Mi Caridad

Este 8 de septiembre el teatro La Caridad cumple 134 años regalando arte e historia.

Teatro La Caridad
Es referente obligatorio para quienes pisan por primera vez la tierra de Marta Abreu . (Foto: Tomada de Internet)
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Cada 8 de septiembre millones de cubanos celebran el día de la virgen de la Caridad, patrona de nuestra isla. Otros preferimos homenajear una Caridad más íntima, más santaclareña, que durante 134 años nos ha recordado la grandeza de su artífice.

Esta santa —mi santa— se encuentra impoluta en el parque central de mi ciudad y desde su posición privilegiada vela por su pueblo. Es referente obligatorio para quienes pisan por primera vez la tierra de Marta Abreu y se sienten inevitablemente atraídos hacia su fachada, que no envejece a pesar de los años.

Está allí, en una eterna ensoñación entre los muchachos que hacen vida social a su costado, en un malecón sin agua y quienes deciden conocer todos los estereotipos de nuestra isla en La Marquesina.

Ella, mi Caridad, protege a quienes traspasan sus puertas y los bendice, como si fuese la patrona de Santa Clara. Regala momentos únicos que se viven y disfrutan en el clasicismo de su arquitectura. Instantes para jamás olvidar bajo un techo que deviene puro arte.

Teatro La Caridad
Interior de la sala principal del teatro La Caridad, de Santa Clara. (Foto: Tomada de Internet)

Su telón ha subido para Enrico Caruso, la ópera de Scognamiglio, Eusebia Cosme, Luis Carbonell, Alicia Alonso, Esther Borja, Beatriz Márquez, Frank Delgado, Bobby Carcassés, y un sinfín de artistas más jóvenes o viejos, de aquí o de allá, que han dejado su impronta en el acervo cultural villaclareño.

Mi Caridad ha pasado por tanto, ha visto tanto. Presenció cómo su benefactora, con el dinero de las recaudaciones, creó hogares para los más desprotegidos. Más tarde fue testigo de cómo esos mismos fondos pararon en bolsillos indebidos. Y en diciembre de 1958, vio la lucha de todo un pueblo por un futuro mejor.

Mi Caridad, que cada año se renueva, se hace más grande. Mi Caridad, que ha tenido que cerrar sus puertas por la desidia humana, pero que siempre las vuelve a abrir.

Esa es mi Caridad, que no se rinde, sonríe cada lunes y se impone a los nuevos retos. Sus «heridas de guerra» se convierten en recuerdos de la pasión desbordada en su escenario y en sus lunetas. Mi Caridad, que necesita tanto de nosotros y nos compensa con mucho más. A mi Caridad, en sus 134 años le decimos: ¡Felicidades y muchas gracias!

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