A playa revuelta, ¿ganancia de pescadores?

Los pobladores de Juan Francisco y Playa Nazábal, dos de los balnearios más humildes y populares entre la población local, no creen que lo del cambio climático «sea para tanto». En su mayoría,  viven del y por el mar.

Juan Francisco
Los pescadores de Juan Francisco no han podido pescar con malla —una de sus principales fuentes de ingresos— desde el paso del huracán Irma. ¿La razón?: a pesar de que la alerta se emitió con varios días de antelación, los responsables en la Comercial de la Pesca no preservaron a tiempo los bienes de su sede en la comunidad costera, y se perdió, entre otros equipos, la nevera donde guardaban la captura del día. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
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«Yo no estoy claro de si esto será un balneario, pero lo que sí sé es que Juan Francisco es la playa del pueblo, el hotel de los pobres». Mientras habla,  Biajaca, el custodio del muelle, sonríe y se encoge de hombros. A su espalda, varias docenas de botes y pequeños barcos se mecen, suavemente, sobre las confusas aguas castañas que le ganaron el apodo de «Juan Fanguito» a la comunidad costera.

Allí, si algo sobra, es el silencio y la dilatada sensación de aislamiento, a pesar de que nos aseguran que la población flotante diaria puede llegar al centenar de visitantes, en su mayoría pescadores. Sin embargo, hablamos de un poblado con más de 800 viviendas, por lo que la desolación salta a la vista como una de esas extrañezas a las que no se habitúa la gente de ciudad.

«Si usted viene en julio y agosto no conoce a Juan Francisco. Es como si el pueblo únicamente existiera durante las vacaciones, y después, ¡pum! —choca las palmas y abre las manos, vacías y duras— a las autoridades se les olvida que existimos».

Eduardo Martínez Portal no reside de forma permanente en la comunidad costera, sino en Vueltas, pero desde 1958 tiene allí su propia casita de veraneo. Como pescador, lleva décadas recibiendo el día a orillas de la playa. 

«Con “Irma” se inundaron las viviendas y lo perdimos casi todo, y cuando Planificación Física estuvo aquí, hará un mes, nos informaron que lo que se cayó no lo van a levantar. La mía es una residencia de descanso y, más o menos, uno se las arregla para recomponerla, pero aquí sí hay gente que está embarcá».

Y entre los embarcáos señala a Ferrer, un hombre de pelo blanco que, al jubilarse en el 2014, decidió mudarse a Juan Francisco. En lo que fue el portal de su casa, desgajado por el huracán, Pedro Carlos Ferrer López contó a Vanguardia su propia versión de las anunciadas medidas de Planificación Física.

«Quienes, como yo, somos propietarios de viviendas temporales, nos encontramos en un limbo legal. Esta casa la construyó mi padre en la década del 50 del pasado siglo y hace tres años la habito de manera permanente. Sin embargo, el Gobierno no me quiere ayudar con las 22 planchas de fibrocemento que necesito para terminar de componer la cubierta, ya que mi dirección oficial está en Santa Clara, y eso me inhabilita como damnificado. Pero si yo vivo en Juan Francisco, tengo aquí mi barco y no quiero irme del lugar, ¿cómo me defiendo?».

Juan Francisco
Juan Francisco
A más de dos meses del impacto de «Irma» sobre Juan Francisco, los escombros, la destrucción, la precaria higiene y la desatención en varios aspectos básicos, constituyen problemáticas cuya dilación no se justifica. (Fotos: Ramón Barreras Valdés)

La secretaria del PCC en el núcleo zonal Playa Juan Francisco, Nereida Ganuza Santos, comprende el por qué de tanta confusión e inquietud entre el puñado de vecinos de la comunidad. «Ahora todos quieren que les arreglen lo suyo, y no valoran el esfuerzo del país para que nadie quede desamparado. El problema es que vinieron dos funcionarios del Partido municipal y del provincial, respectivamente, y nos informaron que Planificación Física no permitiría que se levantaran de nuevo las casas; luego regresaron y dijeron que sí se podía, pero por esfuerzo propio.

«A estas alturas no sabemos qué hacer. La situación ya resulta agobiante: no existen medios de transporte que nos traigan los insumos y alimentos que necesitamos, no contamos con una protección eficiente por parte de la PNR, los niños tienen que trasladarse más de seis kilómetros para ir a la escuela y la comunidad quedó prácticamente destruida después del huracán. La cotidianidad se nos ha hecho insoportable».  

Nereida Ganuza Santos
Nereida Ganuza Santos. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

En Juan Francisco solo se contabilizan tres residencias, con sus respectivos núcleos familiares, con dirección fija en el poblado. No obstante, de acuerdo al listado de electores para las venideras elecciones generales, suman 52 los ciudadanos asentados y con derecho al voto. ¿Cincuenta y dos, en tres casas?

En la explicación de Nereida Ganuza Santos hallamos varias de las claves tras los porqués del disgusto colectivo. 

«Tanto por la Ley General de la Vivienda, como por la Tarea Vida*, se prohíben los traslados permanentes a las casas de veraneo, aunque muchas personas sí las ocupen a  tiempo completo. Algunos, sin embargo, tienen su vivienda en otros municipios, pero otros, como resultan los casos de Luis Ariel García Monteagudo y Julio Hernández Peña, no poseen ninguna propiedad más. “Irma” les tumbó sus casitas y, según parece, no les asiste el derecho a reclamar la ayuda del Gobierno».

A Julio lo conocen por Julito, el pescador. Llegó a Juan Francisco en 1976, y en Vueltas dejó una pequeña vivienda que, entre el abandono y las ráfagas del huracán, cayó herida de muerte. «El mar es todo lo que soy y lo que amo. Aquí he hecho mi vida y de aquí no me voy. Por eso me duele tanto el abandono y que los responsables no nos socorran en un momento tan duro. Yo creo que nos están obligando a irnos para que nadie más construya en esta zona. Siento que me ahogo».

De acuerdo al «Informe de visita realizada a los Asentamientos Costeros (2)», facilitado a Vanguardia por la Dirección Provincial de Planificación Física (DPPF), los residentes permanentes de Playa Juan Francisco, cuyas viviendas sufrieron derrumbes totales y parciales, serán reubicados «en terrenos existentes en la calle Méndez e/ Máximo Gómez y Prolongación de Méndez, en el asentamiento de Vueltas, áreas inscriptas a favor de Planificación Física Municipal».

Julio Hernández Peña
Julio Hernández Peña. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Asimismo, entre las recomendaciones al Consejo de Defensa Provincial (CDP), se establece que «según el Decreto Ley 212/2000, en la zona costera y de protección costera no se permiten nuevos desarrollos y además se establece que los espacios que queden libres por cualquier causa no se ocuparán nuevamente».

La misma recomendación se extendió a Playa Nazábal, el pueblito de pescadores sobre el que «Irma» asomó su ojo, mientras arrastraba, entre lodos, hedores y tristezas, el futuro inmediato de los que poco tenían.

Nazábal, día 60

A dos meses exactos del sacudón horrible de la primera visita, cuando nos preguntábamos cuándo diablos aquella gente podría sonreír de nuevo, en Playa Nazábal se notan los cambios. A diferencia de Juan Francisco —donde, por tramos, la guata de algún colchón sobrevuela entre remolinos de polvo y va a parar a la escombrera en pausa de lo que fue el merendero—, en el poblado encrucijadense el caos va perdiendo su condición y la normalidad, relativa y tímida, parece más cercana.

De un total de 330 viviendas, solo 33 pertenecen a residentes  permanentes, con afectaciones por derrumbe total en cinco de estas, y daños parciales, mayoritariamente en las cubiertas, en las restantes. Las instalaciones estatales de servicios y alojamiento también recibieron su cuota extra de perjuicios: entre la monstruosa crecida del mar —con sus más de dos metros por encima del nivel corriente—, y la depredación que llegó de fuera y de dentro de la comunidad, los daños estructurales fueron tantos que Planificación Física instó a realizar el dictamen técnico para determinar su permanencia o no en la zona.

Playa Nazábal
En Cuba suman 262 los asentamientos costeros —de los cuales 120 se consideran extremadamente vulnerables—expuestos al sostenido incremento del nivel del mar, con una población total de 193 mil personas cuya paulatina reubicación constituye un desafío para el gobierno cubano. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

«Bueno, si eliminan lo poco que hay, no sé a dónde iremos a parar». Elisa Armenteros García es una de las que nacieron a medio palmo de la playa, y aunque el sustento de su casa no depende de la pesca, se echa a reír ante la pregunta de si han pensado en la posibilidad de moverse a otro sitio. « A dónde?, ¿a la “favela” que están construyendo en Emilio Córdova? ¡Ni locos que estuviéramos!».

Antonia Caridad Rodríguez Nazco, su vecina, tampoco pretende ceder a la tentación de no preocuparse más por el arranque de las olas en tiempo de ciclones.

«Otras personas tienen una situación más complicada, pero yo, con una vivienda buena, de mampostería, no voy a entregarla para que me den a cambio un bajareque de tabla de palma. Si pudiera mantener la casa de la playa, quizás me mudaría, pero bajo esas condiciones, ni pensarlo».

Emilio Córdova
En el Consejo Popular Emilio Córdova se comienzan a construir 50 nuevas viviendas destinadas a los damnificados. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

A ciencia cierta, ningún entrevistado en Playa Nazábal conoce el procedimiento para la entrega de las 50 viviendas que se comienzan a erigir en el Consejo Popular Emilio Córdova, o, al menos, quiénes  serán sus beneficiarios. Erick González Longa, Arquitecto de la Comunidad en Santa Clara, explicó, sobre el terreno, las características de las nuevas casas, de las cuales 28 tendrán un dormitorio; ocho, dos; y 14, tres.

«Serán viviendas independientes. El objetivo es que la primera habitación y el baño se construyan una parte de bloques y mampostería, con cubierta pesada de viguetas y tabletas; y la otra, con una estructura de madera y cubierta ligera. Así, cuando tengan las condiciones, los propietarios podrán mejorarlas, pero en estos momentos esos son los materiales con que cuenta la provincia».

Playa Nazábal
Playa Nazábal. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Según el «Informe…», elaborado de acuerdo al Plan General de Ordenamiento Urbano de Nazábal, «las viviendas afectadas con derrumbe total se propone su relocalización en áreas previstas en el asentamiento Emilio Córdova o en el Reparto Vila en la cabecera municipal este último contando con estudio de microlocalización con código 440.16».

Sin embargo, Edely Mederos Medina, jefa de Vigilancia del CDR en Playa Nazábal y nominada a delegada, no cree que la reubicación resulte tan inaplazable.  

«Los que nacimos aquí sabemos que solo se puede construir a partir de 50 metros del litoral, porque no se pueden levantar casas en la duna de la playa. Lo mío fue un derrumbe total, y ya casi tengo todos los materiales que necesito. A otro vecino nuestro, que vivía pegado a la franja de mar y perdió su casa, le dieron un terreno, a unos metros del mío, para que construya. Además, a nosotros nadie nos ha dicho nada definitivo, todo son rumores. Si nos fueran a mover, ¿por qué el Estado haría un gasto tan grande?».

Sobra decir que lo del cambio climático no califica como mera intimidación o discurso cansino, pues la devastación causada en Cuba y el Caribe por los más recientes eventos hidrometeorológicos, supera la categoría de simple aviso.

Para el 2050 se prevé una elevación del nivel medio del mar ascendente a 27 cm, y medio siglo después, podría alcanzar, prácticamente, un metro. Desparecerá, en cuestión de años, la superficie emergida del país en zonas costeras muy bajas, y la salinización de los acuíferos subterráneos abiertos al mar será imparable. Sin embargo, aun cuando el hombre haya devenido lobo del medio ambiente y se le posicione en la cima de la cadena evolutiva, poco puede hacer contra el imperio de la naturaleza.

Habrán de encontrarse —pronto, muy pronto— los modos de imbricar la planificación estatal con la historia y las necesidades de los «desarraigados», que es lo mismo que abogar por que se les escuche y se les comprenda. El convencimiento requiere de voluntad y esfuerzo de ambas partes, de persuasión honesta, de comunicar con coherencia y habilidad. Se trata de salvar vidas, no de imponer decisiones, pues no por justificadas, dejan de ser dolorosas.

 

Nota:   

* El Plan de Estado de la República de Cuba para el enfrentamiento al cambio climático, conocido como la Tarea Vida, fue aprobado el 25 de abril de 2017 por el Consejo de Ministros. Este programa incluye acciones dirigidas a contrarrestar las afectaciones en las áreas más vulnerables, entre las cuales destaca el no permitir construcciones de nuevas viviendas en los asentamientos costeros.