A imagen y semejanza

«A mami, porque me erijo a su imagen y semejanza, y no encuentro mejor paradigma. […] porque TE QUIERO, así, grande, en mayúsculas chillonas».

Foto de madre con su hijo en brazos.
(Foto: SMB)
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Ella ya no es la misma. Se sabe mejor, aunque en más de una ocasión ha llegado al trabajo con un solo ojo delineado, ha olvidado ponerse perfume o se ha pintado los labios acrobáticamente mientras avanza la guagua.

Su realización como mujer llegó gracias al instinto, al anhelo de multiplicar la felicidad de seres que «son dos por error que la noche corrige». Fue la chica de las curvas prominentes y el cabello perfecto, ahora materializa con pies hinchados la certeza de un amor sin reparos.

Tras meses de antojos, llegó a la gloria lavando pañales y limpiando naricitas rosadas. Batalla por que se tomen la leche, se cepillen los dientes, aprendan a decir pipi y a dominar la cuchara.

En un mundo de canciones infantiles, de vez en cuando resuenan Arjona y Serrat cuando la sobreprotección y el desvelo toman su turno de descanso con el párpado entre abierto y cerrado.

Madre acaricia a su hijo.
(Foto: SMB)

 Con uno en cada mano y la casa en los hombros, llegó temprano a la cita de cada vacuna con sus bebés de orejas y uñas limpias, después de la tortuosa tarde de los «no quiero».

Barrió las palabrotas que aprendieron del vecino y desvirtuó cada modelo inapropiado copiado al azar. Revisó la tarea escolar y una mañana olvidó la ropa de deportes.

Los vio crecer, madre entre desórdenes salpicados de ternura. Esperó, atenta, su llegada a puntillas después de la medianoche y se fingió dormida. Puso un condón en sus carteras y curó las primeras resacas.

Ahora sus retoños se enamoran, desafían la velocidad timón en mano, se rasuran la barba y otras partes, piensan en pirsin y en tatoos. Ella asiente, aconseja, discrepa, pero siempre ahí, neutral en el sendero de un puñado de razones que colman la paciencia.

Más de una ocasión le tiraron la puerta en el rostro o silenciaron sus súplicas, pues estaba «fula» o «anticuada». Pero supo ponerse a tono con los tiempos y escuchar sin entender nada.

Es niñera, maestra, cocinera, lavandera, médico, oficial del orden, confesora y espía, mecánica de bicis y corazones, alcahueta  de sueños y porfías. No cobra ni toma vacaciones, no tiene un sueldo básico, pero se complace con el valor agregado de un cariño, un abrazo, una disculpa.

Cual hidra de varias cabezas en representación de una dinastía matriarcal que durante décadas trenzó nombre en dos sexos, abuela, madre e hija, se dibujan en la fotografía de la sala. Flores, comidas, regalos de todo tipo se entregaron aquel domingo, y en la postal un chance para con palabras cuajar el amor.

«A mami, porque me erijo a su imagen y semejanza, y no encuentro mejor paradigma. Por la virtud, la bondad y el altruismo sin límites. Por secundarme en cada sueño; por su verbo que fustiga y su beso que consuela; por no permitirme caer ni rendirme; por no menguar en la tarea de construirme un futuro mejor; porque TE QUIERO, así, grande, en mayúsculas chillonas».

Se han publicado 2 comentarios

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  • aliuska

    hermoso, no se requiere más comentarios

  • aliuska

    hermoso, solo eso