UCLV: Orgullo en siglas

En nuestra provincia, las elevadas cifras en lo referido al coronavirus no han faltado. Ante el complejo panorama, principalmente en el municipio de Santa Clara, la Dirección Municipal de Salud solicitó apoyo a la UCLV, y el «Sí» ha sido rotundo.

Los ucelevianos han sido acreedores del reconocimiento de la comunidad universitaria por su desempeño en los hospitales de campaña de la institución.
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Corría el mes de julio cuando me preguntaron por primera vez si quería ser voluntaria en el hospital de campaña de la UCLV ubicado en la sede de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Félix Varela. «Sí», respondí, incluso, antes de ponerme a pensar cómo lo diría en mi casa. Recuerdo que caminé hasta la puerta y simplemente lo dejé caer.

Por un lado, estaba mi mamá con sus nervios y preocupaciones, y por el otro yo, que todavía no me decidía. Con la maleta hecha y esperando la llamada de que venían a buscarme, llegó la noticia: Villa Clara llevaba días sin registrar casos de pacientes positivos al coronavirus, y no sería necesaria la incorporación de nuevos voluntarios al centro de aislamiento. Respiré sosegada.

Desde entonces, me mantengo en contacto con mis amigos, los que estuvieron y están hasta el día de hoy en la línea de batalla. Aquellos que, desde hace casi un año, me cuentan sus experiencias y temores en medio del encierro, y ya han sido voluntarios tres veces. Y yo, del otro lado del teléfono, orgullosa y espantada al mismo tiempo, solo puedo pensar en la valía de los jóvenes universitarios de toda Cuba, porque presumir únicamente de los de mi universidad sería poner frenos que el corazón no necesita.

En todo momento se han mostrado dispuestos a asumir las tareas necesarias.

Nelson Daniel Olea García, recién graduado de Cultura Física, me comenta cómo es el día a día allí: «Tenemos mucho trabajo. No hay descanso desde las 6:00 a.m. La colocación de los medios de protección es uno de los momentos más importantes de la rutina, hay que ser extremadamente cuidadosos. No se trata solo de si te contagias o no, sino de que puedes infectar a alguien más de los que están ahí contigo ayudando. Ese es mi mayor miedo todo el tiempo».

Escucho sus audios vía wasap y me digo a mí misma que los comprendo. Busco las similitudes en el discurso. «En mi caso, me incorporé junto a otros 15 jóvenes, tanto estudiantes como profesores. Los 14 días que dura el voluntariado nos organizamos para que cada área funcione adecuadamente. Mi tarea específica consistió en limpiar los cuartos de los pacientes. Era muy difícil, no sabes quién tiene el virus; pero estás allí, tenía que estar allí, porque era lo que me tocaba en ese momento.

«Me cambió la vida, cambió mi pensamiento, entendí la dimensión verdadera del riesgo. Todos los días veía a personas que lucían bien, sin síntomas, y de repente llegaban los resultados y eran positivos. Después de cruzar la línea roja, salir a la calle no vuelve a ser lo mismo», explicó Caridad Pineda Corona, estudiante de Logopedia.

Estos jóvenes no solo han renunciado a la tranquilidad de estar a salvo en sus hogares, sino que han traspasado las barreras de la voluntad y su actitud los coloca a la altura de los tiempos que corren. Cristian Alejandro Acosta Hirola, presidente de la FEU en la UCLV, lo ratifica mientras expresa su gratitud: «Son unos valientes. La mayoría de ellos ya lo hizo anteriormente; desde que se abrió el primer hospital de campaña dieron el paso al frente. No lo pensaron dos veces cuando recibieron el llamado de la FEU, la UJC, el Ministerio de Educación Superior; pero, sobre todo, del pueblo cubano, que necesita de ellos».

La casa de altos estudios ha reconocido la labor de alumnos y docentes cuya entrega y compromiso no podrían describirse con otra palabra que no sea ejemplar. En una de esas ocasiones, la Dra. C. Osana Molerio Pérez, rectora de la institución, expresó en la CMHW:

«Seguimos cumpliendo nuestro encargo social, y somos protagonistas en la batalla contra la COVID-19; de ahí nuestro reconocimiento público a jóvenes estudiantes y profesores que han dado una respuesta increíble, altruista, con disciplina y amor, lo que dice mucho de la calidad humana que caracteriza a nuestra universidad».

Actualmente, funciona el hospital de campaña en la «Félix Varela», otro en el bloque U-1 de la sede central, el edificio de aislamiento institucional en «Los Sauces» —allí cumplen su aislamiento y esperan los resultados del PCR todos los voluntarios—, y se prepara el edificio 900, con 400 capacidades, donde otros 35 jóvenes se presentarán como voluntarios y respaldarán las labores sanitarias correspondientes.

«Es una experiencia que engrandece. He sido un cubano más y he hecho lo que he podido en el momento que me ha tocado. Esta es mi segunda vez en la línea roja, y estaría dispuesto a repetir. Me siento comprometido con mi país, y si me necesitan, sin duda podrán contar conmigo. Seré maestro, y esta etapa de mi vida es de las que más han tributado a mi formación», cuenta Yoanny Hernández Mederos, estudiante de Marxismo-Leninismo e Historia.

Muchos de los voluntarios han repetido la experiencia hasta tres veces, y se han declarado «Reincidentes por la vida».

Se me hace imposible escribir de este tema sin hacerme eco del inmenso orgullo que siento por haber estudiado en la UCLV, sin mostrarme agradecida con mis compañeros de la FEU, con mis profesores y amigos. Sigo recordando aquella vez en la que casi me convierto en una de ellos.

Días después del primer llamado me volvieron a convocar. Luego de tantos meses encerrada en la casa, la sensación de angustia e inutilidad era insoportable, y lo tuve mucho más claro cuando di el segundo «sí». La posibilidad de terminar mi trabajo de diploma en un centro de aislamiento, y la incertidumbre por no tener una fecha clara para la graduación eran mis únicos frenos. Esa vez tampoco fui al hospital de campaña. Fruto de mi irresponsabilidad tuve que permanecer aislada como contacto de un caso positivo. En ese momento sentí mucha vergüenza, pues tuve que llamar para explicar por qué no podía incorporarme.

Por eso, cuando escucho hablar a los tan reiterados valientes (y es que no hay en el diccionario otra palabra que pueda encerrar lo que quiero decir), cuando se conmueven y escucho su voz agrietada del otro lado del teléfono, las siglas UCLV no alcanzan para expresar el orgullo que me embarga. Pienso en Caridad, y en lo último que me contó:

«Te cuidas muchísimo más, lo vives muchísimo más. Es algo inolvidable, y si la universidad y la provincia necesitan mi ayuda, lo volvería a hacer cuantas veces haga falta. Algunas personas nos preguntaban que cuánto nos pagaban por nuestro trabajo, porque para muchos la palabra “voluntario” no es suficientemente creíble. Pero estar allí, a cambio de nada, a nivel personal tiene un valor inmenso».

Se han publicado 1 comentario

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  • yud

    Que orgullo, yo también fui universitaria, y tuve mis momentos. También di mi paso al frente, en la revolución energética, y en otras tareas de la FEU. Felicitaciones!!. Al leer este artículo me emocioné y me sentí parte de ustedes.