Con la campiña en el alma

María Caridad González Suárez es de las villaclareñas que regala sus resultados al cumpleaños 58 de la Federación de Mujeres Cubanas.

María Caridad González Suárez, presidenta de la organización de base de la CCS Orlando Hernández, de Santa Clara.
María Caridad González Suárez es la presidenta de la organización de base de la CCS Orlando Hernández, en el Yabú, Santa Clara. (Foto: SMB)
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Sabe de soles fuertes, de aguaceros caprichosos y de descargas eléctricas inesperadas que estremecen cuando se está en pleno surco, pero a pesar de las rudezas campestres, María Caridad González Suárez no pierde la feminidad ni esa nobleza que la distingue.

Si se le llama por su nombre, quizá resulte imposible encontrarla, mas si dicen Cachita, la presidenta de la organización de base en la CCS Orlando Hernández o la residente en la comunidad Julián Grimau en el área del Yabú, la localizarán y sin necesidad de brújula. 

«Lo del sobrenombre se lo debo a mi abuela, y prácticamente constituye mi identificativo, pues desde los cuatro años vivo en estas tierras».

—Entonces, ¿campesina de pura cepa?

—Así es. Pertenezco a una familia que conoce cada rincón de estos parajes, a tal punto que fuimos de las primeras en fundar la comunidad. No importa que estemos a más de dos kilómetross de la carretera que conduce a Sagua la Grande ni que ya no existan las famosas secundarias básicas y el preuniversitario que décadas atrás resultaron un importante polo educacional para la provincia.

Sin machismo

 

María Caridad González, presidenta de la organización de base de la CCS Orlando Hernández, de Santa Clara, y su esposo, presidente de la CCS.
Junto a su esposo, Fermín González Beltrán, presidente de la CCS Orlando Hernández, quien valora los dotes femeninos para desarrollar cada tarea. (Foto. SMB)

Fermín González Beltrán considera que no resulta la persona idónea para hablar de su compañera, a pesar de ser el presidente de la CCS y el esposo de Cachita.

Aun así fue sincero. Sostiene que al principio dudó que ella pudiera vencer todo el trabajo, y la vida le demostró lo equivocado que estaba.

«Se ha convertido en la persona más integral que tiene la cooperativa. No por complacencia familiar ni nada por el estilo, sino por todo lo que demuestra en la práctica.

«A veces preguntan más por ella que por mí, y lejos de molestarme me satisface, porque cada uno cuenta con su aval y no hay dudas de la laboriosidad de la mujer, a tal punto que el     90 % del ejecutivo de nuestra organización es del sexo femenino.

«En ocasiones, a las doce de la noche estamos hablando de trabajo en la casa, y hasta los propios hijos intervienen en esas cuestiones que nos competen a todos».

—¿Qué recuerdos te trae el entonces Yabú 2 Carlos Liebknecht?

—Figuraba entre las mejores escuelas del país. Había que estudiar bastante para mantener un alto promedio, y siempre existía el reto emulativo con Yabú 1 Primero de Mayo.

—Pero me refiero a otro tipo de «promedio» que influyó en tu vida…

—Allí conocí a mi esposo, Fermín González Beltrán. Él cursaba duodécimo grado y yo décimo. Llevamos 35 años de casados, y además de cooperar con las tareas hogareñas, lo tengo como directivo en el trabajo porque asume la presidencia de la CCS donde está enclavada nuestra casa, la cual compartimos con nuestros dos hijos: Carlos Alberto, de 25 años, y José Ángel, de 17.

—¿Cómo es un día en la vida de Cachita? 

—Ninguno se parece al otro por la diversidad de encomiendas. A veces me levanto con el cantío de los gallos y otras un poquito más tarde. Comienzan los preparativos del desayuno y luego a tratar de cumplir las tareas previstas, que pueden culminar de noche. Muchos me dicen que cómo puedo con tanto, ¡y ni yo misma lo sé! 

—¿Es cierto que fuiste la primera presidenta de organización de base en una cooperativa en el municipio cabecera?

—Laboro en la CCS desde 2003, y en 2016 se realizó un proceso para establecer esa responsabilidad dentro de las asociaciones campesinas. Aquí se hizo la asamblea piloto de Santa Clara entre las 22 estructuras existentes en la ANAP. Desde entonces asumo el reto, que va más allá del papeleo de oficinas, pues incluye también los indicadores productivos y el quehacer directo en el surco, junto a los destinos productivos para Acopio, Agrotur y otras entidades.

—¿Cuál es el objeto social del colectivo?

—Tenemos 288 hectáreas en las que intervienen 167 socios; de ellos, 36 mujeres, y si bien nos dedicamos a cultivos varios, nuestro principal renglón es el tomate, admirado por la dirección del país al lograrse 75 y 80 toneladas por hectárea (t/h) a sol abierto.

«En el pepino mostramos excelentes resultados bajo la asesoría del Instituto Nacional de Investigaciones en Viandas Tropicales (Inivit), y en este rubro hemos sobrepasado las 19 t/h. También cultivamos remolacha, zanahoria, limón, aguacate, mamey y col, a pesar de lo difícil que resulta lograr esta última». 

—Y qué hay con el plátano vianda guantanamero?

—Tenemos magníficos resultados. Durante junio y julio vendimos a Agrotur más de 90 t con buenos dividendos para el productor, y si de reciente incorporación se trata, ya incursionamos en el pimiento. 

Agosto con colores de mujer

Cada 23 de agosto la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) celebra su aniversario. En esta ocasión arriba a su cumpleaños 58, y ya la CCS Orlando Hernández tiene constituida su brigada femenina, de conjunto con la ANAP. La integran 58 mujeres y ha resultado Vanguardia Provincial durante varios años, junto a una delegación declarada X Congreso, evento que se celebrará el venidero año.

María Caridad González, presidenta de la organización de base de la CCS Orlando Hernández, de Santa Clara.
«Las plantas ornamentales se retoman entre nuestras producciones, al igual que el cultivo de la malanga», afirma quien ha dirigido delegaciones de base de la FMC y participa en sus actividades. (Foto: SMB)

«Disponemos de un movimiento de mujeres creadoras para la confección de platos típicos y objetos artesanales; sin embargo, insertamos en esta brigada a la promotora cultural, a la delegada del Poder Popular   —que a la vez es diputada a la Asamblea Nacional— y a las trabajadoras de la farmacia, el Coopelita y la bodega», comenta Cachita.

—Dejando a un lado la modestia, ¿qué otros méritos distinguen el día a día de tu labor?

—Soy Vanguardia Nacional de la ANAP e integrante del Buró no profesional de esta asociación. Tengo la distinción Antero Regalado, recibida en un Congreso anapista; además del sello 55 Aniversario de esa organización, y múltiples diplomas, reconocimientos y distintivos.

«Integro la nómina como activista de seguro en la cooperativa, tanto en la protección a la rama agropecuaria como el de vida para cubrir los hechos que puedan afectar la integridad o salud de las personas. Ya suman más de 200 los acogidos, y realmente el fallecimiento del primero de ellos me ocasionó un trauma que demoré en superar.

«Si bien los reconocimientos individuales forman parte de mi vida, no puedo minimizar los alcanzados por la cooperativa: constituye el único colectivo de su tipo en Santa Clara que cuenta con el sello 55 Aniversario de la ANAP, conferido en una sola ocasión.

«Desplegamos un trabajo especial de ciencia y técnica a fin de evitar daños al entorno, y no faltan los talleres de agroecología y los trabajos de género, de los cuales soy activista en la provincia».

—En medio de una sociedad marcada aún por el machismo, ¿has sentido su impacto?

—Me parece mentira la realidad que tenemos al contar con campesinos muy fuertes, de esos que no conciben el menor rasgo de debilidad e increíblemente fueron los primeros en aceptar que sus mujeres trabajaran e integraran las brigadas FMC-ANAP. Ellos también participan en los intercambios de regalos que convocamos, lo que demuestra con creces que poco a poco la sociedad va cambiando. 

—Si de días alegres se trata, ¿cuáles no dejarías de mencionar?

—Los cumpleaños de mi familia, el sentirme a diario realizada en mi trabajo, el hecho de saberme querida por los demás, aunque a veces he pensado dejar la cooperativa; pero me resulta imposible, porque la siento como si fuera otro hijo más.

María Caridad González, presidenta de la organización de base de la CCS Orlando Hernández, de Santa Clara.
(Foto: SMB)

—¿Y aquellos que desearías borrar?

—La pérdida de mi abuela, que sin duda me marcó. La cuidé durante varios años hasta que llegó el final. Tampoco excluyo los embarazos complicados que estuvieron a punto de impedirme el regocijode ser madre.

—¿Virtudes y defectos?

—Me gusta la interacción con los asociados, comunicarme con ellos. Son una especie de prolongación de la familia. Utilizo la persuasión y considero que soy una persona noble, aunque a veces algo impulsiva.

—Si tuvieras la potestad de cambiar tu mundo, ¿sobre qué situaciones actuarías?

—Quisiera tener en la CCS un vivero con su casita de posturas, además de una minindustria y distintas opciones de trabajo, a fin de insertar a las personas en estas labores, y sobre todo, a las mujeres.

«Desde el punto de vista comunitario desearía mejorar la transportación y el estado de los viales, pues aun sin llover muestran la cara fea».

Así es esta mujer que siente devoción por la costura y no teme tomar una guataca en la mano o recibir a una delegación de extranjeros que en reiteradas ocasiones se alojan y comparten en su CCS. La misma que está propuesta para integrar el Comité Provincial de la FMC y resulta un personaje típico en su área. Cachita es Cachita, la campesina sencilla que siente la campiña en el alma.

Se han publicado 2 comentarios

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  • Ariel

    Felicidades Cachita por todo lo que haces. Merecido y agradable artículo.

  • Ana Margarita González

    EXcelente entrevista, muy humana, que muestra la complejidades de la mujer agricultora, pero también la manera en ue construyen su proyecto de vida.