Cuando se adelanta el sueño

Un reportaje sobre los riesgos del embarazo en la adolescencia.

Embarazo en la adolescencia
(Foto: Tomada de Internet)
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Ella tiene 15 años. Él apenas 16. Ella vivía en su cuento de hadas. Él organiza su vida según los juegos de fútbol de la semana. Por las tardes va al gimnasio. Sus brazos son más delgados que los absorbentes para refrescos, pero se empeña en hacerlos musculosos, como los modelos de revistas. Allí se conocieron. Primero surgió una amistad.

Luego comenzaron las risitas y un día, casi sin darse cuenta, estaban los dos, en la cama, apurados para no desperdiciar las horas en que se quedaba sola la casa, viviendo la experiencia de la primera vez. En realidad aquello fue un total desastre. Decidieron no repetirlo.

Tres meses después él consiguió una novia nueva y ella puso sus ojos en alguien más. La menstruación no había caído, pero eso a veces le pasaba. De repente engordó unas libras, tenía los pechos más grandes, los que siempre aspiró tener. Todo iba bien hasta que empezaron las náuseas. Su madre la llevó al médico porque seguro tenía giardias de nuevo.

Sin embargo, no había ningún problema intestinal. El día que en su familia se enteraron de la verdadera causa hubo silencio, un silencio preocupado y angustioso.

Él no quería decirles a sus padres. Ese asunto no le interesa, pero ellos lo obligan a llevarle algunas cosas de comida de vez en cuando. Ella ha tenido que vender toda su ropa de los 15. Postergar sus planes de vida. Hasta le da pena salir a la calle, que sus amiguitas la vean.

Ni muerto él les cuenta a sus socios del barrio lo que le está pasando, menos ahora que casi va a tener un hermano de la misma edad. Ella a veces llora por las noches. No pensó que por la primera y única vez le pasaría algo. Ambos, de alguna manera, tenían en sus planes lejanos, muy lejanos, tener una familia propia; pero la proyección futura, el sueño adelantado se volvía pesadilla. Ninguno de los dos está preparado para tener un bebé

Las madres niñas

El embarazo en la adolescencia no constituye un fenómeno nuevo; sin embargo, sigue siendo una preocupante para nuestra sociedad. Este es un asunto que reporta tendencias alarmantes en el continente, pues según estadísticas de la Unicef, la región de América Latina y el Caribe posee la segunda tasa estimada de fecundidad en adolescentes más elevada del mundo, de 66,5 nacimientos por 1 000 adolescentes de 15 a 19 años en el período 2010-2015.

Nuestra realidad dista del panorama que exhibe Latinoamérica. No obstante, todavía se mantiene como un punto rojo si se tiene en cuenta la investigación Fecundidad Cubana Hoy, presentada en el Congreso de Sexología de 2018, cuyos datos fueron publicados en por el periódico Juventud Rebelde, el 3 de agosto de 2018.

En esta infografía se precisa que la fecundidad adolescente en Cuba supera la tasa media general desde hace varios lustros con un 52% en el 2017 y que tan solo en 2016, el 13% de los nacimientos en el país fueron de madres menores de 20 años.

Si vamos a particularizar en Villa Clara, el Doctor Armando Eugenio Iglesias Yera, funcionario de obstetricia del Departamento Provincial de Atención Materno Infantil, explica que el territorio se mantiene en la media del país.

Además, el doctor describe las complejidades de las situaciones que se generan, pues según explica un número importante de las niñas en el momento de la interrupción o en el término de la gestación ya no tienen pareja.

«Una parte no menos importante que podría estar por encima del 10% no reconoce pareja estable en el momento de la interrupción o no recuerdan o no la pueden identificar, —precisa—. Entre un 15 y un 18% conviven con parejas que superan su edad, a veces con más de 10 años.

«Incluso —continúa el doctor—, muchas veces son repitentes a la hora de la interrupción del embarazo, con  dos o tres experiencias anteriores. Además, se reportan niñas que antes de los 20 años pueden tener más de un hijo».

Ante esta situación hay que tomar conciencia. Insistir en informar sobre los riesgos, para que exista una mayor percepción sobre los peligros del embarazo en estas edades.

La fragilidad del vientre que acuna

Antes de los 20 años, el cuerpo humano se encuentra en medio de su total desarrollo. Por ello, acunar un hijo en el vientre puede traer serias consecuencias.

Especialista de II Grado en Ginecología y Obstetricia, Nuria Vega Betancourt
La especialista de II Grado en Ginecología y Obstetricia, Nuria Vega Betancourt, considera que la edad perfecta para el embarazo es entre los 20 y 30 años. (Foto de la autora)

La especialista de II Grado en Ginecología y Obstetricia, Nuria Vega Betancourt, trabaja en el Hospital Universitario Gineco-Obstétrico Mariana Grajales y se dedica a la consulta de ginecología infantojuvenil.

Desde su vasta experiencia asegura que las menores de 20 años presentan un alto riesgo obstétrico por presentarse con mayor asiduidad en este período de la vida entidades peligrosas como la preeclampsia. Además, resultan más frecuentes los partos instrumentados (con fórceps, espátulas) y las cesáreas, porque su cuerpo no está preparado.

En la mayoría de las ocasiones acuden al aborto para no tener un hijo que no esperan, ni desean, pero la doctora detalla las posibles consecuencias de este proceder, entre ellas: las perforaciones, las hemorragias, las complicaciones anestésicas, los restos… con la consiguiente manifestación posterior de una infertilidad.

«Un solo aborto puede ocasionarte una infertilidad—insiste Nuria—. A veces, en un año vemos a una misma paciente dos y tres veces haciéndose interrupciones ya sea por el método Misoprostol o por legrado». 

Por otro lado, están los casos de quienes no se dan cuenta de la concepción hasta pasado varios meses o quienes la ocultan por miedo a la reacción familiar.

Sin embargo, la doctora explica que al no realizarse a tiempo la captación, no se pueden detectar malformaciones u algunas otras alteraciones.

«Además, si no se preparó el útero, si no se trató adecuadamente para el mantenimiento del embarazo, entonces se presentan las placentas previas, los hematomas retroplacentarios. En ocasiones conciben el embarazo con una infección vaginal que puede provocar una rotura prematura de membrana, una corioamnionitis,  un parto pre término…», agregó

El otro lugar donde duele

No solo el cuerpo se reciente cuando se acoge un hijo antes de tiempo. Pueden quedar huellas más allá de la piel marcada en la parte baja del abdomen, huellas emocionales que se arrastran por años, o quizás, para toda la vida.

La psicóloga del  Hospital Universitario Pediátrico José Luis Miranda, Maité González Blázquez argumenta que desde el punto de vista psicológico en esa etapa no se está  apta para enfrentar el estrés que desde lo emocional genera un embarazo y posterior nacimiento de un bebé.

«En este periodo por lo general están estudiando, sus relaciones sociales todavía son muy importantes, como pareja no tienen la madurez y la configuración necesaria para establecer el proceso de una familia. Por ello, la pareja sucumbe. Desde el punto de vista estudiantil, tienen que abandonar o pedir licencia lo cual interrumpe su formación.

«Casi siempre algún familiar se tiene que encargar o ayudarla en el proceso de educación del bebé y ella no puede disfrutar plenamente de la maternidad.

«Tampoco está madura psicológicamente para afrontar el estrés de la lactancia materna, la educación del niño».

Aunque para muchos, el asunto del embarazo a cualquiera edad, pero específicamente en la adolescencia, sea un asunto sólo de la niña, los varones también son responsables y tienen que tomar parte en el proceso.

González Blázquez explica que por lo general los adolescentes varones no están de acuerdo con la decisión de tener la criatura. Por ello, la figura paterna no se consolida, no asume el rol que le corresponde y ese bebé encuentra a su papá en la figura de otro integrante de la familia como el abuelo.

«Por lo general el niño es criado por la familia materna y, aunque no se comporta igual en todos los casos, los abuelos paternos se desentienden o participan en menor medida».

La familia tiene que reaccionar

Si bien este es un fenómeno complejo que implica a instituciones de salud y educación, la familia tiene que jugar un rol esencial.

Psicóloga del Hospital Materno Mariana Grajales, Estrella Rodríguez Luna
La psicóloga del Hospital Materno Mariana Grajales, Estrella Rodríguez Luna, considera que el núcleo familiar no siempre juega el rol que le corresponde para preparar a sus hijos para la vida. (Foto de la autora)

La psicóloga del Hospital Materno Mariana Grajales, Estrella Rodríguez Luna, considera que el núcleo familiar no siempre juega el rol que le corresponde para preparar a sus hijos para la vida.

«Hace poco atendíamos el caso de una adolescente que vino con la conducta típica de rebeldía, de afán de independencia, y cuando indagamos sobre si se habían conversado los temas de sexualidad con ella, la mamá se encogía los hombros y decía: “no”.

«A veces ocurren cosas que no parecen de nuestros tiempos, como el embarazo oculto. Tenemos vivencias recientes de una adolescente de trece años que concurre al Pediátrico por un dolor bajo vientre, y la remiten para acá, era un parto ¿Esa familia no se percató de que no estaba menstruando, de los cambios anatómicos de su cuerpo?

«Felizmente la niña tuvo una niña sin dificultades, pero pudo tener implicaciones para la salud de ambas», aseveró.

Resulta paradójico que este tipo de cosas sucedan en un país donde existen las posibilidades de acceder de forma gratuita a la anticoncepción. Incluso, según precisó el Doctor Armando Eugenio Iglesias Yera, funcionario de obstetricia del Departamento Provincial de Atención Materno Infantil hasta en los hospitales pediátricos brindan una consulta de atención a adolescentes, consejería de salud sexual y riesgo reproductivo preconcepcional y de ofrecimiento de métodos anticonceptivos y de planificación familiar.

Además, también se ofrece este servicio en los consultorios médicos y en los hospitales de adultos donde se pueden atender pacientes menores de 20 años.

Las rutas para solicitar y encontrar ayuda ante esta situación están disponibles. Los métodos anticonceptivos también. No pueden existir zonas de silencio entre padres e hijos.

Para los adolescentes, la psicóloga Maité González Blázquez tiene un consejo bien sabio:

«No se apresuren en las relaciones de pareja. Vivimos en una sociedad muy acelerada, en la cual se exponen conceptos sobre la sexualidad a través de la música, el baile… que no son los adecuados. Una relación de pareja tiene que construirse sobre la base del amor, el romance. Hay que disfrutar las etapas adecuadas antes de llegar a las relaciones sexuales». La vida no hay que vivirla con prisa. La vida hay que saberla vivir.

Se han publicado 2 comentarios

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  • Dr. José Luis Aparicio Suárez

    Vale, una y otra vez, a través de los medios, en el seno de la familia, la escuela, la comunidad y la sociedad, abordar sin prejuicios un tema tan importante como el “embarazo en la adolescencia”. Podemos reducir y evitar el secuestro de la inocencia y los riesgos asociados a la referida, repentina y compleja condición que conmueve a los protagonistas del descuido en cuanto a protección del sexo, sus seres queridos y casi todos en sus entornos vitales. Asúmase que nunca será suficiente la educación sexual, precisamente para ir delante, en la promoción de conductas atinadas y la prevención de sucesos que asombran y apesadumbran; no detrás, cuando ya es un hecho la concepción, en momentos de la vida en que es riesgosa y desafiante la maternidad. La salud reproductiva es una asignatura que todos los padres, maestros, profesores y adultos debían saber enseñar; pero “enseñar a aprender”, colocando en el centro del proceso educativo a las niñas y los niños, a las y los adolescentes. Retrasar el matrimonio y la maternidad no es utopía; es un noble propósito que se puede conseguir con preparación, voluntad e inteligencia colectiva; con ello se reducirán las consecuencias directas sobre las adolescentes, parejas sexuales, familias, entornos escolar y social; así como el riesgo de defunción materna (cuatro veces más alto en adolescentes que las mujeres de 20 a 30 años), y la tasa de mortalidad de sus hijos recién nacidos (aproximadamente un 50 % superior). En las adolescentes grávidas, se precisa de una especial atención física y psicológica, durante el embarazo, el parto y el puerperio, para preservar su salud y la vida de su hijo. Enhorabuena la iniciativa de “Vanguardia” y de la destacada periodista “Leslie Díaz Monserrat”, con respecto a abordar el tema, así como las autorizadas opiniones de los expertos (Dr. Armando Eugenio Iglesias Yera; Dra. Nuria Vega Betancourt; Lic. Maité González Blázquez; Lic. Estrellita Rodríguez Luna). Gracias.

    • Leslie Díaz Monserrat

      Gracias por su atinado comentario, además muy aportador. Gracias por leerme y comentar. Un saludo...