Guerreras en la retaguardia

Federadas del reparto Minerva, en el consejo popular Camacho-Libertad de Santa Clara, potencian la agricultura familiar para apoyar la producción de alimentos.

La trabajadora y socia de la CPA Ciro Redondo, consciente del difícil momento en que urge producir alimentos, también hace sus contribuciones al barrio en compañía de su nieta Anabel y esposo Jesús. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
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Las federadas del reparto Minerva, en el consejo popular Camacho-Libertad de Santa Clara, hacen suyos los atributos de la diosa romana, cuyo nombre identifica la barriada, al poner patios y parcelas a disposición de la agricultura familiar en tiempos de la COVID-19.

Mileidi Fiallo Rodríguez forma parte de las guerreras que en la Delegación 3 de la FMC, del Bloque 132 Celia Sánchez Manduley, en la zona de los edificios biplanta, acogió esta iniciativa junto a otras 20 féminas.

Relata la especialista de la Empresa de Tec­no­logías de Informática y Automática de Villa Clara —quien practica el trabajo a distancia para cumplir con el aislamiento social—, que ante el llamado de la FMC emprendió la siembra de boniato en el jardín de su casa, con la ayuda de su esposo Lázaro Anoceto Machado.

Con la ayuda de su hija Erika y esposo Lázaro, Mileidi fomenta la cría de conejos y gallinas para aportar proteínas a la familia y vecinos enfermos. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

La inquieta mujer se dedica, además, a la cría de conejos y gallinas en el patio de su vivienda, para aportar proteínas a la familia y enfermos, como lo hace con sus vecinas Lourdes y Carmen.

Refiere que la distribución de las tareas hogareñas con su conyugue y Erika, su hija, le permite ocuparse de otras tareas.

«En momentos que reclaman juntar esfuerzos para enfrentar la epidemia, la secretaria del Bloque de la FMC, Osmara Cañizares Mena, me pidió apoyar la confección de nasobucos para el Taller Confort de Viclar.

«Sin experiencia alguna, ensarté mi máquina Singer y empecé a componer los protectores. Mi hija, a la espera de la reanudación del curso escolar, se sumó a la tarea, y tuve que pedir prestada una máquina de coser.

«Mucho tiempo dedicamos a esta tarea hasta altas horas de la noche. Siempre pensaba en los valientes de hospitales y centros de aislamiento, para los cuales estaban dirigidos, y apresuraba la costura. En total fueron 160, pero si nos envían otros lotes, estamos en condiciones de continuar».

Ante la urgencia de confeccionar nasobucos, la federada Mileidi aportó 161 unidades al Taller Confort de Viclar, dispuesta a asumir otros encargos. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Relata Osmara que aquí todas las mujeres han convertido los patios en acogedores lugares, donde abundan los frutales y crecen hortalizas, plantas medicinales y ornamentales.

Otra de las experiencias que abundan en esta barriada la encontré en la casa de Violeta Pérez Hernández, trabajadora de la residencia estudiantil de la sede pedagógica Félix Varela y socia de la CPA Ciro Redondo, quien a sus 70 años todavía se niega a jubilarse.

En vísperas del Día de las Madres, Violeta añora la jornada dominical del 2019. Esa vez compartió el especial momento con sus nietas Ana Mary —la doctora internacionalista que ahora contiene la COVID-19 en el Politécnico de la Salud, devenido centro de aislamiento—, y Anabel, la adolescente que la cuida y mima.

Sin embargo, sabe de la importancia de permanecer en casa, confiada en que las alegrías del segundo domingo de mayo volverán cuando cese la epidemia.

Mientras llega ese momento, en el reparto Minerva, mujeres convertidas en guerreras potencian la agricultura familiar, en tiempos que convocan a la solidaridad entre vecinos.

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    Bien hecho