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De primavera a invierno, y viceversa

Según especialista «lo que desinfla el deseo sexual no es la unión en sí, sino el no saber convivir». ¿Coincide con este criterio?

Matrimonios distanciados
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Lo explica la dialéctica: la superación de las contradicciones es la base del desarrollo; por tanto, en reconocer el problema, hallarle el porqué —o la justificación— y probar salir a flote, aunque el naufragio parezca inaplazable, radica la mejor estrategia para deshinchar las crisis e intentar conservarnos en una pieza.

Al menos, en teoría, suena bastante viable.

Por ejemplo, el matrimonio —referido a una relación estable, no como el acto legal que une a dos personas— podría definirse, creativamente hablando, como el terreno de ensayo más productivo de la humanidad. Así los vientos soplen a favor o la «nave» haga aguas, su equilibrio depende de que cada uno identifique y entienda lo que les afecta para, sobre ese conocimiento, crear alternativas.

Claro, ciertos trances conyugales pesan más que otros. No es lo mismo discutir sobre celos, economía familiar o la educación de los hijos, que sentarse frente a frente para reconocer que lo que viven no pasa de una interpretación raquítica del sexo y la intimidad. También el amor transita su propia versión de las estaciones; sin embargo, nadie ha demostrado que el recorrido de la sexualidad continúe la lógica predecible de los astros.

El otoño del placer

Entre los primeros mensajes que recibimos estuvo el de Fabiola, quien nos pidió la llamemos así por una razón común en estos casos: al igual que sucede con otras muchas mujeres, se avergüenza —como si la crisis fuera un fenómeno unilateral— por lo que sucede con su relación.

«Él ha perdido el interés sexual, y no llevamos tanto tiempo juntos como para que esto suceda. Es cierto que ha tenido muchas tensiones familiares y de trabajo, y, además, somos padres primerizos, así que ambos nos sentimos bastante agotados. Ha habido meses en los que solo tuvimos sexo un par de veces, y una nota los cambios no solo en la frecuencia, sino en la intensidad de los sentimientos que te transmite.

Pareja distanciada en la cama.
(Foto: Tomada de Internet)

«En parte, me culpo por la situación que estamos viviendo. No me he esforzado por atraerlo, como antes, y como me paso el día en la casa, cuando llega del trabajo no tengo nada interesante que contarle, y solo quiero terminar la comida, dormir a la niña y descansar. Me miro al espejo y me siento envejecida, y lo peor es que lo estoy perdiendo y no sé cómo evitarlo. Quiero creer que él no ha cambiado demasiado, pero sé que los dos tenemos que cooperar. Tengo una imagen tan degradada de mí misma que ni siquiera me atrevo a hablarle de lo que nos pasa».

Otras mujeres, sin embargo, no notan nada extraordinario en el hecho de que la convivencia se torne más monocromática que disfrutable. De hecho, si vivieran una experiencia contraria, la legitimidad de una pasión extendida les resultaría altamente dudosa.

«Todo decae con el tiempo: es la ley de gravedad. El físico, los deseos sexuales, la pasión del principio, esas cosas se van acabando, pero obtienes otras que también necesitas, como la confianza para decirle a tu esposo: "¡Ay no!, hoy no tengo ganas", afirma Mirta María Masjuán, de 49 años, y argumenta:

«El sexo pasa a un segundo o tercer plano porque la pareja aprende a resolver sus problemas de otras formas, y como ninguno de los dos luce tan atractivo como antes, aprendes a amar a las personas por lo que tienen dentro. Que nadie crea que los deseos duran para siempre, ¡aprovechen la juventud!, que incluso a los más “ardientes” se les apaga la llama».

La mayoría de las personas asegura conocer a alguien que rebate la sentencia del «invierno sexual», aunque, por norma, los «elegidos» son andropáusicos con nueva pareja, divorciados empeñados en sacarse del pecho el maldito «clavo», promiscuos incurables o gente, sim­plemente, incapaz de mantener un vínculo sentimental que trascienda el orgasmo.

Según la apreciación social, el toque de buena suerte les viene del hecho de levar ancla cuando llevan demasiado tiempo sobre las mismas aguas. Aire fresco y perspectivas renovadoras bastan para calentar la sangre, pues la promesa de alzarle la falda a lo inexplorado hincha el pecho y nos recuerda que estamos vivos. 

Y a los que se empeñan en sobrevivir al golpe continuo de la marea, ¿no les queda otra opción que la del desgaste? ¿Perdieron la voluntad? ¿Renunciaron acaso a la alegría del placer?

Como siempre les digo, en terreno de sexo y amor la relatividad es absoluta, mas no por ello dejan de existir razones científicas, psicosociales y biológicas que explican ciertos comportamientos. No obstante, lo reitero: la sexualidad podrá marcar tendencias en apariencias inalterables; sin embargo, se mueve. 

Primavera hoy, ¿invierno mañana?

El madrileño Esteban Cañamares, psicólogo clínico experto en terapia matrimonial, asegura que el sexo constituye un indicativo fundamental a la hora de definir el funcionamiento de una pareja. 

«El sexo en una pareja es imprescindible. Sin él, una pareja no existe. Pueden ser amigos o compañeros, pero nada más».

Pareja pasea en primavera.
Primavera del amor.(Foto: Tomada de Internet)
Pareja distanciada sentada en bancos diferentes.
¿Puede evitarse el invierno? (Foto: Tomada de Internet)

¿Y alguien se atrevería a poner esta afirmación en tela de juicio? Incluso, para muchos constituye el interés vinculante principal de sus relaciones, tomado asimismo como «pacificador» de beligerancias. Dicha postura, no obstante, tampoco debería demonizarse. Cierto es que excluye el amor como base de toda relación genuina, y limita un acto íntimo y, por ende, hermoso, a simple intercambio eventual; pero si nos abstraemos un minuto de nuestras creencias y valores, la lógica del asunto emergerá.

Cañamares agrega que en la calidad y frecuencia del acto sexual no solo inciden la antigüedad del matrimonio o las condiciones de disposición psíquica y física de cada uno, sino otros tres factores de talla única para cualquier momento de la pareja: la monotonía y la «no sorpresa», la costumbre o rutina de mantener una relación por hábito y comodidad y la no existencia de planes en común. 

Otra historia reciente, la de Abraham, parece escrita sobre esas bases. También solicitó discreción con la publicación de sus datos reales. A pesar de que ya no lo une ningún lazo a su antigua novia, aún le preocupan sus sentimientos.

«Comenzamos muy jóvenes. Ninguno de los dos había tenido alguna relación importante, pero como las cosas fluyeron bien en todos los sentidos, fuimos quemando etapas. De pronto me cayó encima la responsabilidad de una casa, y esas obligaciones que adquieres con gusto, te van obligando a madurar de prisa.

«A los 25 años me sentí como un viejo, apático y sin deseos, y estaba seguro de que a ella le sucedía exactamente lo mismo, solo que ninguno de los dos se atrevía a reconocerlo. No me parecía necesario darle una sorpresa, prepararle algo especial, porque ya ese momento había pasado. Luego, a ninguno le interesaba demasiado el sexo, algo así como si dijéramos: “Si lo hacemos, ¡bien!, y si no, también”.

Los expertos dicen que…

♦ Cuando en una pareja el tener relaciones sexuales se convierte en un conflicto o tratan de evitarlo, este tipo de desconexión entre ambos puede influir de manera catastrófica en la relación.
Si se puede reparar el vínculo sexual, la relación también tiende a mejorar significativamente.

♦ Las parejas que identifican el sexo como un valor, se ocupan de su intimidad y disfrutan de los encuentros frecuentes con su pareja llevan matrimonios sexualmente felices y plenos.

♦ Hablar con nuestra pareja sobre sexo es muy importante. Decirle lo que nos gustaría probar, lo que disfrutamos y aquello que no nos agrada, es señal inequívoca de una unión sólida, en la que no existen prejuicios que derribar.

♦ Más allá de que por algún motivo no estemos completamente satisfechos con nuestro aspecto físico, la autoestima en el plano del erotismo y el coito es fundamental. Para llevar una relación exitosa ambos deben saber y sentir que complacen al otro, y al mismo tiempo sentirse satisfechos.

♦ A pesar de la rutina y las responsabilidades, siempre debe existir un espacio para el sexo y la intimidad.

«Una vez probé a ver cuántos días podía aguantar sin que la tocara, y al mes fue cuando me preguntó si me sentía mal. Me di cuenta de que la quería y me sentía confiado y seguro a su lado, pero no feliz ni realizado como hombre. Incluso, ya me había fijado en otra muchacha y la única salida era romper. La verdad es que para ambos fue un alivio tremendo. Quizás pudimos salvar lo nuestro, o quizás no, pero nos faltó comunicación y sinceridad. El amor se cansó de enviarnos señales, aunque creo que todo sucede por un motivo».

El académico José Bustamante Bellmunt, psicólogo especializado en sexualidad y pareja, miembro permanente de la Academia de Sexología y Medicina Sexual de España y autor del best seller ¿En qué piensan los hombres?, plantea en este volumen que, en el transcurso del primer año de convivencia, la frecuencia media de intimidad asciende a 3,2 encuentros sexuales a la semana.

Del segundo al tercero, la cifra disminuye a 1,9 cada siete días, y a partir del tercer año, hasta 1,1 coitos semanales. No obstante, el propio autor aclara que los números no pueden tomarse como palabra santa, ya que se basan, fundamentalmente, en encuestas y estudios anónimos en los que las personas suelen tergiversar sus datos reales.

Tengo la certeza de que suman varios los que en este punto de la lectura cuestionan la confiabilidad de las estadísticas, ya que, analizadas a vuelo de pájaro, desmejoran la visión positiva que teníamos sobre nuestro desempeño.

Sin embargo, el principio más revelador de la investigación de Bustamante resume la leyenda urbana tras la «maldición» del matrimonio: lo que desinfla el deseo sexual no es la unión en sí, sino el no saber convivir. Además, incluyó la mediación del género para distinguir las formas de proyección al respecto de mujeres y hombres. Para nosotras, hacer el amor constituye una consecuencia directa de la libido y la estabilidad de la pareja, mientras que la parte masculina decodifica el deseo sexual como una forma de medir el éxito o el fracaso de la relación.

Otros podrán añadir sus visiones o impugnar lo que han leído. Sin embargo, lo que sucede entre las cuatro paredes de nuestra intimidad resulta el único testimonio honrado de lo que nos aviva como amantes.

Queremos al otro viciados por los números y parámetros correctos. Pretendemos alcanzar la simetría del amor, las longitudes y los volúmenes deseables, los dígitos que nos acogen entre los «normales». ¿Quién quiere formar parte de un estándar maniatado? Al menos, yo doy un paso atrás. Las cifras no son reglas por cumplir ni los años de relación, el pretexto para bajar bandera y alzar los brazos. 

  • Juan Antonio Hernandez Caraballo

El amor es como un jardín que hay que regarlo y cultivarlo cada día, en cada instante; la flor del amor no se puede dejar marchitar, hay que ser creativo, tener muy en cuenta los detalles, el trato debe ser carñoso, comprensivo; se deben evitar las decepciones y no dar lugar a mal entendidos, la fidelidad debe ser un postulado inviolable en cada pareja que verdaderamente se amen. Y de vez en cuando se regala una flor o una poesía como la siguiente.

ANIVERSARIO DE BODA
POR JUAN ANTONIO HERNÁNDEZ CARABALLO
Gracias a un ruiseñor
Que un jardín encontré
Con pasión recordaré
Nuestro primer beso de amor,
En una mano una flor
En la otra una poesía,
En mi alma la alegría
Que hoy te voy a regalar
Y con amor recordar
La pasión del primer día.

Son diez años soñadores
Que a tu lado han transcurrido,
Que felizmente he vivido
En matices y colores,
En fervor de los fervores
Me diste la mejor sena,
Y eres bella y halagüeña
Cuando me aprieta y me arrullo,
Solo el saber que soy tuyo
El mayor bien es pequeño.

Contigo yo viajo al monte
Para sentir el rocío,
Y en un largo beso mío
Oirás trinar al sinsonte,
En el lejano horizonte
Divisaremos un futuro,
Que no habrá piedra ni muro
Que impida tan bello encanto,
¡Miremos al cielo santo
Y de todo mal me curo!

Eres todo para mí:
La luna, sol y estrella,
Donde has dejado la huella
De pasión y frenesí,
Voy a dedicarte a ti
Por el nuevo aniversario,
En perfumado escenario
Un lindo encuentro a la Diosa
Que serás la más dichosa,
¡Mujer, rosa del rosario!