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Los guantes mágicos de papá

Después de más de un año en que la pérdida nos ha pisado los talones, la bendición de preservar, disfrutar y ser protegidos por nuestros padres me parece la mejor excusa para agradecerles y enaltecerlos en este día. Padres-madres, abuelos-padres; los que acunan hijos en sus sueños, del tipo que dice que sí cuando otros piensan que es imposible, los que acompañan sin estridencias… Gracias, papá. Tu amor también es único.

Familia de padre y dos niños
Con dos niños pequeños, Eberto Brito Yusta es un puntal en su familia. Su esposa, Arianna, a quien ama desde que estaban en la secundaria básica, ha perdido la visión casi por completo, por lo que él se encarga de apoyarla atendiendo a Ander y a Andrés en las tareas más difíciles para ella.
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¡Cuán grande riqueza es, aun entre los pobres, el ser hijo de buen padre!

Juan Luis Vives

Mientras le ayuda a quitarse las botas del trabajo, la imagen de un pulgar asomando por la hendija de la media les saca la risa a los dos. Papá se inclina hacia delante, para desamarrarse los cordones, y recibe entonces una ráfaga de besos tibios sobre la frente.

—¡Tienes sabor a sal!

—Claro, si me pasé el día completo bañándome en la playa.

Padre y niña debajo del mar
Camila Figueredo Ventura habla sobre su papá: «Es como un niño pequeño, siempre llevándonos a mi hermana y a mí a excursiones, aunque lo que hiciéramos fuera ir a la plaza o a la Loma del Capiro. Mi papá nos ha llenado de aventuras y recuerdos hermosos».

¿Papá, en la playa? ¡Ni que le estuviera patinando la conciencia! Si ni siquiera es capaz de morder una raspadura sin antes compartirla con él.

La duda punzó por un momento, hasta que la lógica se impuso. ¿Quién iría a la playa con esas botas cabezonas y sin color definido? Además, trae los mismos ojos de cansancio que le provocan los días al sol, jugando en el agua, pero en vez de arena entre los dedos, lo que le encuentra en sus ropas y sobre el pelo son unas piedras chirriquiticas, de esas que se desprenden de las paredes flojas.

Padre e hijo en el delfinario de Cayo Santa María
Dice José Carlos: «Mi papá todo lo arregla. Sabe más que el médico chino, y estoy seguro de que también es mucho más bueno. Me llamo como él, ojalá me le parezca cuando sea grande».

«¿Náñáras?». La «revisión técnica» reveló lo usual: un rasponazo en un codo y otro en la pantorrilla izquierda. «El mameyazo duro fue aquí, en el índice derecho. Me parece que esa uña se me soltará en unos días». Papá ni siquiera se lo dijo a él, sino a la esposa, que también indaga porque no se adapta —ni lo hará jamás— a la idea de que el hombre que por sí solo es el hogar de los tres no llegue un solo día a la casa sin una señal de dolor sobre la piel.  

Él le aparta la mirada, empapada. Sucede que papá no le esconde esas cosas, para que nunca le tema al trabajo honesto y duro.

Yandry y Thiago Choy
Los falsos rumores aseguran que los descendientes de asiáticos son poco cálidos en sus relaciones familiares. Sin embargo, estos chinos Choy, padre e hijo, rompen ese molde. Amor, ¡y mucho!

Le pide que estudie, pues papá sabe de historia soviética, de trenes, de aviones de combate, de mojitos, micheladas y whisky escocés; de chistes, de habanos, de hacerse amar, de querer sin mucho adorno y locuacidad, de levantarse de a poco, imparable, irrompible. Le dice que crezca de adentro hacia afuera, que se prepare, que las maravillas de la vida son para los que no se cansan.  

Padre, madre embarazada y niña
«El sueño del héroe es ser grande en todas partes y pequeño al lado de su padre» (Víctor Hugo).

Mamá y él lo despiden por las mañanas y lo abrazan en las tardes. Ella lo recibe diciéndole que sus nasobucos llegan más percudidos que un pupitre de primaria, y, quizás para ablandarla, papá siempre toma una de sus manos, blancas y suavecitas, entre las suyas. ¡Parecen guantes de cuero, grandes y ásperas! Y si mamá las besa, él también.

Papá aprendió a ser papá con el suyo, quien después de jubilarse trabajó por 15 años más para ayudar a su pichón a encaminarse. Papá «estudió» a su suegro, al bisabuelo, al tío… cómo lo hacen, qué preservar, dónde construir, cuándo apretar o consentir. Papá, que ya era bueno, y, para colmo, ¡ha tenido a los mejores maestros!

«¿Estuvieron bien los trabajos de hoy?». Papá recuerda algo y busca en su mochila. ¡Chocolate, del de verdad! «Ni te cuento lo que me cobraron». Mamá ya había levantado un dedo y se disponía, mano en la cintura, a elevar su mejor protesta, pero cerró la boca cuando lo vio a él, ahogando a besos a papá, el del sabor a playa.

Papá lo entendió todo. Hay que educar para que prevalezcan la virtud y la felicidad; para alimentar cuerpos pero, sobre todo, almas.  

Fotos: Cortesía de los lectores

Se han publicado 7 comentarios

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  • El Kerubin

    MUCHAS FELICIDADES A LOS PADRES POR SU DÍA, QUE DIOS LOS BENDIGA.

  • Roxanne

    Muchísimas y merecidas Felicidades a todos los padres del universo en especial al mío y a mi querido esposo. LOS AMO MUCHO.......

  • yuneisy

    felicidades a todos los padres cubano,en especial a mi padre Jose Antonio q ya no esta físicamente

  • george

    Saludos
    Muy agradable y sentida crónica sobre los padres y sus valores. Gracias Liena por el trabajo.

  • Carlos E

    Porque no hay sexeando en este mes de julio???

    • Liena M. Nieves

      Hola Carlos E., un saludo para usted. Este mes no hubo sección debido a cambios en la proyección editorial del periódico, pensados en correspondencia con la situación sanitaria de la provincia, por lo que se dedicó el espacio que normalmente ocupa Sexeando, el tercer sábado del mes, a publicar los testimonios de muchachas y muchachos muy jóvenes, estudiantes la mayoría, que se incorporaron voluntariamente a los hospitales de campaña. Son entrevistas necesarias, hermosas y oportunas.
      Le agradezco su preocupación. Hasta pronto!!!!

    • Carlos

      Ok muchas gracias por la explicación