«Patrullera, ¿por qué no?»

Laiset Socarrás Smith defiende con autoridad y orgullo su labor de patrullera en la policía motorizada en Villa Clara.

Laiset  Socarrás Smith, primera oficial de la policía motorizada en Santa Clara.
La joven Laiset Socarrás Smith, primera oficial de la policía motorizada, apuesta por ponerle «un sexto sentido femenino al cumplimiento de la ley y la regulación del orden público». (Foto: Ramón Barreras Valdés)
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Para quienes conducen sus vehículos por territorio villaclareño y se aventuran a violar las leyes del tránsito, la joven Laiset  Socarrás Smith es una femme fatale que flagela y encanta por igual.

Una coleta negra que se escurre del casco la delata cuando indica a los conductores detener la marcha. A partir de ese momento es más que una perfecta tez morena a lo diosa africana; pues hace valer la ley con la seguridad y el crédito que le brinda a sus 23 años ser primera oficial de la policía motorizada.

«Me gusta mi trabajo, especializarme en tránsito para contribuir a la seguridad vial y enseñar, educar desde mi posición, tanto a choferes como a peatones». Y a quienes dudan de sus capacidades como agente de orden público, les dice autoritaria y con orgullo: «Soy patrullera, ¿por qué no?».

«Las mujeres asumimos con mucha seriedad nuestras tareas, somos sumamente organizadas y emprendedoras, pasionales y coercitivas cuando de lo mal hecho se trata, no nos corrompemos con facilidad, somos firmes en nuestro accionar, y más cuando está en juego nuestro papel y representación en la sociedad».

Laiset Socarrás Smith, primera oficial de la policía motorizada en Santa Clara.
(Foto: Ramón Barreras Valdés)

Desde niña tuvo claro que quería hacer cumplir la ley y velar por que el libre albedrío de cada ser humano no menoscabara a sus semejantes. Después de culminar el preuniversitario decidió estudiar Licenciatura en Derecho, carrera que abandona en el primer semestre por seguir su sueño de una vida militar en la Unidad Provincial de Vigilancia y Patrullaje.

«Como autoridades debemos tener un dominio exhaustivo de lo que es la Ley 109 de Tránsito y Seguridad Vial. Sí, ser patrullera lleva también horas de estudio y dedicación. La idea no es multar al individuo y ya, sino que se convenza, entienda la infracción cometida, para que no repita la conducta errónea que lo llevó a la trasgresión de lo estipulado, y al hacerlo, quedamos a expensas de reacciones de todo tipo», comenta.

En la sociedad cubana actual, aún pervive en el imaginario colectivo una concepción machista que, en ocasiones, la hace víctima de la violencia de género.

«A veces los conductores intentan imponerse al ver que somos mujeres y llegan a ser ofensivos e irrespetuosos. En el turno de la tarde noche cierta vez me dijeron: “Qué hace esta mujer a esta hora aquí, cuando debe estar es en su casa”.

«También, tienden a resaltar nuestras bondades femeninas para escurrirse de la sanción. Me es común recibir elogios del color de los ojos, de la piel, pero eso nunca los excluirá de la responsabilidad ante la acción indebida que ejecuten y los lleve a ser llamados a detener la marcha».

El menosprecio hacia su labor, los prejuicios y tendencias sexistas están presentes no solo en el comportamiento de individuos masculinos. También las mujeres contribuyen a sustentar el sistema patriarcal. «Eso no es cosa de mujeres, estar con el motor y ese uniforme es una machanguería», ha escuchado de boca de otras féminas la joven patrullera.

«Yo no dejo de ser mujer por conducir. Mírame, tengo mis uñas largas y arregladas, las cejas depiladas, el pelo planchado y peinado, y nunca olvido el maquillaje, la sencillez, la elegancia ni los buenos modales», asegura.

Laiset apuesta por la emancipación femenina, la participación de la mujer en la sociedad y su desarrollo íntegro como persona, en plena igualdad con el hombre.

«Ser patrullera es una aventura, un reto físico, intelectual y espiritual. Más de una vez he tenido que embarrarme de grasa y gasolina, cambiar una bujía y un foco, o ajustar alguno que otro tornillo, pero eso no me hace menos mujer, al contrario, me hace más fuerte y preparada. Me permite demostrar que podemos ser inteligentes, delicadas y educadas, que nuestras capacidades, destrezas y atributos van más allá de una silueta atractiva y cumplir las tareas del hogar».

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