Los temores de Katia

Pese a los dos ingresos hospitalarios, ningún temor fue mayor que la posibilidad de haber contagiado a su madre y a su hija.

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Veinte de noviembre de 2020. Solo de pensar en la fecha, los ojos verdes de Katia García Gómez se tornan grises. Aquel viernes aparentemente común en la oficina comercial de Etecsa de Manicaragua, le vendió una línea telefónica a un cliente recién llegado del exterior, y recibió como propina una de las mayores angustias de su vida.

Katia García Gómez, paciente de Manicaragua recuperada de la COVID-19.
Con la autoridad de una sobreviviente, Katia García Gómez no duda en contar su historia a quienes le preguntan, y recomienda el cumplimiento de todas las medidas higiénicas posibles. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

«Esta persona salió positiva al nuevo coronavirus el día 25 y no había cumplido el aislamiento en casa. Inmediatamente les dije a las autoridades de Higiene que fui yo quien lo había atendido. En aquel momento, mi niña de 15 años tenía catarro y fuimos llevadas las dos al Hospital Militar de Santa Clara, donde recibimos tratamientos con azitromicina y antirretrovirales durante cuatro días».

Luego del resultado negativo del PCR, madre e hija volvieron a Manicaragua, agradecidas de las atenciones médicas y convencidas de que la COVID-19 solo las había rozado. Sin embargo, el diagnóstico positivo de una niña con quien compartieron el taxi en el viaje de regreso trajo la incertidumbre de un tercer examen. «Mi único síntoma fue un mareo muy grande, que nunca había sentido; pero no le di importancia, porque ya estaba negativa».

Solo Katia sabe cuánto pasó por su mente el 5 de diciembre a las 4:00 a.m., cuando le confirmaron que se encontraba enferma e ingresaría de nuevo en el Hospital Militar Comandante Manuel Fajardo Rivero, donde se comprobó que su fuente de infección fue la persona que atendió en Etecsa, no la niña del taxi.

Estuvo hospitalizada hasta el 13 de diciembre. Hablar sobre estos siete días le quiebra la voz y le nubla la mirada.

«Son momentos muy duros, porque estás sola… porque te acuerdas de tu familia… porque cada vez que oyes el pito de una ambulancia sabes que llegan más y más. Yo entré sola en aquella sala, y en el transcurso de la noche se llenaron 18 camas.

«Tenía miedo, sobre todo, de haber contagiado a mi mamá o a mi niña. Aquí en la casa, ellas haciéndose PCR, y yo allá esperando sus resultados. Todas las personas que estaban conmigo sufrían más por el contagio de sus familiares que por ellas mismas».

A la fatiga y el decaimiento propios del virus, se suman los efectos de los tratamientos agresivos: diez pastillas diarias, una inyección de HeberFERON en días alternos y heparina sódica cada 12 horas.

«Me llevé el teléfono para mantener comunicación directa con mi familia, aunque tenía días que no podía hablar. A veces esperaba hasta la madrugada, cuando me recuperaba de la fatiga, los mareos y los vómitos que provocan las inyecciones. Otras veces quería escucharlos, pero por no llorar y transmitirles lo mal que me sentía, evitaba hablarles.

«Ha sido una de las cosas más duras que me han tocado vivir, y a la misma vez me siento dichosa de haber vencido. Los médicos dan mucho ánimo para luchar contra el virus. No les ves la cara, porque ellos tienen que cuidarse; pero se preocupan por ti, te explican que tienes que comer, te transmiten confianza. Ellos también tienen familia y, sin embargo, están allí, arriesgando su vida para atender a cada paciente».

Katia García Gómez, paciente de Manicaragua recuperada de la COVID-19, y su hija..
Katia añora el cariño de su hija y la cercanía que ambas disfrutaban antes de la pandemia, pero el instinto maternal de protección la mantiene a distancia. (Foto tomada de su perfil de Facebook)

Aunque el virus quedó en el pasado de Katia, aún lucha contra las secuelas: dolor de cabeza, cansancio, caída del pelo, falta de aire momentánea y un miedo tremendo a volverse a infectar. Consulta en internet los estudios de especialistas internacionales y pregunta a otros convalecientes para dominar con optimismo los rezagos de la enfermedad en su cuerpo.

Con disciplina férrea asume los nuevos modos de vida y ninguna medida de protección le parece exagerada. «Usamos siempre los nasobucos, no permitimos que las visitas entren en la casa, y cuando llegamos de la calle, dejamos los zapatos fuera y lavamos bien la ropa.

«Atiendo con el mismo amor a cada persona que llega a Etecsa, pero le transmito la necesidad de cuidarnos. En la oficina desinfectamos los teléfonos de los clientes antes de tocarlos y manipulamos el dinero con sumo cuidado, porque nunca sabemos a manos de quién fue a parar. Tenemos que protegerlos a ellos y a nosotros.

«Hoy las personas no saben el riesgo tan grande que corren, y a cualquiera le puede tocar. Aunque los cubanos somos muy sociables, debemos cambiar la mentalidad, porque todos tenemos un abuelito, un niño, alguien con padecimientos crónicos, y duele mucho contagiarlos. Les pido que se queden en casa, que tomen conciencia y tengan calma. Esto va a pasar, pero depende de todos».

Desde el 5 de diciembre, Katia puso los besos en pausa. Aprendió a querer desde la distancia y encontró nuevas maneras de dar amor a su familia. «Ya llegará el momento de abrazar a mi niña, de besar a mi mamá y a mis abuelitos. Por ahora, tengo que cuidarlos».

Se han publicado 10 comentarios

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  • Ernesto

    Aquí tienen todos los irresponsables, otro testimonio más del mal momento que representa estar infectado con el virus, aunque de todas formas nadie escarmienta por cabeza ajena.

  • Yasmani

    Gracias mi amiga por contarnos tu experiencia, muy triste y conmovedora. Espero que puedas recuperarte totalmente y que puedas volver a compartir con tu familia todos esos momentos agradables otra vez. Pero también gracias por los consejos, y es la verdad si nosotros no nos cuidamos, entonces no estamos cuidando a nuestros seres más queridos, esta experiencia nos enseña una vez más que no debemos descuidarnos ni un segundo, debemos estar siempre en vigilancia. Gracias otra vez y cuidate mucho

  • José Alberto Roche Acosta

    Para esa familia mucha salud y que se recupere, gracias por transmitir su amarga vivencia, para que sirva de ejemplo de la necesidad de cuidarse .

  • Carmita

    Gracias por compartir su historia, algo similar sucedió conmigo, fue positiva de covid y pase esas mismas angustias, me cuidé mucho pero nunca sabes dónde puede estar y todo parece indicar que fue por un documento que adquirí, afortunadamente no lo trasmiti a nadie, ni mis hijas, ni los subordinados, pero tengo miedo hasta de salir de casa, gracias por su historia, hay que cuidarse por nosotros y por la familia. Gracias a los médicos del hospital militar que con sus desvelos nos cuidan.

  • Yunior

    Excelente trabajo periodístico, mis felicitaciones.

  • RAMON L GOMEZ MORALES

    Este comentario Katya García Gómez deberían publicarse en los medios, con casos que podrían estar de acuerdo ser publicados, y en forma frecuente para que las personas que piensan, que no les va a tocar, reaccionen en forma positiva inmediata.

  • yuneisy

    Este articulo caló profundo en mi...aun asi me enfurece como hay personas sin el nasobuco puesto,q se lo quitan para estornudar o hablar con alguien,q tristeza y q impotencia porque no les importa nada.Gracias x este articulo.

  • Ramón

    Katia, gracias por tus vivencias. Son muchos los que deben leerlas para que interioricen lo que tu vivietes. Estoy seguro que la vida te compensará y volveras a ser la misma. Solo los que queremos a nuestras familias sentimos eso. Hoy estoy más seguro que nunca de lo que sognifica la palabra MÉDICO, ellos te salvan la vida. Es lo más sagrado que hay, además de la de EDUCADOR. Ellos te preparan para la vida. Te deseo mucha salud en unión de tu hermosa niña.
    Saludos,
    Ramón

    • Marien

      Si Katia,trankila, volverás a ser la d antes,y vivirás lo más bello q pueda existir,la compañía y unión d la familia, y todo ,gracias a ls guerreros d la medicina,dios bendiga a ellos,a ti,y a los tuyos.

  • vivian

    Te entiendo perfectamente. Yo tambien fui Paciente Covid y es asi como dices, el sufrimiento es doble por lo que representa el tratamiento y por la preocupacion de la familia que dejamos en casa y el miedo de haberlos contagiado. En mi caso pensaba mucho en mi papa que tiene 87 años y en mi esposo que tiene otras enfermedades asociadas y me moria del miedo cada vez que me decian que alguien mas se habia infestado de mi centro laboral y pensaba Ay...estan al caer los mios y eso es terrible, no se lo deseo a nadie...fueron dias muy tristes y al igual que tu todavia siento los malestares pero doy gracias a Dios, a los Medicos y a la vida por una oportunidad mas de ahi la importancia de que todos se cuiden y nos cuiden para no tener que volver a vivir esa experiencia tan desagradable