Desde el corazón del Escambray

Médicos, personal de enfermería y auxiliares desafían peligros, vencen retos y hacen su vida entre un paisaje natural privilegiado con la premisa de velar por el prójimo.

Programa del médico y la enfermera de la familia en el Escambray de Villa Clara
El sostenido trabajo en torno al Programa Materno Infantil en el Escambray villaclareño hizo que el pasado año concluyera con todos sus indicadores en cero, un hecho alcanzado por primera vez en la historia. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
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Pico Blanco trajo a la vida del galeno José Félix Moreno Reyes una de sus experiencias inolvidables. No era de aquellas noches de cielos estrellados, en que a lo lejos se escucha el revoloteo de una lechuza; tampoco, la del «me paso» ante un inesperado doble nueve en la tradicional partidita de dominó, ni la de las conversaciones habituales sobre el clásico descenso del arria de mulos con el sonido característico de los cencerros.

Una tempestad amenazaba. Parecía que la jornada no traería otras complicaciones, pero, de pronto, llegó alguien procurando por el médico porque tenía un familiar con un cuadro clínico complejo.

Como un resorte el galeno preparó la mochila. Sueros, agujas y otros insumos posiblemente necesarios, mas existía un inconveniente: «la travesía se podía hacer solo a caballo, y yo llevaba años sin practicar».

Personal médico en el Escambray de Villa Clara
Accesos muy difíciles, con puntos donde el transporte llega solo tres veces por semana de estar bueno el camino, obligan al personal de Salud a largas caminatas. Así lo demuestra esta imagen del doctor José Féiix, la enfermera Mileidy, y los galenos Yordaika Elda Rivero Ramírez, directora del policlínico de Jibacoa, y Ramiro López Argüelles, subdirector de Asistencia Médica en la Dirección de Salud en Manicaragua. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

No había otra alternativa. Emprendió el peligroso camino durante casi dos horas montado sobre el animal. «Cuando llegué las rodillas me temblaban. No sé si por el frío o el sofocón. Llegamos a la casa. Por el estado del paciente hubo que aplicar una venoclisis, permanecer allí para observarlo, y emprender el retorno a Jibacoa en idénticas condiciones; aunque esta vez solo, ya que el familiar del enfermo quedó en su casa.

Si le preguntan a José Félix cuál resulta la mayor complejidad de las labores, diría que lo difícil del acceso. Caminos en muy mal estado, personas que viven en elevaciones resbaladizas y como único se llega a ellas es a caballo o a pie subiendo por las colinas, pero son seres humanos imposibles de desproteger.

Médico a caballo en el Escambray de Villa Clara
Varias veces se impone realizar la travesía en caballos. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

En este caso el joven santaclareño cubre los descansos habilitados para el Dr. Víctor Damián Lazcano Hernández, quien habitualmente labora en el consultorio número 8, en la cooperativa Luis Lara, ubicado en una comunidad campesina jibacoense.

Si de sustos se trata, también su colega Víctor los ha pasado. Cuenta la enfermera Mileidy Rodríguez Benítez que un día él desafió la crecida del río al regreso de Rincón Naranjo. La corriente arrastraba al caballo, y solo una caña brava que estaba bien fija resultó el milagro de la salvación. Es que cuando crece el río, ese lugar queda incomunicado como mínimo por 48 horas.

El amor abraza

Al parecer estos parajes reservan, además de su belleza, atractivos para que Cupido lance sus flechas. Una holguinera como Yordaika Elda Rivero Ramírez, la directora del policlínico Paubla María Pérez Morales, en Jibacoa, abandonó la ciudad de los parques por este encantador lugar. Mileidy, la enfermera con 20 años de graduada, dejó atrás su camagüeyano Santa Cruz del Sur para proseguir su vida en el lomerío; al igual que José Félix, quien prefirió quedarse aquí con su esposa, Leyla, una doctora que sí es oriunda de este lugar.

«El motivo, la trampa o el anzuelo lo desconocemos —argumenta José Félix—. Quizás sea porque la población de la montaña es muy noble, una especie de familia de la que no te puedes separar.

Programa del médico y la enfermera de la familia en el Escambray de Villa Clara
Como parte de la organización del trabajo, el doctor José Félix Moreno Reyes y la enfermera Mileidy Rodríguez Benítez revisan a diario la programación de las consultas en el terreno y otras incidencias. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

«Pudiera ser la tranquilidad del lomerío, su clima de aire puro, y a lo mejor en este entorno las mujeres cautivan más en el amor.

«En mi caso llegué de Santa Clara en el último año en que cursaba Medicina. A pesar de ser poblano, me gusta mucho la campiña. Aquí la conocí a ella, y cuando los dos terminamos la carrera decidimos venir para acá. Ya llevamos casi seis años en la zona».

Cuando la pareja cumplió misiones en Brasil se trasladaban, imaginariamente, a esta porción villaclareña por sus condiciones topográficas muy similares y con áreas de complejo acceso.

Resultados que hablan

El mejor premio que puede recibir un galeno en la montaña es el afecto de su comunidad. Entonces supera expectativas, vence miedos, adquiere conocimientos que van más allá de la vida profesional y se impone el reto de estar lejos del gran especialista al que puedes consultarle un procedimiento de manera inminente.

Los fenómenos naturales han sido otro tipo de enseñanza. Repartir medicamentos, prestar asistencia médica y proceder a las evacuaciones en las más difíciles circunstancias constituye una escuela. Convivir entre ciclones e inundaciones, calmar el pánico, fungir como sicólogos ante estas situaciones engrosan el aval.

La Defensa Civil imparte las orientaciones ante eventos meteorológicos, y ya hay que prepararse, seguir las diferentes fases y, con ellas, todo el aseguramiento de los recursos; incluso, estar dotado de materiales y medicamentos para pasar un largo período incomunicado.

Que lo diga Yorday Hurtado, al frente de la cooperativa VI Congreso, quien valora el trabajo del médico y la enfermera como satisfactorio.

Yorday Hurtado, al frente de la cooperativa VI Congreso en el Escambray de Villa Clara
Yorday Hurtado, al frente de la cooperativa VI Congreso, valora el trabajo del médico y la enfermera como satisfactorio. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

«Hemos tenido que enfrentar situaciones difíciles. Montarnos en una canoa y dirigirnos a zonas llenas de agua por todas partes, pero jamás vemos un gesto de contrariedad o de negación en el rostro de ellos».

Como profesional de la Salud, José Félix se siente cerca del resto de sus compañeros y parte del equipo, al contribuir a que el Programa Materno Infantil en el Escambray villaclareño concluyera con todos sus indicadores en cero el pasado año, un hecho logrado por primera vez en la historia.

Una zona sin dengue ni otras afecciones trasmitidas por el Aedes aegypti, y donde la hipertensión arterial, la diabetes mellitus y el alcoholismo prevalecen entre las mayores incidencias de salud.

La comunidad está integrada por unas 46 familias, que suman 250 integrantes, y la cobertura médica está garantizada en cualquier sitio de la montaña.

¿Por qué médico? —le pregunto a José Félix.

—En la infancia tuve un accidente. No contaban conmigo, y al ver todas aquellas atenciones en medio de mi gravedad, me dije; «Un día tengo que ser médico». Aquello influyó, no me interesó nada más, y ya lo cumplí.

¿Y los caballos? ¿Venciste el miedo?

—Los respeto. Cada animal es un mundo. Los monto por necesidad, pero hay que conocerlos.
Mientras tanto el galeno santaclareño, que ya es más de Jibacoa, anda por esos lares en el corazón del Escambray, donde las montañas parecen tocar el cielo y entre tanta vegetación se empina una palma real para reafirmar la cubanía.