Parada en Tajadora

Con rendimientos cañeros superiores a las 60 t/ha la CPA Bernardo Díaz, en Tajadora, Cifuentes, clasifica entre las 60 mejores productoras de caña del país.

Entrega de caña por la CPA Bernardo Díaz, de Cifuentes.
La entrega de caña al basculador del ingenio constituyó una garantía en los altos económicos de los campesinos. (Foto: Luis Machado Ordetx)
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«Del fango a la cima de una loma, y no paramos en otros ascensos», dijo hace poco en Tajadora, Cifuentes, Yamilé Báez Fernández, una mujer apegada al campo. No entendí en principio de qué hablaba, aunque los ejemplos se ilustraron con datos estadísticos. Entonces se despojó del habitual sombrero de yarey, para demostrar el por qué sitúan a su cooperativa entre las mejores productoras de caña de azúcar del país. No por gusto en las superficies que atienden los rendimientos rebasan las 60 toneladas por hectárea, una cifra de excelencias en el cultivo de la gramínea.

A partir de 2012 comenzaron los cambios. En esa fecha —advierte la única fémina del noroeste municipio villaclareño que preside una Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA)— «teníamos más de un millón de pesos en deudas bancarias, y los volúmenes cañeros eran muy bajos. El marabú invadía todo, y hasta las guardarrayas y caminos interiores se perdieron con las infestaciones del indeseable arbusto espinoso.

Yamilé Báez Fernández, presidenta de la CPA Bernardo Díaz.
Yamilé Báez Fernández, la presidenta de la CPA Bernardo Díaz, recalca que el trabajo colectivo es esencial en faenas agrícolas. (Foto: Luis Machado Ordetx)

«Sólo contábamos con pocos socios, los aportadores de tierra, ya ancianos, y algunos familiares. Era necesario agradar a los jóvenes, ¿pero cómo lograrlo con lo exhibido? Las ofertas de empleo eran muchas, pero no atrayentes. Cuando llegué aquí, procedente de la cercana CPA Sabino Pupo, nadie quería trabajar con esas limitaciones económicas, y desalentadores anticipos y nula estimulación. El dinero para repartir era escaso en medio de pésimas condiciones agropecuarias. Algunos pensaron que la solución estaba en refundar la cooperativa con otra aleñada. Imagínese, y para colmo, una mujer en la dirección y ante hombres curtidos por el sol y con decepciones por los escasos frutos que obtenían en áreas de secano», señaló.

Los cambios, por supuesto, no salieron de la noche a la mañana. Es imposible. Hubo primero reuniones colectivas, y compromisos con recorridos por los campos. Reafirmaron el propósito de tomar decisiones certeras y convertir a la CPA Bernardo Díaz en uno de los baluartes cañeros de la provincia. Tierras, aunque infestadas de marabú, existían, pero era necesario comprometer a todos los socios en una «aventura» que algunos catalogaban de inviable.

La mujer especializada en Recursos Humanos estaba acostumbrada al trabajo rudo, de agricultura, y lo mismo emprendía labores diarias con un machete o guataca, que orientaba cómo hacer mejor las asistencias técnicas a los suelos. Ahí estuvo el primer ejemplo, con pocas horas de descanso y para atender a la familia. Hasta los más antiguos vecinos del asentamiento creyeron en un pronto desgaste físico, pero...

Contra la abundancia del marabú se entabló el primer combate. Los escasos cañaverales existentes eran raquíticos. Primero «prometieron motosierras, pero llegaron tarde, y a machete y hacha se limpiaron las primeras 450 hectáreas de cayos e islotes infestados de malas hierbas. «Aquello eran marabuzales de anjá», comentan algunos socios. Los troncos de las plantas, en muchas ocasiones, tenían más de cinco metros de altura y hasta 20 centímetros de diámetro. Lidiar con ese panorama era en extremo difícil, y cuando llegaron las motosierras no sirvieron para el corte de madera.

El ejemplo individual y el deseo de echar para adelante se impusieron durante los primeros días, y la presidenta de la cooperativa aparecía de improviso en los lugares más insospechados en los cuales se efectuaban las tareas planificadas para la jornada de la mañana. Nada de doble sesión ante el resistero del sol y la lluvia, y tampoco meriendas y almuerzos «mejorados», como dicen por ahí.

Diversificar cultivos

El panorama en las inmediaciones de la comunidad campesina comenzó a cambiar. Las transformaciones se hicieron campo adentro, y también en las oficinas. Un decisivo apoyo estatal, así como de las direcciones políticas y gubernamentales del territorio, contribuyó a que hombres y mujeres, y hasta jóvenes, tomaran en cuenta el rumbo progresivo de las actividades agropecuarias.

La fuerza femenina fue una fortaleza, y después llegaron «jóvenes dispuestos a consolidar los aportes productivos. Unas 1200 hectáreas de marabú quedaron desmontadas, y luego del buldoceo y roturación se plantaron de caña», afirmó Báez Fernández.

Labores con tracción animal en CPA Bernardo Díaz, de Tajadora, Cifuentes.
Las labores con los cultivos varios, a cargo de una brigada integral, afianzan los rendimientos de los suelos. (Foto: Luis Machado Ordext)

Los sembrados de caña representan el 75,6% del área en cultivo. En la actualidad unas 315 ha de caña, con rendimientos superiores a las 60 t/ha, dirigen al ingenio Héctor Rodríguez, en Sagua la Grande, todavía en zafra. En las faenas intervienen cuatro pelotones de corte mecanizado, y el trabajo se extiende más allá de las ocho horas diarias. De manera simultánea, en campo liberado de gramínea, efectúan la atención a los retoños y los cuidados culturales a las plantaciones. También acentúan las tareas de roturación de tierra y siembra para satisfacer los compromisos de venideras zafras.

Sin embargo, hasta las guardarrayas son aprovechadas para plantaciones de viandas y granos, vitales en el autoabastecimiento de los socios. La entrega de leche, a partir del mejoramiento racial del ganado vacuno, también contribuyó al incremento económico y a la solvencia monetaria.

En las fincas agrícolas aplican el principio de vinculación de áreas, sin afectar el horario de atención a los cañaverales. ¿Cómo trabajan?, pregunto a la presidenta. «Todo se efectúa con una brigada integral de autoconsumo responsabilizada con la producción de cultivos varios. La atención a la masa animal también tiene sus implicados, para evitar desnutrición y muertes, y responder por los aumentos de la natalidad y la alimentación de las reses», subraya. 

El pasado año sobrepasaron los 38 000 litros de leche, y en el actual incluyeron otros 8 000 por encima de esa cifra. Hasta el momento el programa muestra cumplimientos satisfactorios, indicó Báez Fernández.

Acaso, ¿hay una taza de oro aquí?, advierto. De inmediato la mujer responde: «¡Qué va!, todavía no estamos satisfechos. Falta mucho. Hoy por los resultados monetarios, de acuerdo con el respaldo productivo, jóvenes de las cercanías desean incorporarse a la Cooperativa, y a veces tenemos que parar con los contratos eventuales. Al medio centenar de asociados, por anticipo diario, se les paga a cada campesino $ 70.00 pesos, y por concepto de estimulación, dos veces al año, alcanzan más de $ 4 000.00, cifras respetables», recalcó.

Al año, ya en liquidación, el ¿monto resulta altísimo?, infiero. Báez Fernández, recalca: «Si, entre 35 y 40 000.00 pesos, pero todo está dado por los indicadores cañeros, aunque la venta de leche, ganado y otras producciones también dejan ingresos», acotó.

Ocuparse de la caña no es espinoso, señalan algunos socios, pero lo verdaderamente «difícil es levantar la plantación cuando primero hay que limpiar tierras vírgenes infestadas de marabú, y luego sembrar, cultivar y obtener otros frutos productivos que se revierten en mejores condiciones laborales y de vida para los hombres de campos». Una máxima los anima, como dicen aquí desde hace un tiempo: Bienvenido el trabajo.

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