«Sisis» en Cuba: vivir a dos manos

En Cuba existe un universo juvenil que estudia y trabaja simultáneamente. Mostrando una realidad diferente a la que nos acostumbró el principio de siglo, los «sisis» muestran otra arista de la sociedad donde vivimos.

Estudiante y dependiente de restaurante.
Trabajar y estudiar simultáneamente demanda de esfuerzo y sacrificio por parte de los jóvenes universitarios. (Foto: Carlos Rodríguez Torres)
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Deja que el futuro diga la verdad y evalúe a cada uno según su trabajo y logros. El presente es de ellos; el futuro, por el que realmente he trabajado, es mío.
Nikola Tesla (físico)

Hay quienes aún se empeñan en afirmar que estudiar y trabajar al mismo tiempo se trata de una falsa imitación de patrones foráneos, de los «otros» mundos. Sin embargo, Cuba está cambiando y no constituye una realidad importada. Cuba está cambiando internamente, y sus jóvenes, montados en la espiral de los tiempos posmodernos, no han podido quedarse atrás.

Estudiantes que trabajan, trabajadores que estudian: lo que en el siglo pasado hubiera simulado paradoja, en el XXI responde al pragmatismo: «Hay que vivir». No obstante, aún muchos jóvenes —gracias a su sacrificada familia y la gratuidad de la enseñanza superior— deciden insertarse en las casas de altos estudios u otros centros académicos, aunque les cueste una ajetreada rutina.

Nadie podría decir que los «sisis»* lleven una vida fácil. Pueden vérseles negras ojeras, disimuladas en el rostro juvenil. Andan a trote veloz, sin dejar rastro, inyectados por la prisa, contagiados con una pandemia de bostezos a cualquier hora del día. Perpetuamente cansados, logran acostumbrarse a madrugar para cumplir con sus tareas, a comer a deshora, a economizar sus relaciones interpersonales.

Estrategia de sobrevivencia para individuos que provienen de hogares con bajos ingresos salariales. Emancipación individual. O simplemente la vía de satisfacer los más exigentes gustos. El trabajo a tiempo parcial que antes era una excepción, resulta cada vez más común en los adolescentes y jóvenes de esta isla caribeña.

Si bien es cierto que las opciones en el mercado laboral cubano —estatal o cuentapropista— no están a pedir de boca, los «sisis» se han infiltrado en los más variados escenarios. En negocios de cualquier índole, por mediación de un amigo o conocido; a través de bolsas de empleo estatales, etc., aparece la oportunidad. Quizás, los atrevidos, encuentren lo que andan buscando en espacios no convencionales, al alcance de un clic: en redes sociales y plataformas digitales.

Mas, ¿cómo administrar las 24 horas del día en tareas que demandan, muchas veces, el 200 % de las capacidades humanas? ¿Será el estudiar-trabajar el atajo más corto para lidiar con la escasez de recursos materiales y las ansias de superación?

«Sisis»: con todos los derechos

Cuando media el entendimiento es posible llevar la rutina estudiantil y laboral simultáneamente. Deborah Sánchez Fernández, estudiante de Licenciatura en Lengua Inglesa, en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, y violinista graduada del nivel medio de la Escuela Profesional de Arte, lo constata.

«Tras año y medio de desvinculación del mundo artístico, decidí continuar mi servicio social en Ensemble Cuba Contemporánea, dirigido por la maestra Irina Toledo. Ensayamos siempre en la sesión contraria a mis clases. Dentro del grupo nos arreglamos si alguien tiene alguna situación, por eso lo puedo hacer», explica Sánchez Fernández.

Agrupación Ensemble Cuba Contemporánea.
Deborah Sánchez Fernández (segunda de izquierda a derecha) alterna su rutina diaria de estudiante de Lengua Inglesa con la música. Ensemble Cuba Contemporánea, de la maestra Irina Toledo, le ha dado la oportunidad de continuar con su servicio social. (Foto: Francisnet Díaz Rondón)

También Xavier Carbonell, quien se prepara para defender su tesis de Licenciatura en Letras, ha podido moverse en el mismo ámbito para el que su carrera lo prepara: bibliotecas, editoriales, espacios culturales, periodismo, etcétera. «A veces, con la suerte suficiente, nos sentimos cómodos con el trabajo que realizamos y la institución que nos contrata también está conforme con nosotros».

Pero las ocupaciones que deben asumir los estudiantes no siempre están relacionadas con sus carreras o formación curricular. Algunos  jóvenes se enfrentan al mundo laboral con una idea clara: «pa’ lo que sea».  Cuando piden a gritos dinero, sus olfatos no discriminan ocupaciones de alta intensidad: las labores manufactureras, de la construcción o de los servicios; en el campo o realizando tareas domésticas, aun cuando sean empleados sin la debida remuneración.

Así reflejaron gran parte de los entrevistados que accedieron a conversar con Vanguardia. A ello, suman la postura de algunos empleadores que, por intereses lucrativos, contratan personal ilegalmente. Ante el no respaldo jurídico, se aprovechan de la necesidad para acrecentar los contenidos de trabajo y deprimir los salarios a devengar. 

Según Alberto Rodríguez Guerra, jefe del Departamento de Legislación, Seguridad Social y Dirección, de la Dirección Provincial de Trabajo, los derechos de los estudiantes cubanos están muy claros, para empleadores y empleados. Agrega que dichas normativas están recogidas en el Código del trabajo, Ley 116 del año 2013:

«Los estudiantes de cursos diurnos, con 17 años de edad o más, pueden contratarse por tiempo determinado o para la ejecución de un trabajo u obra, con jornada de trabajo a tiempo parcial en los períodos docentes a los efectos de no afectar sus estudios o en la totalidad de la jornada en las vacaciones o los períodos de receso, por lo cual percibirán los ingresos por la labor realizada. Se les reconocen los derechos de trabajo y de seguridad social establecidos para estos contratos, así como los estipendios que por otros conceptos reciban». (Artículo 31)

Estudiar y trabajar: el orden de los factores sí altera el producto

Para incrementar el capital económico del hogar muchos jóvenes cubanos se agencian estos roles, por partida doble. A pesar de las ayudas que Educación Superior ofrece a los más necesitados, el costo de la subsistencia supera con creces lo que pudiera ingresarse por ese concepto. Las necesidades terminan ganando la batalla.

Los jóvenes más vulnerables son aquellos que provienen de hogares monoparentales, donde el tutor —casi siempre la madre o la abuela— no posee los ingresos suficientes para cubrir todos los gastos domésticos. Aun así, el sacrificio de las féminas resulta infinito y muchas de ellas prefieren echarse la casa al hombro antes de truncar el porvenir de sus hijos.

Estudiante dormida rodeada de libros.
Según los estudiosos del tema, estudiar y trabajar simultáneamente causa bajo rendimiento escolar, cansancio y estrés. (Foto: Tomada de Internet)

Porque si algo es cierto es que la condición de estudiante-trabajador crea precedentes para el abandono escolar, el bajo rendimiento académico, las ausencias y llegadas tarde. Estos comportamientos coadyuvan a reflejar efectos a mediano plazo, que pueden tener consecuencias negativas en el futuro laboral de los individuos.

«Ocurre a menudo que cuando ganamos nuestros primeros salarios, parece que estar frente a un aula fuera prescindible, que no nos hace falta seguir acumulando información “inútil”. Esta es la gran tentación de quien aún no ha terminado de estudiar», comenta Xavier Carbonell, joven que estuvo tres años ininterrumpidos en empleos a tiempo parcial. 

«Hay que ser fuerte, recordar para qué estamos en la universidad; porque muchos de nuestros compañeros de preuniversitario que nunca accedieron a la educación superior ganan salarios en el turismo o en el trabajo por cuenta propia, que nosotros, en el papel de profesionales nunca alcanzaremos. Pero esa es otra historia». 

En América Latina, mientras más posibilidades de financiamiento tengan los tutores y mayores grados académicos, existen menores posibilidades de que los hijos se incorporen al mercado laboral en edades tempranas. Dichos progenitores insisten en alejarlos de otras responsabilidades, por temor a deprimir su desempeño intelectual.  

Las estadísticas obtenidas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) confirman que nuestro continente se caracteriza por tener menores proporciones de «sisis» que países con altos índices de desarrollo. Sucede porque estudiar y trabajar también involucra otras variables relacionadas con las facilidades que existan para ello a niveles de estructuras sociopolíticas, las cosmovisiones culturales e idiosincrasias. 

En el contexto cubano, el fenómeno adquiere significaciones propias. Estas debieran ser aprovechadas con mayor rigor por los estudiosos del tema, pues  contribuyen a decodificar el universo actual de este grupo etario. A pesar de los esfuerzos de algunos proyectos encabezados por Keyla Estévez García, del Centro de Estudios sobre la Juventud, tampoco podemos hablar de estadísticas integradoras a nivel de país.

* El término «sisis», jóvenes que sí estudian y sí trabajan, surge en España como contrapartida de los «ninis», jóvenes que no hacen una cosa ni la otra. Debido a la crisis económica, un gran porciento de jóvenes, de 16 a 29 años de edad, debe buscar empleo para cubrir sus gastos académicos.

En 2015 dicha investigadora pudo constatar que el 1.2 % de los sujetos que intervinieron en su muestreo estudian y trabajan. Sería muy interesante que estas pesquisas fuesen aplicadas en instituciones escolares de enseñanza técnico-profesional y superior, donde radican quienes poseen la edad mínima estipulada por la ley cubana para insertarse en el mundo laboral. 

Las transformaciones en la concepción de las familias y los sistemas económicos complejizan cada vez más la protección social de los jóvenes, a nivel internacional. En Cuba, existen políticas y programas de juventud, como el Programa de universalización de la enseñanza superior, que permiten trabajar y estudiar simultáneamente. Por ello, pese a la situación en el ecosistema profesional de la isla, muchos jóvenes continúan apostando por la educación como una credencial de futuro.  

Tal vez haya ciudadanos, resistentes al cambio, que refuten el término «sisis».  Llamémosle una nueva especie de joven cubano. Pero ellos ahí están: entre nosotros. No se trata de retrocesos sociales ni de una conspiración posmoderna para «complicarnos» la existencia. Nuestra isla es otra que se abre al mundo. Aunque muchos hubieran preferido dedicarse por completo a sus estudios.

El estudiante que asuma la responsabilidad de encauzar su vida profesional y aportar al hogar, forjarse al calor de la exigencia, todo al mismo tiempo, que gane aplausos porque de él es el futuro.

Se han publicado 2 comentarios

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  • Pedro Morel

    Interesante artículo

  • Jose Alberto Rodriguez Ayala

    En la decada del 80 eramos muchos los sisis que estudiabamos y trabajabamos en la universidad, existia una facultad de estudios a distancia en carreras como Derecho, Economia y otras que tenian grandes cantidades de estudiantes, para algunas de ciencias existio un Decreto-91 que autorizaba a dedicarse 100% a estudiar por encuentro y se les respetaba la plaza que ocupaban en su centro de trabajo. Esa facultad se perfecciono tanto que desde su PC ud podia entrar a su expediente de estudiante y conocerlo incluyendo claro esta sus asiganaturas aprobadas y las que les faltaban y un grupo de datos mas, despues vino la municipalizacion y acabaron con aquellos avances. Hoy hay muchos ninis desgraciadamente casi duplican los sisis.
    Saludos: Jose Alberto