Sin detener la marcha

En la serranía villaclareña, en Manicaragua, las labores de recuperación luego del paso de la tormenta tropical «Laura» continúan con el esfuerzo de brigadas especializadas y el concurso de vecinos de las comunidades.  

Brigadas de linieros laboran en el restablecimiento del servicio eléctrico en zonas montañosas de Manicaragua, tras la tormenta tropical Laura.
Brigadas de linieros de Manicaragua y Santa Clara ejecutan el desbroce de malezas y la reinstalación de conexiones dañadas por el azote de los vientos y el derribo de árboles sobre el tendido. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
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Cañón abajo y cañón arriba del camino. Hubo, de un lado a otro, desde la cuesta que va del nacimiento del valle de Jibacoa a Guanayara, un continuo soplo de viento. Nunca antes ráfagas de ese tipo dañaron con marcada saña las viviendas de esa parte de la serranía.

Era media mañana del pasado lunes 24 de agosto, y algunos techos, de fibrocemento y zinc, se desprendieron de las vigas de madera. Todo sucedió como un relámpago, sin que mediaran persistentes lluvias provocadas por un fenómeno meteorológico único.

Vivienda dañada por la tormenta tropical Laura en la zona montañosa de Manicaragua, Villa Clara, Cuba.
Los perjuicios mayores en las construcciones ocurrieron en las cubiertas de las viviendas. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Así lo describió Yudeisi Aguirre Turiño, una mujer que, junto a sus dos hijas y otros vecinos, estuvo resguardada en una escuela próxima. La saliva se le secó en la boca y hasta percibió un amargo sabor, cuando vio que tensores y sacos de tierra colocados en la cubierta de los inmuebles no aguantaban la  ventolera.

La mujer, trabajadora del seminternado de primaria Mártires de Chile, lleva siete años residiendo en el lugar afectado otras veces por inundaciones y ciclones, pero no como lo observado con «Laura», la tormenta tropical en tránsito por las montañas de Manicaragua, al sur.

Convencida está la lugareña, al igual que otros damnificados de la región, que no quedará desprotegida. Con el concurso de amistades y vecinos, y el apoyo estatal, techará nuevamente la vivienda y la dejará más confortable y bonita que antes.

Escuela Mártires de Chile, en Jibacoa, dañada por el azote de la tormenta tropical Laura en las montañas de Manicaragua, Villa Clara.
En zonas rurales del municipio nueve escuelas sufrieron daños, y los aseguramientos materiales están asignados para una rápida rehabilitación y el comienzo del curso escolar de acuerdo con lo planificado en este municipio. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
Niña ayuda a recuperar material de estudio en la escuela Mártires de Chile, en Jibacoa, dañada por la tormenta tropical Laura.
(Foto: Ramón Barreras Valdés)

«Estamos bien, y eso es lo que importa», atinó a decir después de contar cómo transcurrieron las horas posteriores al desastre. Otros por allí también perdieron las cubiertas, casi siempre ligeras, de sus hogares. Las pertenencias materiales y ropas sufrieron a causa de las precipitaciones. Obvio, ya en muchas de las 50 viviendas del municipio con daños perceptibles, según reportes preliminares,  se recuperan las averías y reordenan sus respectivas encomiendas diarias, al tiempo que los moradores vuelven a una aparente normalidad sin desatender las medidas higiénico-sanitarias para contener los efectos nocivos de la pandemia de la COVID-19, que desde marzo último azota a los cubanos.

No pocos protegieron el lugar donde se está más a gusto y se permanece por tiempo indefinido, el hogar, para tratar de conservarlo íntegro frente a la furia de la naturaleza. Contrasta que en instalaciones  sociales y económicas del lomerío no existió similar precaución con los recursos estatales.  Durante un recorrido el martes por zonas del Plan Turquino, en el más montañoso de los municipios villaclareños, resultó notable ese tipo de controversia entre el cuidado de la propiedad familiar y la colectiva.

En escuelas primarias, aunque ahora se echa a mano el concurso de maestros, padres y estudiantes para solucionar las averías y pérdidas, por humedad, de material docente, es evidente que se debió tomar en cuenta  las disposiciones oportunas que emitió el Consejo de Defensa Provincial al decretarse la fase de alarma ciclónica.

Combinado de Pan y Dulce en Jibacoa, Manicaragua, dañado por la tormenta tropical Laura.
La temporada ciclónica transita por su etapa más intensa, por lo que centros como el Combinado de Pan y Dulce de Jibacoa deberán adoptar las medidas de protección ante eventos meteorológicos. (Foto:  Ramón Barreras Valdés)

En la CCS Santiago Riechi Florín, cercana a la otrora Villa Olímpica, no existían razones para conservar una casa de cultivo tapado con su respectivo cobertor, como si nada se viniera encima. Igual ocurrió con las cubiertas sin proteger como se recomienda, en el Círculo Social y el Combinado de Pan y Dulces de Jibacoa. En ambos casos Yudí Rodríguez Hernández, presidenta del Consejo de Defensa Provincial, aleccionó de manera crítica a directivos y trabajadores por descuidar las respectivas responsabilidades en la temporada ciclónica, período durante el cual abundan circunstancias anormales. «Eso no puede repetirse», añadió.

Un país como el nuestro, con una economía asediada desde  el exterior,  siempre deberá estar empeñado en proteger la vida de su población y no puede darse el lujo de dilapidar recursos materiales y hacer ejecuciones constructivas con espíritu chapucero, advirtió Rodríguez Hernández.

Siempre lecciones

Las instalaciones de Salud y la atención médica a la población, como en otras partes del país, constituyen una garantía. En la serranía villaclareña funciona como un cronómetro. En el políclinico docente Enfermera Paula María Pérez Morales se ultiman detalles para recuperarse de las averías que sufrió el techo en áreas de servicios. Ya los recursos materiales están en el lugar, y en menos de 20 días, precisó la Dra. Gretza Sánchez Padrón, directora provincial del sector, habrá una total transformación en esa instalación, un ejemplo entre sus homólogas.

Presidenta del Consejo de Defensa Provincial de Villa Clara recorre policlínico de Jibacoa, en Manicaragua, Cuba.
Yudí Rodríguez Hernández, presidenta del Consejo de Defensa Provincial, en visita al policlínico de Jibacoa evaluó labores de asistencia médica, y encomió el trabajo de mantenimiento que se hará en la instalación, un ejemplo del sector. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

En Picos Blanco, último recinto del trayecto por comunidades del lomerío, en el antiguo hospitalito, el consultorio médico asume todas las responsabilidades de servicios asistenciales a más de 200 habitantes. Nada ocurrió allí con la «aventura azarosa» de la tormenta tropical. No hubo reclamos, y tampoco daños perceptibles en hogares.

Antes conocimos a Tania Dúquez González, en las cercanías de Veguitas. La mujer no olvidará cómo los vientos, con rachas sostenidas de unos 110 km/h, arrancaron de raíz una gruesa albizia que cayó de cuajo sobre la carretera a Jibacoa, lugar en el cual brigadas forestales se personaron para trozar la madera. «Tremendo susto», añadió. La vivienda, por fortuna, no sufrió destrucciones y la familia estaba a buen recaudo en una casa de vecinos. El momento no lo olvidará, como tampoco se ignorará la manera en que una obra de fábrica, alcantarilla construida después del paso del ciclón Irma en septiembre de 2017, ubicada en el puente El Mango, fue destruida con el escurrimiento de las aguas.

En zonas montañosas del macizo Guamuhaya, aseguró Ángel Rodríguez Massip, especialista del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, la tormenta tropical trajo pocas lluvias. En el Hanabanilla  hubo 8 milímetros, así como 71 en Jibacoa y 85 en Guanayara, según cómputos de los pluviómetros. Apenas la presa acumuló 3 millones de metros cúbicos de agua, y con unos 122 millones en existencia está al 42,2 % de capacidad.

Venta de productos agropecuarios en Jibacoa, Villa Clara, tras el azote de la tormenta tropical Laura.
Ningún servicio a la población, a pesar de las medidas higiénico-sanitarias para el enfrentamiento a la pandemia, quedó detenido. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

A partir del mes entrante estiman que aumente la recepción de agua, un líquido vital en la generación eléctrica y abasto a las poblaciones de Cienfuegos y Villa Clara, destacó.

De la montaña, por supuesto, nadie se puede ir sin hablar de los cafetales. En diálogo con Pedro Blanco Méndez, director general de la Empresa Agroforestal de Jibacoa, se precisó que la producción comprometida con la exportación y el consumo nacional —grano oro listo para la comercialización—, no tendrá dificultades en el cumplimiento del año.

Unas 150 toneladas están pactadas. De esa cifra 86 fueron beneficiadas en plantas de despulpe, mientras otras 10 recibirán de siembras en fomento-desarrollo del llano y las restantes, unas 76, serán de la  cosecha de cerezas que  en breve comenzará. Sin embargo, todavía cuantifican las pérdidas en el cultivo del lomerío ante la caída de árboles de sombra. Como siempre, puntualizó el directivo, los caficultores se apretarán los cintos y darán una respuesta afirmativa.

Agobio mayor

Linieros trabajan para restablecer el servicio eléctrico tras el paso de la tormenta tropical Laura.
(Foto: Ramón Barreras Valdés)

La carencia de electricidad impactó con mayor insistencia en zonas de la serranía. El lunes en la tarde, después de decretada la fase de recuperación, brigadas de linieros de la Empresa Eléctrica comenzaron sin descanso a revisar las averías.

De acuerdo con reportes que brindó Bárbaro Bermúdez Ramírez, director de la entidad, se dañaron seis circuitos en redes de distribución, con más de 800 metros de cables echados a tierra por el derribo de árboles frondosos. Las labores especializadas son más difíciles, porque primero «desbrozan malezas para liberar redes», añadió. No obstante, se trabaja sin descanso y no se irán de las respectivas comunidades hasta rehabilitar la electricidad. Ya disponen del concurso de aserradores y constructores, y hasta vecinos. Poco a poco se gana espacio hacia el restablecimiento de las conexiones.

En principio más de 13 270 clientes del municipio sufrieron los estragos de la pérdida de «luz», pero a esta hora todo va camino a una solución con el esfuerzo titánico de los eléctricos y la debida comprensión de la población afectada que, como en otros tiempos, también coopera para que la vida sea más armoniosa entre todos. 

Se han publicado 1 comentario

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  • Rafaelito

    Tengo una pregunta que me gustaría que me respondieran, en la foto de la escuela afectada, me parece ver que el techo es de fibrocem, si es así, es una gran irresponsabilidad tener a niños metidos debajo de un material que hace mas de 30 años es sabido que es altamente cancerígeno.