se lava las manos.

Lo suyo es garantizar el «orden y la democracia». En todo caso, los pobres ya saben cómo lidiar con sus tragedias. 

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