Out por regla y tolerancia cero

Solo en 2017 se ocuparon en la isla un total de 4,8 toneladas de drogas, lo cual evidencia que, tal y como ocurre en el resto del mundo, los cubanos somos igual de vulnerables.

Enfrentamiento a las drogas
(Foto: SMB)
Visto: 1160

«Trap  pa´ calentar», y apoyó el anuncio llevando hasta el tope el volumen de la bocina portátil. Otros tres muchachos —pantalón amarillo, mochila sobre la acera— cabeceaban rítmicamente, moviendo los hombros y mordiéndose los labios….a lo Bad Bunny, supongo.

Las nenas también hacían lo suyo. Cuando los varones tarareaban «Lo' maleantes quieren krippy, krippy, krippy, krippy, krippy», ellas se golpeaban las caderas y encogían la boca en una mueca ¿sexy?: «To'a las babys quieren kush, kush, kush, kush, kush». «Maleantes» y babys de 13 años. En Santa Clara. A dos cuadras de la escuela. «Cosas de muchachos», gira la cara y vete.  Los padres ya tienen demasiado con alimentarlos y vestirlos; la música es lo de menos…

Porque no sé cómo, pero todavía uno se topa con gente convencida de que los cubanos continuamos aislados como posturas de invernadero, e incluso, se aferran a la ilusión del control absoluto que una vez —hace mucho, muchísimo— existió sobre lo que se consumía en este país, audiovisual e informativamente hablando. Resulta que el krippy de Bad Bunny y Farruko —el reguetonero Don Omar también la mencionó antes en varios de sus temas— no constituye una palabrita mágica para pegar estribillos, como el Chan Chan y el Blen Blen .

La leyenda urbana tras ese término cuenta que podría tratarse de un diminutivo de kriptonita (el mineral ficticio que debilitaba a Súperman), pues resulta un tipo de marihuana genéticamente alterada cuyo contenido de THC (tetrahidrocannabinol, el principal constituyente psicoactivo del cannabis) aumenta entre un 12 y un 22%. O sea, con el krippy, el «enganche» queda garantizado.

La del kush es otra historia. Su nombre original, OG Kush (Ocean Grown Kush, por sus siglas en inglés), hace referencia a que, al menos en sus orígenes, solo se cultivaba en la bahía de California, en Estados Unidos. Al igual que el krippy, también constituye una variedad de marihuana con elevadísimos índices de THC —hasta un 24%— y de acuerdo a las páginas que en Internet aplauden su «exquisita singularidad», los efectos en quienes la consumen pueden variar desde trances eufóricos y potencia inusitada, hasta sensación de embotamiento físico y mental, delirio, paranoia, disminución de la presión sanguínea y aumento del apetito. 

Sin embargo, y para no prescindir de lo que suelo llamar «la filosofía del confiado», espantamos los temores con el recurso de suponerlos lejos de nuestros hijos, de los que más nos importan o de nosotros mismos. El crimen organizado, la cocaína, el Éxtasis, las metanfetaminas o el Canfentanilo, apenas forman parte de una realidad de ficción que nos llega (y disfrutamos) a través de todo audiovisual que no sea Made in Cuba. Hasta ahí. «Aquí  no suceden esas cosas», desenchufamos el plug y nos preocupamos por lo «real»: salario, comida, transporte, construcción.

«No resulta un secreto para nadie que los reos por tráfico de droga no progresan en el régimen y cumplen completa la condena, pues esa es la postura internacional al respecto. Para ellos no hay libertad condicional ni rebaja de sanción, y la familia es la que más padece por la confiscación de un vehículo, la vivienda o una finca, pues las consecuencias de sus actos también afectan y desprotegen a quienes los rodean».

También a mí y a tantos otros nos resultaría más cómodo creernos libres de riesgo, pero el hecho de que solo en 2017 se ocuparan en la isla un total de 4,8 toneladas de drogas —1,6 t más que en 2016— bastan para evidenciar que, tal y como ocurre en el resto del mundo, los cubanos somos igual de vulnerables.

En una alocución pública a través del programa Mesa Redonda (17/12/2017), la Dirección Nacional Antidrogas del Ministerio del Interior esclareció que el 92% de la droga incautada en el país deriva de operaciones fallidas de narcotraficantes: al ser sorprendidos por las autoridades cubanas, arrojan las pacas al mar, las cuales llegan a las costas de la isla a través de las corrientes marinas. No obstante, las acciones de enfrentamiento del pasado año pudieron frustrar 47 operaciones aéreas, unido a la ocupación de más de 62 mil plantas de marihuana y 92 mil semillas.

De aquella burbuja que nos sitió en un espacio hermético ya va quedando muy poco. Cuba se abrió al mundo porque en ello nos iba la supervivencia, pero con la avalancha que bajó la cuesta entró de lo bueno, y también de lo peor, que se vive en el resto del planeta.

El centro de la isla tendría mucho que contar al respecto, quizás con matices propios, aunque adecuada a una única visión: con la droga, ¡cero tolerancia!

Una política sin medias tintas

A inicios del nuevo milenio, el fenómeno de la droga no constituía una problemática tan visible para la sociedad cubana. Siempre existieron casos aislados, sobre todo en ciudades populosas y en destinos turísticos de importancia, pero para esa fecha el asunto fue adquiriendo un auge desconocido entre la población.

Destacamentos Mirando al Mar
El 92% de la droga incautada en el país deriva de operaciones fallidas de narcotraficantes que, al ser sorprendidos por las autoridades cubanas, arrojan las pacas al mar, las cuales llegan a las costas de la isla a través de las corrientes marinas. Por tanto, resulta indispensable que los pescadores sepan qué hacer ante situaciones de ese tipo. (Foto tomada de Internet)

En 2003, la operación Coraza Popular permitió accionar simultáneamente, en todo el país, contra personas que se venían dedicando al tráfico de medicamentos con efectos similares a las drogas, aunque también se incautaron a productores y vendedores nacionales y foráneos.

El Tte. Coronel Esquiel González Pérez, jefe del Órgano de Investigación Criminal y Operaciones del Minint en Villa Clara, explica que la política penal al respecto contempla varias  tipicidades delictivas, pues contiene a todas las figuras involucradas en la cadena: quien la produce, la transporta o la trafica, hasta el que la procura o expende y los que la consumen.

«La impotencia y desatención por parte de algunos gobiernos, así como la impunidad del crimen organizado, han provocado que 12 naciones de este hemisferio legalizaran el consumo de drogas con fines terapéuticos y recreativos. De hecho, siete de esos países se encuentran en nuestro continente, pues alegan que científicamente están  demostrados los efectos positivos de la marihuana, pero tanto nosotros como potencias al nivel de Rusia y China, mantenemos una política inamovible e intransigente sobre el tema».

—La política de Cuba al respecto siempre fue de total severidad.  ¿Qué justifica entonces el reforzamiento de las medidas de control a partir del 2003?

—Las posibilidades para que la droga llegue a la población y se establezca como un flagelo son muchas. Por ejemplo, ya tenemos un caso en Villa Clara que usaba el tan conocido cigarro electrónico para drogarse. Se trata de un aditamento popularizado en el mundo para desintoxicar a los fumadores y, sin embargo, la gente logró adaptarlo y le colocan dentro las sustancias.

«Por otra parte, encontramos a los extranjeros que traen drogas consigo a Cuba alegando que en su país el doctor se las recetó. Sea cual sea la frontera por la que arriba o la veracidad de su tratamiento, tampoco pasará.

«En lo interno nos golpea la falta de sistematicidad y atención sobre los fármacos con efectos similares. Suman miles las personas con tarjetones certificados por las instancias de salud, pero que no reciben una sola acción de control por parte de su médico de familia o de los farmacéuticos. Incluso, algunos ni siquiera necesitan el medicamento o lo toman en dosis más bajas, por lo que se lo procuran a otros y crean un problema enorme dentro de la comunidad. Esa tarea en específico concierne a Salud Pública, pero la prevención tiene que valorarse desde una perspectiva multisectorial».

El 21 de enero de 2003, el entonces presidente del Consejo de Estado y de Ministros, Fidel Castro Ruz, firmó el Decreto Ley Nro. 232 Sobre confiscación sobre hechos relacionados con las drogas, actos de corrupción o con otros comportamientos ilícitos. La naturaleza de dicho decreto refleja la rigurosidad del marco sancionador al respecto, pues se aplica de manera independiente al avance del proceso penal, ya que se va argumentando para proceder contra los bienes asociados a la actividad.

Ya desde el año 1999, el Parlamento cubano había aprobado una modificación del Código Penal que reforzaba las sanciones contra el tráfico de drogas.

Lisnay Mederos Torres, Fiscal Jefa de Villa Clara, explicó a Vanguardia que la tendencia más marcada en el territorio apunta a la posesión de medicamentos que clasifican entre las drogas o los psicotrópicos con efectos similares. Por tanto, presentan el mismo enfrentamiento de severidad.

«También hemos tenido marihuana, aunque esta resulta una provincia  con bajos niveles de procesos de tal naturaleza. En 2017 sí se trabajaron casos de ese tipo, aunque en pequeñas cantidades, y a quien generalmente se detecta aquí es al distribuidor. Ya se sabe que este constituye un delito que trae aparejada la aplicación del Decreto Ley 232, administrativo y paralelo al proceso penal».

¿Cuáles bienes se incluyen dentro del patrimonio confiscado?

—Si la ocupación ocurre en una finca, el implicado, que puede tener cualidad de propietario o de usufructuario, lleva el decomiso de la tierra si se comprueba que allí se sembró marihuana o existen semillas o posturas. En el caso de las viviendas, la Fiscalía presenta el proceso confiscatorio y el director provincial de ese organismo emite una resolución que el infractor podrá apelar ante el ministro de la Construcción. O  sea, tiene derechos, pero el enfrentamiento no se contempla fuera de los marcos del más estricto rigor, ya que esta actividad no es compatible con el sistema social cubano.

El Tte. Coronel Esquiel González Pérez es de los que opina que muchos aún no comprenden la magnitud total de sus actos.

«No resulta un secreto para nadie que los reos por tráfico de droga no progresan en el régimen y cumplen completa la condena, pues esa es la postura internacional al respecto. Para ellos no hay libertad condicional ni rebaja de sanción, y la familia es la que más padece por la confiscación de un vehículo, la vivienda o una finca, pues las consecuencias de sus actos también afectan y desprotege a quienes los rodean.

«Aunque existen la variante penal y la administrativa, no se puede obviar el valor del frente preventivo. La Dirección Nacional de Drogas desarrolla herramientas y toma medidas a partir de indicaciones generales para incidir en las escuelas, pues tenemos que preparar a la juventud y a nuestros niños, ya que constituyen el eslabón más vulnerable y expuesto de la sociedad».

Algunas sí, ¿y otras no?

A las 4:40 de una de esas tardes en las que el calor se vuelve sal sobre el cuerpo, más de diez adolescentes con uniforme de preuniversitario entraron a uno de los cafés próximos al parque Vidal. Felices y suaves rieron de sus cosas y se acomodaron en las banquetas. Antes del café, un cigarro. Después, dos o tres más. A nadie le conmueve ni le importa. A fin de cuentas, mientras más consuman, mejor.

Adolescentes fumando y bebiendo
(Foto tomada de Internet)

Se fuma en los hogares y también se bebe con total anuencia pública, aunque el alcohol y la nicotina sean igual de adictivas y fatales que las llamadas drogas duras. Si el 24% de la población de la isla aparece en las estadísticas como fumadores activos, y más del 45% de los mayores de 15 años consume bebidas alcohólicas con frecuencia —el Minsap estima que el alcoholismo rebasa el 4% de los cubanos—, ¿por qué de tanta disparidad en materia de enfrentamiento?

No pretendo crear un careo ni mucho menos —cualquiera comprendería que existen lógicas distancias y amenazas entre unas y otras—, pero lo que por un lado se afronta con el brío de quien defiende la seguridad de un país, por el otro debería reforzarse multisectorialmente, dada la creciente tasa de morbilidad y fallecimientos por enfermedades crónicas no trasmisibles, fundamentalmente cancerígenas.

Todo lo que hagamos por nuestra gente, que es lo mismo que hablar del futuro del país, es poco, pues una patria con hijos vencidos por las adicciones no tendrá la oportunidad de crecer ni prosperar.

Enfrentamiento a la droga en Villa Clara

  • El aeropuerto internacional Abel Santamaría está considerado el tercero más importante del país. Sin embargo, el factor de riesgo para la entrada de drogas se incrementó sustancialmente en los últimos tres años, desde que la aerolínea Copa —procedente de Panamá y Centroamérica— inició sus operaciones en Villa Clara. De hecho, la casi totalidad de los incidentes a nivel nacional se relacionan con estos vuelos. 
  • El pasado año no se reportó ningún caso de narcotráfico en el «Abel Santamaría», pero sí ha existido incidencia de consumo e intención de tenencia de sustancias por turistas. En febrero de 2017, un ciudadano canadiense declaró que portaba drogas con fines médicos, y atendiendo a la política nacional de cero tolerancia, la decisión de las autoridades fue prohibirle la entrada al país y reembarcarlo.  
  • El intento de extraer recetas médicas y fármacos controlados para suministrárselos a familiares en el extranjero resulta bastante frecuente en el aeropuerto villaclareño, por lo que Salud Pública aumentó el rigor en la emisión de recetas y tarjetones. En estos casos, se decomisa el producto y se les permite la salida a los viajeros.   
  • La frontera marítima resulta especialmente vulnerable en Villa Clara, con siete municipios costeros. El año pasado hubo un total de tres recalos: dos por Corralillo, donde se incautaron 17,24 kg de cocaína, y uno de marihuana por la cayería norte de Caibarién, con un peso de 9,80 kg. No obstante, el sistema implementado por el Minint insiste en la necesidad de continuar preparando a los pescadores para que sepan cómo proceder en tales situaciones. 
  • Durante el 2017, el enfrentamiento al tráfico interno en Villa Clara se caracterizó por el corte público por diez hechos de droga con diez ciudadanos implicados —ocho nacionales y dos extranjeros—, y la radicación de siete denuncias por el delito de tráfico y tenencia de drogas. También se reportan casos de siembra de marihuana, expendio, consumo y venta ilegal de medicamentos controlados y no controlados, por lo que fueron acusados y procesados tres trabajadores de Salud Pública.
  • Aun cuando las cantidades de marihuana y cocaína confiscadas a ciudadanos en varias acciones de control puedan parecer poco significativas, la Unidad Antidrogas resalta que, años atrás, esa no resultaba una problemática común en el territorio. Es decir, al tráfico y consumo de pastillas ya se añade el riesgo de que circulen otras sustancias altamente adictivas.

      Datos ofrecidos por el Ministerio del Interior

Se han publicado 1 comentario

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.

  • andres garcia lopez

    Duro con las drogas. Tengo tres hijos y jamas me canso de advertirles sobre el consumo de drogas y sus efectos en la salud humana.les hablo que cumpli mision en un pais africano cuyo nombre no me gustaria revelar por respeto a los ciudadanos que nada tienen que ver con ese flagelo, y fueron muchos de casos de drogadiccion que vi. Mi cuba era libre casi en el cien por ciento de drogas, con la entrada del turismo internacional las cosas han empeorado. Ojo con las drogas, debemos estar vigilantes.