Un maestro oculto

Se interesó por la Informática, estudió obrero calificado en Albañilería, pero encontró su razón de ser en la formación pedagógica. Esta es la historia de José Ángel Frómeta.

José Ángel Frómeta Morales, estudiante de Formación Pedagógica en el Instituto Politécnico Lázaro Cárdenas. (Foto: Mónica Sardiña Molina)
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José Ángel Frómeta Morales no se supo maestro hasta que lo «picó el bichito» de la pedagogía. Al terminar el 9.º grado, aspiraba a la especialidad de Informática, pero el promedio le cerró el paso. Llegó por primera vez al Instituto Politécnico Lázaro Cárdenas del Río, en Santa Clara, para formarse como técnico medio en Secretariado, que luego lo rechazó.

«Le dije a mi mamá: “No te preocupes, que yo voy a seguir estudiando”. Después de cerrada la matrícula en todas las especialidades de la escuela, me aferré a la última opción: obrero calificado en Albañilería.

«Los profesores insistieron para que continuara superándome y fue así como regresé a la escuela, para cursar la especialidad de Formación Pedagógica en Construcción Civil».

Aunque Frómeta (como lo conocen todos) no ha terminado el cuarto año de la carrera, estudiantes y docentes lo tratan como un profesor más. Integra el Contingente Pedagógico del Instituto, se desempeña como alumno ayudante y contribuye con la docencia de varias asignaturas técnicas.

«En primer año no entendía bien de qué va la formación pedagógica, pero poco a poco le cogí el ritmo y me enamoré de la profesión. A veces ni mi mamá entiende por qué paso tanto tiempo aquí. Es que me gusta lo que hago, la amistad con mis compañeros y con los profesores, y me motiva dar clases.

«Durante los meses de restricción de movimiento por la COVID-19 casi me vuelvo loco —confiesa sonriente—. Fíjese, que me dediqué a adecuar la dosificación de la asignatura que estaba impartiendo, para tenerlo todo listo cuando regresara».

Asumir, simultáneamente, los roles de estudiante y profesor resulta difícil para cualquiera. Mucho más para un joven de 20 años, que lidia los conflictos de otros adolescentes casi de su misma edad. Frómeta se lanza con madurez y profesionalidad al desafío de motivarlos a culminar la carrera.

«Siempre comienzo con mi historia: les cuento cómo llegué hasta aquí y los privilegios de la formación de maestros. Les pido que no rechacen la oportunidad».

¡Claro que José Ángel sueña! Su aspiración inmediata consiste en sumarse al claustro del «Lázaro Cárdenas», y a largo plazo se proyecta entrar a la Universidad para cursar una licenciatura o graduarse de ingeniero civil. Sueños que guardan la voluntad de superación de un joven sencillo, empeñado en construir su propio futuro. Y si puede dejar alguna enseñanza en el camino, ¡mejor!

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