Jibacoa: café y comida en el lomerío villaclareño

Exportar café y asegurar las 30 libras per cápita de viandas son propósitos esenciales de la Empresa Agroforestal Jibacoa, en las montañas del centro de Cuba.

Jibacoa, enclave agrícola en la zona montañosa de Villa Clara, en el centro de Cuba.
Jibacoa destaca por sus producciones agrícolas en la zona montañosa de Villa Clara, en el centro de Cuba. (Foto: Narciso Fernández Ramírez)
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Dos grandes propósitos tiene Edelse Navarro Jiménez, director de la Empresa Agroforestal Jibacoa, en las montañas de Villa Clara. El primero, sustituir importaciones con el café y el segundo, no menos importante, cumplir con el programa de autoabastecimiento que asegure las 30 libras de viandas y los 5 kg de proteínas per cápita.

Edelse Navarro, director de la Empresa Agroforestal de Jibacoa.
Edelse Navarro Jiménez, director de la Empresa Agroforestal Jibacoa: «El café en Jibacoa se recupera y tenemos el 90 % de nuestras plantaciones selladas». (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Aspiraciones cumplidas en parte, pues cada año incrementan la exportación de café arábica, que comercializan con el nombre de  Crystal Mountain, de una altísima calidad y muy cotizado en el mercado internacional; en especial, el japonés, y además aseguran las 30 libras mensuales de productos agropecuarios por habitante.

«A pesar de la sequía estimamos obtener más de 150 toneladas, un 10 % superior a la cosecha del año anterior. La mayoría de nuestros cafetales son atendidos por el sector cooperativo campesino y más del 90 % de las plantaciones están selladas».

Intercalamiento de cultivos en Jibacoa.
Intercalamiento de productos, una necesidad de la agricultura villaclareña (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Navarro Jiménez, al abundar en las razones de la alta cotización internacional del café de Jibacoa, reconoce que influye de manera positiva la altura sobre el nivel del mar, las atenciones culturales a los cafetos y la existencia de un banco de semillas que sobrepasa las 20 variedades, pues cuentan con la Estación Experimental del Café de una amplia experiencia investigativa.

«Nos dedicamos igualmente a la variedad Lafernó,  grano de un sabor inconfundible y un porciento de acidez muy bajo. De similar manera impulsamos la variedad Robusta, otro arábico de muy buen sabor.

«Nuestro café tiene el aroma de estas montañas».

En la finca El Avispero

Odermis Hernández, campesino productor de Jibacoa.
Odermis prioriza el café, pero diversifica sus producciones (Foto: Ramón Barreras Valdés)

El recorrido por el lomerío escambradeño nos llevó a la finca El Avispero, propiedad de Odermis Hernández Carrandi, campesino de 43 años, acogido al antiguo Decreto Ley 259 y asociado a la cooperativa Reinaldo Urquiza.

Odermis es un buen productor de café, pero también sobresale en la diversificación de los cultivos, pues en sus tierras siembra tomate, col, ají, maíz y plátano.

«Al café le dedico mis mayores esfuerzos, pues se trata de un cultivo que requiere muchas atenciones culturales, y el empleo de la ciencia y la técnica. Soy graduado de técnico en Agronomía y aplico los conocimientos a todo lo que hago. Ahora intercalo productos para alcanzar mayores rendimientos».

Su finca está como a dos kilómetros del poblado de Jibacoa, camino a Topes de Collantes, y sus producciones las comercializa a través de la Empresa Agroforestal.

En la actualidad, Odermis tiene tres hectáreas de café en producción y otras cinco en fase de crecimiento; con un promedio de 5000 matas por hectárea. Aspira a recoger una tonelada de café por hectárea para la cosecha de 2021.

«La tierra nos lo da todo, lo que hay es que trabajarla», fueron sus palaras de despedida.

En la placita de Jibacoa

Mercado agropecuario en Jibacoa, Manicaragua.
Una de las placitas mejor surtidas de Villa Clara (Foto: Narciso Fernández Ramírez)

De regreso, nos detuvimos en la placita del pintoresco poblado de Jibacoa. Estaba excelentemente surtida con plátano, ají, mamey, fruta bomba, calabaza, yuca y hasta chirimoya, fruta tropical que de tan escasa, es casi exótica.

Al costado de la placita estaban dos arrias de mulos descargando plátanos de fruta, esos plátanos típicos de la loma y de sabor indiscutible. Una de las arrias provenía de la zona de Luis Lara y el dueño de la mercancía era el campesino Yosbel Yanes Rodríguez, de la finca Malibrán, en pleno lomerío y distante a unos diez kilómetros.

Mulos transportan mercancías hasta la placita de Jibacoa.
Los mulos son insustituibles en el lomerío escambradeño (Foto: Narciso Fernández Ramírez)

«Aquí no nos falta la comida», dijo uno de los pobladores. Y es cierto, Jibacoa es uno de los pocos lugares de Villa Clara donde se garantiza el per cápita mensual de viandas y vegetales, y ahora se enfrascan en los módulos pecuarios, en busca de los 5 kilogramos de proteínas por habitante.

Al alejarnos del lomerío manicaragüense, nos queda la nostalgia de abandonar un lugar paradisíaco, y lleno de gente buena y laboriosa. 

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