Quijotes en la zona roja

Por segunda ocasión el Hospital Oncológico Universitario Celestino Hernández Robau, de Santa Clara, combate en sus predios la COVID-19, sin descuidar su razón de ser.

Equipo médico que labora en la zona roja del hospital Celestino Hernández Robau, de Santa Clara.
Un equipo de valientes, entre los que se encuentran la enfermera Sindia Orozco, jefa supervisora (al centro), y la cardióloga Marta Borroto, acompaña a Marcos en la imperiosa misión de salvar vidas. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
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El permanente ir y venir de médicos, enfermeras y personal de apoyo en el Hospital Oncológico Universitario Celestino Hernández Robau, de Santa Clara, resulta la rutina permanente de esa institución desde el pasado mes de enero, cuando cambió el día a día y nuevamente debieron dedicarse al cuidado y atención de enfermos de la COVID-19 y sospechosos de alto riesgo, todo ello sin dejar de ofrecer los servicios de Oncología.

Para conocer las interioridades del también conocido como Hospital Viejo, conversamos con  el Dr. Manuel Toboso Alcántara, director desde hace tres años del centro hospitalario:

«Desde que en marzo del 2020 se detectaron en la provincia los primeros casos contagiados con el virus, dividimos la institución en dos partes, a fin de continuar la prestación de los servicios de Oncología y, a la par, atender a enfermos con la COVID-19».

Doctor Manuel Toboso Alcántara, director del hospital Celestino Hernández Robau, de Santa Clara.
El «Celestino Hernández» no ha descuidado su razón de ser, al garantizar la atención de pacientes oncológicos, refiere su director, el Dr. Manuel Toboso Alcántara. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

El directivo recuerda los momentos en que, sin contar con experiencia en los protocolos a seguir, no vacilaron en recibir a pacientes provenientes de Sancti Spíritus, y enfrentaron con valentía el evento de trasmisión local del Hogar de Ancianos 3, de Santa Clara.

«En enero, tras el tercer rebrote del virus en Villa Clara, decidimos dejar un ala del hospital para el ingreso y tratamiento de pacientes oncológicos sometidos a quimioterapia y radioterapia. Por otra parte, habilitamos un salón quirúrgico en el “Arnaldo Milián Castro” para las cirugías de urgencia asociadas a estas patologías».

Toboso Alcántara precisó que realizan la quimioterapia ambulatoria en el Cardiocentro Ernesto Che Guevara, y en momentos de mayor afluencia de personas habilitan otras camas en la Sala 11, para que nadie quede sin recibir su terapia.

Esa institución sanitaria acoge a pacientes no solo de Villa Clara, pues presta servicios de radioterapia a Cienfuegos y Sancti Spíritus, los de braquiterapia (otro tipo de radioterapia) a toda región central, y, en ocasiones, a Camagüey y Holguín.

Asimismo, ofrecen tratamientos de medicina nuclear a pacientes del centro del país, y en momentos de roturas del equipamiento —disponible también en La Habana y Santiago de Cuba—, acogen a enfermos de otras provincias, a través del otorgamiento de turnos vía telefónica.

De igual forma, la institución garantiza el traslado de pacientes desde los municipios hasta la unidad asistencial, y en Santa Clara, debido a la actual situación epidemiológica, fueron habilitados dos ómnibus que recorren la ciudad para facilitar la transportación.

El primero parte del consejo popular José Martí, con paradas en todos los policlínicos, y el segundo realiza el itinerario por la Carretera de Maleza.

Catorce camas de las salas 7 y 8 están destinadas a los adultos mayores enfermos con el nuevo coronavirus, a los cuales los especialistas les brindan un seguimiento diferenciado, y el cuerpo de guardia de urgencias de Oncología recibe eventualmente otras emergencias que son remitidas al «Arnaldo Milián».

En el laboratorio  

En el Laboratorio Clínico del área de Oncología encontré a Amelia Franco Bernia, otra valiente que, con 48 años de experiencia como técnica, mano diestra y trato afable, procede a la extracción de sangre de personas con cáncer, como parte de los exámenes complementarios previos a la quimioterapia.

En el nuevo local adaptado a laboratorio hasta que el hospital retorne a la normalidad, esta mujer le hace frente a la COVID-19 cumpliendo con rigor los protocolos de bioseguridad establecidos, como el uso correcto de la bata, careta y nasobuco, además de contar con soluciones cloradas para evitar la propagación del virus.

Interrogada sobre su permanencia en esta área clave, Amelia habló de la importancia del oficio que realiza, indispensable para que los pacientes continúen su tratamiento, del cual depende su recuperación.

Trabajo en el Laboratorio Clínico del hospital Celestino Hernández Robau, de Santa Clara.
A pesar de su condición de vulnerable, la técnica Amelia Franco Bernia se mantiene en el laboratorio para realizar los análisis complementarios a pacientes sometidos a quimioterapia. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

En el Laboratorio Clínico conversamos con el Dr. Wilfredo Sanabria Calderón, uno de los médicos que en el Hospital Militar Manuel Fajardo enfrentó en marzo del 2020 los primeros casos positivos con el SARS-CoV-2, quien acompañaba a su suegra enferma, Yolanda Aceval Pérez.

Ahora, mientras su esposa, la Dra. Mailín Martínez Acebal, cumple misión en Pakistán como integrante de la brigada Henry Reeve, Wilfredo está al cuidado de Yolanda y de sus hijos, Gabriel y Fabián, sin descuidar su cometido como galeno.

Sobre el adverso escenario epidemiológico que afronta el país, insistió en la necesidad de ser disciplinados y cumplir lo dispuesto por las autoridades sanitarias, el Gobierno y el Partido, para proteger a la familia, en especial, a niños, ancianos y enfermos crónicos, blancos perfectos de la epidemia.

Un graduado valiente

Mientras en el área de Oncología del «Celestino Hernández» el personal médico concentra sus esfuerzos en devolverles la salud a los pacientes, en otro espacio de la instalación se libra la batalla contra la COVID-19.

En el área de filtro sanitario, en la frontera con la zona roja, un joven de 24 años asume una alta responsabilidad como jefe de equipo de la Sala 2 —dedicada a la atención de casos positivos y sospechosos de alto riesgo— y coordinador general del hospital.

Doctor Marcos Antonio Díaz González.
Con 24 años, el joven Dr. Marcos Antonio Díaz González ocupa una alta responsabilidad como jefe de equipo de la Sala 2, dedicada a atender casos positivos de la COVID-19 y sospechosos de alto riesgo.

Se trata del Dr. Marcos Antonio Díaz González, recién graduado de la carrera de Medicina con un compromiso extraordinario en estos tiempos difíciles.

A Marcos tiene un relevante historial, desde que en marzo del 2020 se enfrentó por primera vez a la epidemia en el «Manuel Fajardo», junto al Dr. Jorge Miranda Chaviano, convertido en su tutor.

El residente de primer año de Medicina Interna recuerda cuando el pasado 28 de diciembre una llamada telefónica lo hizo partir de nuevo hacia el Hospital Militar, donde permaneció unos 15 días, para cumplir con su deber.

«Mientras disfrutaba de un período de descanso en mi casa, me vuelven a llamar para que me incorporara al Hospital Viejo, habilitado otra vez para casos con el SARS-CoV-2».

Al indagar por la familia del vecino de San Juan de los Yeras, la mirada de Marcos se torna triste, al pensar en su madre y en la novia, Lidianny Sánchez Chao, la doctora del batey 10 de Octubre, en Ranchuelo, que lo esperan ansiosas y le piden que se cuide.

Marcos habla con orgullo del equipo bajo su tutela, a quienes no quiso dejar de mencionar, y en el cual, entre otros valientes, se encuentran la cardióloga Marta Borroto Anoceto y la secretaria de sala, Maydelis Calero Rivera, la clínico Mayelín, los enfermeros Maikel, Gleydis y Sindia, Yeny, la jefa de enfermeras, y los médicos Luis y Daniel.

Todos, quijotes de estos tiempos, que en franco desafío un verdadero gigante, la COVID-19, se empeñan en ganarle la batalla a la epidemia.

Se han publicado 3 comentarios

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  • Dr. José Luis Aparicio Suárez

    Llegue el reconocimiento al colectivo, junto a la exhortación a cumplir las medidas de bioseguridad y no cejar en el empeño de educar para la salud. Salgamos todos los días a “tomar los signos vitales del enfrentamiento a la COVID-19”; dígase “el pulso” de las acciones de prevención y control; “la frecuencia” (además de la cardiaca, la sistemática…); “la temperatura” de la percepción de riesgo y la disciplina, “la tensión” (además de la arterial, la social, sectorial e institucional) y “la frecuencia respiratoria”, para saber que coherencia y efectividad se respira en el cumplimiento de las medidas sanitarias. El mundo está aún muy lejos de controlar la pandemia y solo tenazmente, con coherencia, ciencia e inteligencia, se podrá avanzar en la prevención y el control de la enfermedad. Cada profesional, trabajador y estudiante del sector, como cada ciudadano, tiene que saber cómo protegerse, tiene que saber hacerlo (y demostrarlo), tiene que saber ser y estar, tanto en su puesto de trabajo o estudio como en su entorno y fuera del mismo. La sensatez es robustez. Mucho más de lo hecho queda por hacer frente a la COVID-19.

    • Chanelis

      Hay q cuidarnos para poder sueguir adelante

    • Chanelis

      Tomar todas.las medidas necesaria